Bob Marley, un emblema popular
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Bob Marley, un emblema popular

Bob Marley, un emblema popular

lunes 24 de julio, 2023

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Escrito por: Equipo SO

El legendario artista rastafari Bob Marley,  trascendió mucho más allá de su música. Desde su partida en 1981, se convirtió en un verdadero símbolo de la cultura popular. De Jamaica para el mundo.

En la televisión chilena de hace 40 años atrás, es decir, durante la década del ochenta, podían suceder las cosas más sorprendentes, desde invitados excéntricos hasta personajes casi inalcanzables o también números artísticos y secciones que ahora son impensables ya sea por su calidad o por su ridiculez. Pero pasaban en esa época televisiva casi surrealista. Uno de esos fenómenos fue Don Francisco y sus viajes, en los que recorría y presentaba diversos lugares del mundo desde su particular perspectiva.

Bob Marley murió en 1981, tras una enfermedad que se le diagnosticó en 1977. Sus restos descansan en Jamaica, su tierra natal, y su tumba es uno de los lugares más visitados de la isla. Lo mismo acontece con su casa y otros sitios relacionados con su vida. Ahora bien, ¿qué diablos tiene que ver esto con los viajes de Don Francisco? La respuesta, simple: escarbando para escribir sobre Bob Marley, encontré un registro que da cuenta de una visita del animador a la isla para mostrar la cultura rastafari, la marihuana, las comidas típicas de “origen etíope” y, claro, el legado, importancia y recuerdo de Bob Marley.

Este periplo, post muerte del artista, además de ser un fantástico registro para aquel período, confirma un hecho incuestionable: si hasta Don Francisco viajó a la isla para “mostrar el legado de Bob Marley” significa que Bob Marley es mucho más que un músico. Es un artista, un símbolo, una insignia, una figura que traspasó los límites musicales e incidió con fuerza en otros ámbitos del quehacer social, léase religión o política («la democracia no es más que una dictadura elegida por el pueblo, no nos engañemos», dijo alguna vez). No sólo presentó a Jamaica al planeta y la posicionó en el mapa, sino que representó un movimiento y personificó un modo de vivir. Encarnó una concepción de vida.

Jamaica en la sangre

Robert Nesta Marley nació el 6 de febrero de 1945 en Nine Mile, Jamaica. Según narra la leyenda, su nombre primer nombre era Nesta, pero los nombres fueron invertidos por un funcionario del registro civil (de pasaportes) de Jamaica, porque Nesta era un poco femenino. Como es evidente (y les pasa a muchas figuras públicas), los cuentos y mitos están a la orden del día y llegan hasta este tipo de detalles. De su infancia, se resalta que tuvo poco y nada relación con su padre, primero porque este los visitaba tarde, mal y nunca y segundo, porque murió cuando Marley tenía 10 años.

Gracias a los vericuetos de la vida, el joven Bob comenzó a vivir en la misma casa con su amigo Bunny Wailer y quien más tarde sería parte del grupo The Wailers junto a Marley. Esta convivencia tuvo como resultado que ambos se interesaran con más fuerza en la música y los nuevos ritmos que llegaban a la isla. En ese contexto, un músico de reggae llamado Joe Higgs cobró relevancia ya que apoyó a los jóvenes en sus incursiones musicales y, algo no menor, le enseñó a Marley a tocar guitarra.

La carrera formal de Bob Marley y sus compañeros comienza en 1963. Al año siguiente, lanzaron «Simmer Down”, su primer sencillo y, de inmediato, se comenzó a hablar de ellos porque la canción fue número uno en la isla. Tras vivir algunas temporadas en Estados Unidos y casarse con Rita Anderson, Marley volvió a Jamaica convertido en un artista cultor de la religión rastafari. Hasta el año 1972, Marley y The Wailers vivieron una etapa de experimentación en busca de la tan anhelada consagración.

El punto de inflexión en la discografía del grupo fue la firma de contrato con el sello Island, firma creada en Jamaica por, entre otros, Chris Blackwell. Blackwell fue importante porque desde el comienzo creyó que Bob Marley era mucho más que un músico, viéndolo como alguien que representaba una revolución, alguien que podría romper barreras y trascender mucho más allá de las costas de la isla. Para él, Marley reunía atributos que otros no y esto bastaba para hacerlo único. No quedan dudas que Blackwell le acertó medio a medio.

“Catch a Fire” fue lanzado en 1973 y abrió esta senda. Le siguió “Burnin’” (1974) y el público que los seguía creció. Ese mismo año, The Wailers se disolvió, pero eso no impidió que Bob siguiera usando el mote de “Bob Marley & The Wailers”. El álbum “Live!” de 1975 fue otro hito en su carrera, incluyendo la versión de “No Woman, No Cry”, la que se convirtió en un suceso, el primero de muchos que trascendió a la isla. Luego lanzó el disco “Rastaman Vibration” (1976), trabajo que lo terminó de posicionar en los charts norteamericanos.

Ese año sufrió un atentado atribuido a razones políticas, pero él resultó con heridas leves. En cambio, Rita y el manager Don Taylor, sacaron la peor parte. Este hecho lo remeció y lo motivó a mudarse a Londres, Inglaterra. Durante este “auto exilio” grabó y lanzó dos álbumes fundamentales: “Exodus” (1977) y “Kaya” (1978). Estos trabajos contienen varios de los éxitos más reconocidos de Marley y terminaron de sellar su éxito a nivel planetario. Las giras y presentaciones en vivo eran un show a tablero vuelto y fueron un sello del fenómeno alcanzado por Marley y compañía.

Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas. En 1977 le descubrieron un tipo de melanoma maligno debajo del dedo gordo del pie derecho, noticia devastadora para cualquiera, pero no para Bob Marley. Continuó trabajando con tesón en la elaboración de discos y giras. Esgrimiendo a su religión, Marley se negó a seguir los tratamientos médicos que le recomendaban amputar el dedo, entre otras medidas. Sólo dejó que le extrajeran su uña. Siguió adelante y en 1979 lanzó el LP “Survival” y, sin respiro, editó “Uprising” en 1980. El primero se enfocó en África desde la arista más política; el segundo, en cambio, tuvo tintes más espirituales y religiosos, quizás intuyendo que no le quedaba mucho tiempo en este mundo. «Mi vida es sólo importante si puedo ayudar a muchos, si mi vida es para mí y mi seguridad, entonces no la quiero. Mi vida es para la gente, esa es mi filosofía», dijo en alguna ocasión.

Bob Marley tocó por última vez en vivo en septiembre de 1980, en medio de la ambiciosa gira de promoción de “Uprising”. Para ese tiempo, el cáncer ya era irreversible y se había extendido a otros órganos de su cuerpo. Su última apuesta contra la enfermedad fue someterse a un tratamiento alternativo en Alemania el que, como ya se sabe, no tuvo efecto. Bob Marley murió en Jamaica el 11 de mayo de 1981. Desde ese instante, decir músico se quedó cortó y pasó a ser una leyenda anclada en la cultura popular. «No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta», fue otro de sus tantos mensajes.

Bob del mundo

Su trascendencia se ha mantenido incólume al paso del tiempo. En Jamaica, su espíritu sigue vivo, ya sea en su casa de infancia o en la estatua levantada en su honor en Kingston. Estos fueron dos de los lugares visitados por Don Francisco en su viaje. Su música, su forma de vida, su consumo de marihuana y hasta su afición por el fútbol y el ping pong, son elementos que sostienen un legado que pareciese no tener fin. Por estos días, mediados de 2023, salió a la luz el tráiler de una película sobre Marley, siguiendo el camino iniciado por otras producciones que ahondaron en la vida de personajes como Freddie Mercury, Elton John o James Brown.

En un ataque de originalidad desbocada, la película se titula “Bob Marley: One love” y será estrenada el año 2024. En el citado tráiler se deja entrever un sello bien espiritual del personaje, narrando algunos capítulos de su vida, como el recordado atentado de 1976. Esa faceta espiritual de Marley podría ser la más efectiva para tratar de entenderlo y dimensionarlo y no es ninguna sorpresa que la película intente desarrollar su historia desde esa perspectiva.

Lo cierto es que hay material de sobra para rendirle culto a Bob Marley. Puede ser por medio de una película, un concierto, un disco tributo o lo que sea, pero mientras su música y su mensaje sean el eje central y revelen la esencia del personaje, será mejor. Con un protagonista como Bob Marley osar subirlo al pedestal puede ser un ejercicio casi inútil puesto que él ya está sobre el podio. Se subió hace muchos años, allá por mediados de la década de los setenta, y se ancló definitivamente después de su muerte. «Mi música es para siempre. Quizás puedan decir que soy un iluso, pero mi música es para siempre», reflexionó en vida.

Más allá de su música, Bob Marley está arraigado en la cultura popular. Eso ya lo sabía Don Francisco cuando hizo su viaje. Y si hoy le preguntan a él o a cualquiera, también lo sabría.

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