THE GANJAS Y THE POLVOS: SOMBRAS EN EL ESPACIO
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda

Fotos Pablo Muñoz @pavlopablopavlo

La tentación de recurrir a términos como ‘stoner’, ‘heavy psych’ y otros similares es grande. Mucho más tratándose de una dupleta imbatible a nivel local y sudamericano. Entre históricos con la magnitud de The Ganjas y realidades con la potencia de The Polvos!, tenemos entre ambos nombres un ecosistema sonoro que va de la mano con un discurso que se antepone a todo intento de domesticación. Y bajo el contexto mencionado, la cita del sábado en el tradicional Bar de René estaba dada plenamente como punto de reunión y catarsis sensorial. Eso de que el verdadero rock pesado se encuentra en un lugar muy abajo, a estas alturas es una constatación necesaria en instancias de comunidad y disfrute.

Pasadas las 21 horas, y con el recinto de calle Santa Isabel 369 registrando una asistencia numerosa en cantidad y ambiente, el arranque con «Acid Waterfall» señala la construcción del primer acto a cargo de The Polvos!. Con toda razón, una de las agrupaciones más importantes que le ha dado el género al circuito underground local: dos LPs que extienden su narrativa como una nube desértica y un despliegue sonoro en vivo que surte su energía como una fuerza natural. Es cosa de mirar el registro de su actuación en la edición 2025 del festival Freak Valley en Netphen, Alemania, disponible en el canal de la señal alemana WDR en YouTube.

Y es que la experiencia bien nutrida de sus componentes -Kayros, Supercabrón, entre otros proyectos-, desemboca en un compendio de momentos creativos que se revitaliza como una liturgia de psicodelia con urgencia punk. Ahí es donde la batería de Roberto Mora ejerce una labor de resistencia y movimiento implacables, mientras el bajo de Wladimir Rodríguez traduce la profundidad del estudio a una voz pivote para las guitarras.

Contando a «Elephant» como la única embajadora del debut Darkness Emotion (2019), el protagonismo de «Floating» (2023) en el set proyecta el momento que vive una agrupación que respira el presente para mirar hacia adelante. «Going Down», una que Nacho presenta como el espejo de un mundo cada vez más cerca de irse al carajo -y mucho más con el avance de cierto extremo político en el poder-, extiende una matriz creativa donde todo es posible, con las guitarras de Pancho, Bruno y el propio Nacho entablando una conversación telepática, todo en un océano de psicodelia con torrentes de ruido muy en la vena de The Stooges y Sonic Youth.

Y a medida que se construye la primera ronda de la noche, la enormidad de «Anubis Death» evoca los misterios de una tierra donde la muerte se encuentra cara a cara con la vida en el otro plano. Es el mundo que The Polvos! relata como un lugar distinto y, a la vez, similar al de la realidad turbulenta. El paisaje que «Fire Dance» traza como una celebración a la vida a través de la pérdida. Y el cierre con «Into the Space» -la cual abre el laureado Floating-, nos deja esa sensación de haber viajado sobre una locomotora a vapor rumbo al espacio infinito. Lo cual deja de ser una frase metafórica cuando la mirada apunta hacia el gran abismo.

Pasadas las 23 horas, y sin más preámbulos, un René repleto se convierte en testigo y partícipe del tsunami sónico con que The Ganjas azota a los feligreses de la psicodelia lisérgica. «Darkside», del LP debut (2003), inicia la segunda mitad de la noche con una nube canábica que tranquiliza nervios y maneja la tensión con fluidez de veterano. En el tramo inicial, «Shades» y «Drug Dr» caminan de la mano llevándonos a un trance perpetuo de liberación. Es lo que Sam Maquieira y Pape Astaburuaga han construido sumergiéndose en lo que procrearon Neil Young y Grateful Dead, para hoy reforzarlo, nuevamente, ante un público que encuentra en su propuesta una brisa que refresca a través de los amplificadores.

En la estación conformada por «Alondra» y «Realm», el protagonismo de Ismael Palma en los teclados se traduce en la forma que complementa su sonido a la bruma etérea que The Ganjas desenvuelve en cada rincón. Hay una búsqueda donde la paleta de colores y la vocación de exploración resultan vitales en cada incursión. Hay un camino que la banda recorre una y otra vez, siempre develando al público los secretos de aquellos lugares a revisitar en plena forma y gracia. Tanto como su discografía, para The Ganjas es de suma importancia la forma en que dicho material se refresca en el directo, terminando por brindarle al público un espectáculo donde la música dibuja lugares donde pocos sueñan con poner un pie y volver para contarlo.

Los arpegios de la guitarra de Sam no suenan… invocan un baño de luz mientras abraza la oscuridad como a una vieja amiga. «Riot Dub», con la batería de ‘Nes’ Rodríguez ganando protagonismo mientras avanzamos hacia el corazón de la noche, conjuga la huella sideral de The Church con una personalidad forjada mediante una naturaleza incorruptible. No hay empacho al momento de rendir honores a The Police y otros lugares comunes como parte de su muestrario de influencias naturales. Más bien, The Ganjas es de aquellas bandas que te recuerda el gran principio del rock subterráneo: la influencia decisiva en la música es la que permite saber quién eres y porqué estás aquí. Bien lo sabe Sam, guitarra en mano y entregado al rito del feedback con el amplificador en «Dancehall». Y aún para quienes ya han visto a la banda innumerables ocasiones en vivo, el asombro y la sorpresa se ganan el espacio reservado para quienes sabemos que esto va mucho más allá del espectáculo.

Cuando termina la eucaristía en René, y mientras los parroquianos comparten brebajes en las mesas, queda la sensación de haber experimentado una demostración de originalidad y convicción. The Ganjas y The Polvos! comparten la autogestión como un camino donde pocos son los que salen airosos, mucho más en un país cuya extensión geográfica de norte a sur le da al tema un sabor tan agridulce como la pequeña audiencia congregada. Por otro lado, son estos espacios los que comprueban la fidelidad de un público que aprecia estas propuestas, lo que permite asomar la cabeza hacia la superficie sin transar un ápice de integridad. Son los pensamientos que llegan bajo la inmensidad de la bóveda oscura, cuando las sombras en el espacio escriben una página memorable desde la voluntad, para estampar sus firmas ante la recompensa de quienes abrazamos el ruido lisérgico como un lenguaje materno.

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