Hellhammer, el gran asalto del Apocalipsis (II)
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Hellhammer, el gran asalto del Apocalipsis (II)

Hellhammer, el gran asalto del Apocalipsis (II)

viernes 28 de noviembre, 2025

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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

Primera parte del reportaje ACÁ 

En 1983, Hellhammer editó tres cassettes-demo, los cuales marcarían a fuego la ruta del metal subterráneo. Al mismo tiempo, la mala prensa y el rechazo sistemático de los sellos discográficos, terminan cansando a Thomas Gabriel Fischer, un adolescente desadaptado que pasa del entusiasmo inicial a la frustración por la nula aceptación del público y los medios hacia su ‘criatura’. Death Fiend, Triumph of Death y Satanic Rites, todos editados en 1983, quedarían como testimonio de una propuesta que jamás encajó en los estándares de rapidez y virtuosismo que EE..UU. imponía sin contrapeso.

Tal como lo grafica el sitio web Revolver: «Aunque la banda existió durante menos de dos años, la ruda cacofonía de la demo Apocalyptic Raids expresaba a la perfección el furor cáustico del black metal». Y es que dicha placa plantea dos lecturas: la del testamento de una banda que tardaría años y décadas en ser venerada como leyenda, y la de un trabajo que plantaría la semilla de los movimientos más extremos y tenebrosos del metal. Desde ambas, el valor de Apocalyptic Raids es igual de enorme.

Como mencionamos al final de la primera parte de esta nota, Satanic Rites fue más que otro demo de Hellhammer. Es la captura fotográfica de una banda de músicos adolescentes perfeccionando su talento y creatividad, llevando el asunto hacia un nivel impensado respecto a sus inicios poco más de un año antes. Bastaría con apenas 200 copias de dicho registro para ser detectados por el radar del sello alemán Noise -responsable de fichar a Kreator, Helloween, los canadienses de Voivod y a los también suizos Coroner. Por fin, tras varios esfuerzos infructuosos y portazos en la cara, el anhelado contrato para grabar de manera profesional era un hecho.

Grabado en los estudios Caet de Berlín durante los primeros días de marzo de 1984, Apocalyptic Raids documenta la febril creatividad de Thomas Fischer en todo su esplendor, traspasada a una colección de expresividad y oscuridad intratable. Una chispa de creatividad potenciada con un espíritu inconformista que descolocó tanto al ejecutivo del sello de turno como al metalero más avezado. Ni hablar de la sociedad en sí. Una explosión de talento y jerarquía que, pese a la incomprensión de su época, se convirtió en pieza bisagra de la oleada escandinava del black metal durante los ’90s. Y el primer ataque con «The Third of the Storms (Evoked Damnation)», muy en plan Motörhead y Venom pero con una supervisión mucho más cutre, deja en claro que aquí no hay estándar ajeno que valga. Algo similar se puede aplicar en «Massacra», donde la banda no solamente nos refriega en la cara sus principios, sino que refuerza su ideal de odio y devastación con el tratamiento más lo-fi (im)posible. No se confunda aquello con un retroceso respecto a los demos. En realidad, Apocalyptic Raids optimiza la infinidad de ideas y caminos que Hellhammer presentaba en sus demos, dejando en claro que su propósito apunta a la raíz, el impulso primario sobre cualquier convención o preset comercial de afuera.

Si hay una pieza en el repertorio de Hellhammer que nos presenta de cuerpo completo a sus creadores e intérpretes, ninguna lo logra al nivel de «Triumph of Death». Una composición que fue adquiriendo su personalidad en cada ensayo, hasta perfeccionarla en Satanic Rites. Dicha versión es la que más se asemeja a la definitiva en Apocalyptic Raids, la que verá la luz oficialmente en 1984 y expondrá el temple oscuro y drástico que, en palabras del propio Fischer, llevará el rollo de Hellhammer hasta el límite, situándolos en un callejón sin salida. Con todo el desgaste anímico que implica lo anterior, «Triumph of Death» es una muestra de enormidad y trascendencia que Hellhammer logra con lo minimo en recursos y el máximo en un sentido de exploración que le dará a la banda un valor agregado para los amantes del género en su forma más pura. Un caos con gritos enfermizos de agonía y pérdida expelidos desde las vísceras. La tiniebla de Sabbath y la consistencia de Priest fusionados en una pieza cuyos momentos emulan la frustración humana en plena hora final.

Dejamos aparte «Horus / Aggressor», el corte final en la edición original del álbum. Porque si todo el disco fue escrito solamente por Fischer, acá habrá espacio en los créditos para Martin Eric Ain, un bajista nacido en California -sí, al otro lado del Atlántico- que frisaba entonces los 16 años. Y si sumamos el excelente despliegue del baterista Bruce Day, aquello le da a «Horus / Aggressor» un valor especial como el momento más colaborativo de Hellhammer. Una intro marcada por el constante golpe tribal con doble pedal que Day le brinda a los tarros, mientras Thomas Fischer aporrea las cuerdas de su instrumento para esparcir el ruido mugriento que le dará a Hellhammer un nombre maldito. En el flanco del medio, el bajo de Martin Ain, además de solidez, complementa el aire espeso y sofocante que le da a Apocalyptic Raids esa personalidad de disco que hoy muchos invocan y pocos realmente podrían inhalar y exhalar durante más de cinco minutos.

Cabe destacar que en 1990, Noise reeditó el álbum agregándole el sufijo ‘1990 A.D.’ al título. Si la edición original figuraba en su portada un diseño con la muerte sentada en su trono -idea y diseño por el propio Thomas Fischer-, la reedición contaría con una portada distinta, diseñada por el propio Martin Ain e inspirada en el trabajo del ilustrador mexicano José Guadalupe Posada. Lo otro es que su contenido sonoro es el mismo de la edición original, sumando dos bonus tracks: «Revelations of Doom» y «Messiah», ambas publicadas de manera oficial en el compilatorio split Death Metal (1984), el mismo que también reúne a los entonces primigenios Running Wild y Helloween. De los dos cortes nombrados, «Messiah» tendrá un protagonismo especial en los 2000s a través de sus versiones por Sepultura y Napalm Death. No se entiende la importancia de ambas leyendas de la música extrema -y generaciones siguientes- sin la firma de Hellhammer.

Tres semanas después de las sesiones de grabación de Apocalyptic Raids, Thomas Fischer y Martin Ain dejan la banda y será en mayo del mismo año ’84 cuando Hellhammer se disuelve de manera oficial. Dicen que el mismo día que Hellhammer se vuelve historia, empezó un nuevo proyecto, uno más ambicioso y donde las posibilidades planteadas por Hellhammer, esta vez adquiriendo un matiz superlativo. ¿El nombre? Celtic Frost. Pero eso da para otra saga en el mismo bestiario.

Para terminar, y resaltando la importancia del ‘factor Venom’ en las formas, aquí va la alineación de Hellhammer de acuerdo a las notas en el interior del vinilo:

Satanic Slaughter (Tom Warrior) – V-Axe Holocaust, Dambuster Vocals
Slayed Necros (Martin Ain) – Deadly Bassdose, Backing Howling…
Denial Fiend (Bruce Day) – Hellish Crossfire on Wooden Coffins

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