3223 (Argentina) : » Es difícil sentirse parte de una escena»
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3223 (Argentina) : » Es difícil sentirse parte de una escena»

3223 (Argentina) : » Es difícil sentirse parte de una escena»

lunes 10 de mayo, 2021

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Escrito por: Lucas Canalda

El trío argentino 3223 presenta Voyage, su nuevo material discográfico publicado mediante el sello Anomalía Ediciones.

Según el comunicado del grupo, el disco está integrado “por siete canciones las cuales trazan un recorrido imaginario por diferentes ciudades y paisajes sonoros, explorando el folklore y la esencia de lugares remotos”.

Voyage fue grabado en la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe) en diciembre de 2020 en los estudios Fructuoso Records Club (FRC) y La Caja. El material cuenta con la producción de Gabriel Schubert (integrante de Forestar), un colaborador ya cercano.

3223 es un proyecto musical orientado al jazz y al rock experimental constituido en 2015 y actualmente integrado por Sebastián Martínez, en pianos y teclados, Tomás Giroud Guillet en bajo eléctrico y Fidel Faletti en batería.

Sus composiciones combinan recursos armónicos del jazz y elementos rítmicos propios del djent y el math rock, con pasajes melódicos idiomáticos del rock de los 70’ y 80’ ligados a la estética nacional. Las texturas en las que se entrelazan melodìas cantables del bajo fretless, complejas líneas de amplio registro del piano y recursos de la batería que distan del discurso convencional, generan climas con gran riqueza musical donde el rol principal de la música varía entre los tres instrumentos. El paisaje musical planteado por los músicos está siempre acompañado por un horizonte teñido de colores tímbricos, dados por pistas que son disparadas y sincronizadas con la interpretación.

Para Voyage la banda decidió incursionar en la realización de piezas de corta duración, enmarcando sus composiciones dentro del formato canción. Esta nueva búsqueda tiene como objetivo el acercamiento a un discurso musical más austero y con más presencia de estructuras temáticas, nunca dejando de lado el delicado y minucioso trabajo, sello identitario de 3223 y su música.

«Nuestros discos anteriores tuvieron como eje central la exploración, y eso nos llevó a deambular por diferentes formas de hacer música en las que todo estaba permitido, fueron el laboratorio. En este nuevo álbum lo que buscamos fue sintetizar todas esas exploraciones técnicas y estéticas, en un lenguaje conciso e intenso; dejamos el laboratorio de lado, y empezamos a aplicar las fórmulas», comparten los integrantes de 3223.

¿Cómo fue el proceso de grabación de Voyage?

Estuvimos trabajando en las canciones de Voyage durante todo el año 2020, el momento de la grabación no fue otra cosa que la concreción de ese proceso, el desenlace natural de la secuencia. La experiencia en el estudio fue muy positiva, estábamos preparados para aprovechar la oportunidad de meternos al estudio y pudimos concretar todo en buen tiempo. Primero grabó Tomi, en Fructuoso Record Club, después Seba, en La Caja y por último Fidel también en FRC.

¿Qué onda trabajar con el Gabi Schubert?

Gabi, que se encargó de la producción y post-producción, nos viene acompañando desde antes de emprender este trabajo, fue el productor y técnico de mezcla de GEO, nuestro anterior material discográfico (Anomalía, 2020). Contar con su oreja y experiencia en esta ocasión fue clave, sus ideas y su visión (artísticas y estéticas) enriquecieron muchísimo a Voyage. Además, trabajar con él siempre es muy cómodo y ameno, y eso también es importante a la hora de llevar adelante un proyecto colectivo. Tanto él como nosotros estamos muy contentos con el resultado.

Ustedes componen un sonido propio con elementos de varias sonoridades. Al manejar tanta data, por momentos la cosa puede ser demasiado. ¿Cómo manejan eso para no abrumarse de elementos?

Creemos que lo más importante al construir el discurso musical es poder expresar con claridad la idea musical que se quiere transmitir. Algunas veces fluye con más naturalidad, mientras que otras veces hay que darle algunas vueltas para lograr el resultado deseado. Trabajamos siempre con partitura a la hora de componer, lo que nos da la posibilidad de pensar en frío y analizar cuidadosamente cada una de las piezas que ponemos en juego. Es decir, vamos midiendo, dosificando y testeando todo en un ambiente controlado antes de llevarlo a la práctica con nuestros instrumentos.

¿Aprendieron a medirse solos?

A la hora de hacer música, uno de los sentimientos que nos guía es el placer por el descubrimiento. Los tres tenemos cierta predisposición hacia lo “rebuscado”, los “puzzles” musicales, aquello que cuesta descifrar y despierta la curiosidad. No nos sentimos abrumados por los elementos musicales que hay que conectar, todo lo contrario, abrazamos la tarea con entusiasmo, y le damos vueltas a las ideas hasta que logramos llegar, cual Arquímides, al “¡Eureka!”.

El contexto es complicado para tocar en vivo. Quedaron pocos lugares, hay restricciones, productoras y managers tienen directa influencia sobre la agenda de recis. ¿Cómo pilotean la manija por tocar y salir a presentar el disco nuevo?

En estos momentos, en los que prima la necesidad de cuidarse, y en los que grupos de la escena under como el nuestro no tiene tantas posibilidades de ocupar los escenarios, la única que nos queda es seguir produciendo. La manija siempre está, pero tratamos de aprovechar cada ocasión para reunirnos (presencial o virtualmente) planificar, ensayar, grabar y comunicar al público todo lo que venimos haciendo. La idea es no frenar. En algún momento seguramente podremos presentar Voyage en vivo, pero por ahora, mientras transcurre la segunda ola, no nos queda otra que esperar e invertir toda la manija en seguir componiendo y creando música.

¿Cómo llega la fotografía panorámica de Valparaíso a la cubierta del disco?

Las fotos las sacó Diego Fraga, guitarrista de Puerto Austral, cuando fue a tocar con la banda a Valparaíso, en el marco de una gira que hicieron por Chile. Cuando comentamos acerca de la idea conceptual del disco, Diego ofreció estas geniales fotos para que usemos como portada, la verdad es que él es quien debe llevarse todo el crédito y los elogios.

En el disco nuevo buscaron sintetizar. ¿Esa decisión la toman de antemano a grabar o es algo que deciden ya estando sobre la marcha?

En nuestro primer LP, Ouróboros (2018), nos centramos en la exploración, lo que nos llevó a deambular por diferentes formas de hacer música, todo estaba permitido. La propuesta para este nuevo disco fue sintetizar todas esas búsquedas en un lenguaje conciso e intenso.
En nuestro caso, por la manera en que pensamos la música, el proceso de la composición lo separamos completamente del proceso de grabación. En otros tipos de música se puede utilizar el estudio como laboratorio y tomar decisiones relacionadas con la composición mientras se está grabando. De todos modos, hay cuestiones de la producción, más ligadas al timbre y al sonido, que terminan definiéndose en la grabación misma, aunque los detalles estructurales que identifican a las canciones ya están completamente definidos.

Algo que siempre entendí del grupo es que nunca quisieron acoplarse a una movida en particular. Podemos relacionar a la banda con diferentes sonidos pero siempre trascendieron todo. ¿Sienten pertenencia a alguna escena en particular?

La verdad es que a nosotros mismos nos cuesta por momentos poder definir el género musical al que pertenece 3223, probablemente solo se pueda pensar como una gran fusión de muchos. Sin dudas hay un componente muy relacionado con el jazz, en lo que tiene que ver con las armonías, Chick Corea y Bill Evans nos inspiran mucho. Aunque en un período embrionario nuestra música nace producto de la improvisación, no la concebimos como los jazzeros, definimos cada nota que tocamos cual compositor de música clásica. Por otro lado, los ritmos y las texturas que utilizamos se pueden relacionar por ejemplo con el Jazz Djent (Tigran Hamasyan y Tosin Abasi) o incluso con el Rock Progresivo de King Crimson o Yes, pero nuestra música no se parece en nada a la de esos grupos. En cuanto a las melodías, sobre todo en Voyage buscamos en general la “cantabilidad”, esa característica que las hace “tarareables” y fáciles de entender, y que se podría relacionar con la música de bandas de rock como Serú Girán, Los abuelos de la nada, Spinetta Jade, y tantos otros grupos que han marcado la escena nacional. Todo esto dentro de un trío de música instrumental.

Con toda esta mixtura sin dudas es difícil “sentirse parte” de una escena. Sin embargo, creemos que dentro de Anomalía hemos encontrado un ámbito en el que, al ser la experimentación es el motor creativo de todos los grupos, podemos integrarnos en el conjunto. Ya dejamos de ser el vecino raro de la cuadra.

El año pasado, entrevistando a las Fin del mundo -sus compañeras de sello Anomalía-, me contaban que la escena math y sus derivados/relacionados tiene un público cautivo en Buenos Aires. Si bien no es algo masivo, hay un público que acompaña y sostiene. ¿Ustedes cómo ven al circuito argentino?

A nivel nacional la escena está bastante dispersa, en muchas provincias del interior se están generando movidas de músicos de diferentes géneros, que crecen y se institucionalizan. Cada vez nos sorprende más la cantidad de expresiones musicales nuevas que suenan en nuestro entorno. Sin embargo, por más intentos que hay de generar una movida Federal, la realidad es que nuestro país sigue teniendo un centro gravitatorio en Buenos Aires, y todas las escenas relacionadas al rock en general están concentradas allí. La escena del del Math y otros géneros relacionados no es la excepción.

¿Qué onda esa movida en Rosario?

Estar haciendo esto en Rosario no siempre es fácil, ahora el público es mucho más receptivo y apoya un montón las movidas disidentes, pero hace unos años no era tan sencillo salir con este tipo de músicas y esperar que te dieran un lugar para tocar. De todas formas, somos conscientes de que, en determinados contextos, la única manera que nos queda a lxs artistas de poder mostrar lo que hacemos es el trabajo colectivo. A finales del año 2019, por ejemplo, nos organizamos junto a otras bandas experimentales de Rosario (Forestar, Cisne, Ultracielo, entre otras), y planificamos una serie de eventos, entre ellos un festival realizado en la Ciudad Universitaria de Rosario que llamamos “El Ruido Exterior”, con el objetivo de visibilizar músicas de nuevos grupos que suelen quedar relegados de la movida musical. El festival tuvo gran éxito y esperamos que, una vez superada la crisis generada por la pandemia, se pueda retomar con este tipo de p

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