RESILIENCE EN EL ABISMO Y ALTA DENSIDAD EN LLAMAS: LA NOCHE EN QUE LAS AGUAS DEL METAL CHILENO RESURGIERON
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos

La noche del viernes 27 de marzo no fue una fecha más para llenar un día en el calendario: se reunía Alta Densidad tras ocho años de inactividad, y tendrían como acompañantes de esta gesta a un Resilience en plena mutación sonora y humana. La cita: el coliseo metalero romano del MIBAR, el cual sería el testigo de una noche cargada a la melodía progresiva y powermetalera.

Honestamente, había algo más que expectativa en el aire, se olía el riesgo: nuevas formaciones, voces exigidas al límite, repertorios cargando años de silencio o evolución, y el reencuentro; todo conspiraba para que el directo se transformara en territorio incierto. ¿Sería una noche olvidable o estaríamos presentes ante un renacimiento? Sigue leyendo, que en Sonidos Ocultos te lo contamos todo, hasta el último detalle.

RESILIENCIA PROGRESIVA PUESTA A PRUEBA

Promediando las 21:30 se abrieron las cortinas del MIBAR, y ya entre bambalinas oímos los primeros acordes de «Revolución», una canción de pegada firme y melódica, con inmejorables estribillos, pegadizos y cabeceables, solidez que comprobamos en vivo gracias al tándem bajo-batería, con un Marcelo Oyanedel haciendo gala de un fingerstyle firme, con pulso de hierro, otorgándole un sonido retumbante y poderoso al conjunto, aportando en las backing vocals, y lo más importante, no siendo mero soporte, pues como veremos, el show corrió peligro y estuve al borde de ser cancelado.

Y sí, porque el cantante Felipe Reyes salió al escenario con problemas vocales debido a un resfrío, quien nos confesó, ahí mismo sobre las tablas, que saltaron al escenario porque así es el poder del metal, señoras y señores, se debe a su feligresía y a sus oyentes, y no se puede cantar sobre luchar y salir adelante acostado en una cama, con termómetro y cobija.

Pero la pregunta es si musicalmente pudo sortear al maldito virus, y desde Sonidos Ocultos afirmamos que no solo pudo llegar con solvencia a los tonos más altos y exigentes, sino que se le colaron notas con texturas raspadas, e incluso, empuñando una hermosa guitarra con el clavijero en el cuerpo, acompañó en la melodía con la emotiva «Hoy», de esas canciones que lo dejan a uno con el corazón apretado.

El formato de Resilience sonó más potente de lo habitual, con los teclados lanzados en pistas, al nivel adecuado para amoldar el trabajo rítmico de la banda, teniendo mayor protagonismo en los intros; pudimos oír «Is This Love» de Whitesnake, evidenciando que la banda se mueve con soltura entre el hierro demoledor del heavy, con toques prog, y por supuesto el hard-rock.

Hugo Ibarra, al mando de las baquetas, sonó contundente, con más soltura que en otras presentaciones, cargándose con su característico golpe a los rides, de cadencia firme y prolongada, y llenando con fills en los momentos que la melodía demandaba, atacando con buen juego de brazos y piernas.

Álvaro Neira fue el responsable de entregarnos la distorsión, aplicándose a las seis cuerdas con rasgueos cortantes y afilados, así como unos solos de excelente factura, utilizando la palanca de trémolo para darles mayor dramatismo, aplicando rápidas escalas, con buen uso del slide y excelente oído y coordinación para rematar los fraseos con acordes de amplio cuerpo.

El final fue con «Bombas sobre Gaza», canción que ya es parte del repertorio de los chicos, y es que mientras exista injustica y sufrimiento será una canción que no pasará jamás al olvido.

ALTA DENSIDAD RUGE DESDE LAS LLAMAS

22:30 de la noche, y emergiendo como un rayo en la oscuridad, la noche se rompió y salieron al escenario interpretando «Rebelión», una canción sobre aniquilación y destrucción, vaya, nada nuevo bajo el sol: el tecladista Felipe Zaror, activo desde el segundo y último disco de la agrupación, se aplicó con una base envolvente de acordes que amortiguó el filo de la distorsión, levantando catedrales metálicas en una épica desbordada que se levantó con furia en «Fénix», atacando las teclas con su particular estilo, calmo, concentrado, con precisión quirúrgica, entrando y saliendo de la rítmica con solos veloces, arpegiando en runs ascendentes y descendentes a lo Michael Pinella, y prestando todo el soporte sinfónico y melódico que una banda de power tan exigente como Alta Densidad precisa.

Lo que causaba más expectación era oír a su frontman Carlos Flores, ¿llegaría bien a los tonos altos sin exigirse? No tuvo que demostrar nada, ahí estaba intacta su voz, ¿intacta? Mejorada, con un timbre atronador, como el de un mísil surcando los aires, o el de un águila atravesando una pared de acero en medio de un asalto a un castillo, entre arietes, hachazos, y la caballería pesada, firme y veloz como la flecha, poderoso y certero como el rugido de un cañón, que llevó al paroxismo la emoción del respetable cuando se oyeron las primeras notas de «Día D», canción bélica que fue coreada verso a verso, golpe a golpe, con Carlos surcando los aires con su voz melodiosa de timbres agudísimos, mejorada con los años, como un buen vino puesto a macerar en barricas del mejor roble.

Y otro viejo roble, y pilar, fue Cristián Vallejos en la batería, con una pegada que alternaba ráfagas de doble bombo y potentes golpes a la caja y platillos, convirtiendo aquella masa destructiva de riffs en una coraza metálica que ya la quisiera tener cualquier banda metalera, hasta fuera del estilo, como el death o el thrash, con un estilo soberbio que combinó patrones rápidos endiabladamente veloces, con esos redobles al tope, y esos cambios como si nada, entre el rider y el hi-hat, sello personal y distintivo en su inmejorable manera de tomar las baquetas.

La noche avanzaba al mismo compás del calor y la algarabía, con espectadores fieles y conocedores de la banda, con «Esclavos del Águila» y «Reina Sofía» cantadas a todo pulmón, con Felipe Sandoval oficiando de mariscal de campo en las seis cuerdas, y sin fallar, nota a nota, aplicó la rítmica galopante y los power chords que salían de sus manos a la velocidad de los fuegos de artificios, y rematando los duelos solísticos con rápidos barridos y punteos gloriosos que quedaron grabados en nuestros oídos.

Alta Densidad no necesitó ninguna parafernalia para brillar: atravesaron las tablas en un tiempo condensado al máximo, y rompiendo la linealidad del show tuvimos como sorpresa un ensamble especial con la gente de Aluvión quienes interpretaron en conjunto, «Indomable Araucano», un power metal melódico que refleja nuestro pasado combativo, forjado a sangre y fuego.

Hubo un cover de Rata Blanca, «Solo Para Amarte», excelentemente ejecutado, pero «Princesa Aura» fue la clave, último tema interpretado, desde su introducción en teclado con su característica melodía emotiva, pasando por el arranque furioso de esos riffs inmortales, hasta los agudos invictos y vibrantes de Carlos: MIBAR pasó de ser el bar metalero de siempre, para convertirse en una posada de fuegos rugientes, brebajes ancestrales y una fauna humana compuesta de caballeros y princesas y dragones.

Palabras al cierre: la jornada fue emotiva, y no exagero al confidenciar que hubo lágrimas, entre la alegría y la maravilla de los espectadores, y es que Alta Densidad no fue un mero un guiño a la nostalgia, fue una clase magistral de power metal a la vena, y nosotros, desde ya, les deseamos un regreso glorioso, entre melodías que hablan de la fuerza, de la lucha y del honor. El tiempo los llama, el tiempo los espera.

 

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Director/Columnista
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