Las insinuaciones de un inminente final con el amenazante último suspiro del mundo a la vuelta de la esquina, es uno de los móviles del recientemente estrenado álbum “Vuelo hacia el final” de los nacionales Weichafe, tras 6 años de silencio discográfico.
Si bien la carrera de Weichafe no se ha caracterizado por una enorme cantidad de discos editados, si se ha caracterizado por la capacidad de reinventarse, buscando nuevos horizontes y consolidando un sonido que se atreve a hurgar y experimentar, pero sin perder consistencia ni menos olvidar su esencia, mal que sí ha aquejado a otras bandas. En el caso de Weichafe, la espera valió la pena.
En estos tiempos, tratar temáticas como el apocalipsis o el desamparo frente a un final que parece inevitable son recurrentes, en especial después de los años en que el mundo fue sometido y se arrodilló ante el covid-19 y las medidas impuestas para combatirlo. La gracia está en el cómo. Por ejemplo, Placebo lo hizo en su último disco y entregó una óptica particular del presente que nos toca vivir. Lo mismo acontece con Weichafe. A través de 9 tracks deambulan por diversos pasajes sonoros plasmando una perspectiva única que los vuelve a consagrar, abordando temas como la relación que hay entre la vida y la muerte, las experiencias humanas en una realidad que, como acotamos, pareciera ir desesperanzada hacia un final que nunca le informará la fecha en que sucederá (esa es parte de la gracia de esto, ¿no?).
Los singles, lanzados en mayo pasado, dan cuenta de esa temática (“Vuelo hacia el final” y “Ponle agua a las flores”), en especial esta última, espesa en el sonido y con una letra bien armada, que, dicho sea de paso, está entre los más destacado del álbum. Otras pistas a las que se le puede prestar atención son “Soy del sur”, “Me verás arder” o “Canción del solitario”, ejemplos de ese deambular sonoro por el que transita Weichafe y que entregan pinceladas de la variedad musical presente a lo largo de todo el álbum.
Otro factor que destaca casi de inmediato al escuchar el disco es cómo se tratan los temas existenciales, esencia pura de todo ser humano y, por ende, de cómo afronta su destino personal y como se para frente al mundo. Las letras están cargadas hacia esa dirección y están tratadas combinando mensajes directos con metáforas y guiños que las enriquecen.
“Alas pa volar”, canción encargada de cerrar los 37 minutos de música, apela a un final tranquilo, un final en calma…“jamás podrás robar mi corazón, este corazón”, canta Ángelo Pierattini. Un mensaje honesto y directo que Weichafe corona con la frase que cierra el álbum: “en mi música está la razón de mi existir”. Una reflexión que se repite poco, pero que es tan cierta cuando se recita con honestidad, otra virtud que vale destacar en los tiempos que corren.
En esta época de la industria, en que la cantidad de bandas, canciones y proyectos que existen es casi infinita, vale resaltar a grupos como Weichafe, grupos que nos hablan desde el escalón de los consagrados, pero que se resisten a dejarse estar, tratando siempre ir un poco más allá en su camino, sin abandonar la búsqueda y entregándonos en cada disco una experiencia gratificante. “Vuelo hacia el final” no es la excepción.
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