Mauricio Redolés – ¿Quién Mató A Gaete? (1996)
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Mauricio Redolés – ¿Quién Mató A Gaete? (1996)

Mauricio Redolés – ¿Quién Mató A Gaete? (1996)

sábado 30 de marzo, 2019

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Escrito por: Matías Burgos

Este 2019 se cumplieron 23 años desde que Mauricio Redolés lanzó “¿Quién Mató A Gaete?”, disco avalado por Sony después de dos cassettes independientes y uno por el sello Alerce. Quizás el auge noventero de la música chilena llevó a la multinacional a ficharlo y editar el álbum, donde se salió con la suya gracias a la ayuda de Álvaro Henríquez y Hernán Rojas, ambos en la producción. Mezcló su poesía, la de [email protected] y sus relatos, recreaciones del humor fatídico de la vida cotidiana, mientras puso al rocanrol a bailar con los boleros. Armó un collage en el que las canciones, todas en distintas claves, suenan cableadas unas con otras desde el mismo imaginario.

Eh Rica” (o sea… yo la encuentro rica), es una cumbia ácida que recorre Estación Central como si fueran sus dominios, guiada por un acordeón invitando al baile mientras suena una base progresiva. Redolés pinta las escenas entre su voz que canta y habla, jugando con las intervenciones de una mujer en tu mente que solo se ven interrumpidas por un solo de guitarra bien crudo.

“HolabuenosdíasCompañíadeAguaPuradeSantiagohablaLorena¿númeroellavedequiénreclama?”, le contestan cuando hace un llamado grabado para registrar que “Así habló Lorena”, el primero de muchos cortes de radioteatro. “Llegando a Yungay”, que se supone que es un cover de “Coming Into Los Angeles”, de Arlo Guthrie (el que sale cantando en la película de Woodstock mientras hay una secuencia de gente fumando marihuana), habla de llegar cargado con cogollos a un barrio acompañado un bajo funk y pastoso, cantando un coro agresivo. Se siente la paranoia pegando con las guitarras eléctricas hechas balizas de paco, que se acercan y desarman todo.

Redolés recita la primera estrofa de “Nota Al Pie de Página”, del poeta de la quinta región, Juan Luis Martínez, que podría tomarse como una indicación de este mismo álbum. Después se arma un cuento de juglar con su voz, cuerdas enchufadas y percusiones en “El Monstruo”, una historia de autodescubrimiento. “Neocolonialismo Cultural” es un diálogo comadreao entre mujeres que nos aterriza en una cocina y un espacio que se puede oler.

“La Pequeña Lulú” transpira todo el blues que siempre ha vibrado en el músico, haciendo referencia al viejo comic de una protagonista chata y aburrida, con ganas de liberarse sexualmente lejos de los cabros chicos. “De lisias Con yugales” irrumpe con la discusión matrimonial que se te viene cuando pasas muchas horas con tu pareja. “Fuera De Tu Inercia” es un saltón rock blusero que, de hecho, sirve de sacudón para salir del mareo de la impavidez. “Un sueño donde el silencio es de oro”, poema estremecedor de Alejandra Pizarniks, se cuelga en el bolero de puerto que viene con “El Espejo”, la inmolación a otro pero sin entregarlo todo, un reflejo pero nada más.

“True Egoistic Love” define lo que el amor puede llegar a ser para cualquiera, de hecho demanda un cuestionamiento inmediato a cómo nos sentimos realmente por el ser amado. “Chica Poco Comunicativa” es un tema Lennoniano, deslizando pistas en reversa y una guitarra acústica traumante, a medida que el cantor se va exasperando con el silencio de su ausente interlocutora. “Soy yo” debe ser la secuencia más graciosa del álbum, de cómo lo hacían antes los ahueonaos obsesionados sin Whatsapp. “Marcando Ocupao” entrega un blues achilenao, bien charrasqueao sobre el mismo ahuenao.

“No Tengo” no importa cuando la escuches, siempre estará vigente con un discurso político experto en el descarte. Así viene el cierre con la composición que es la más segura de llevar a Mauricio Redolés a la consagración en la memoria chilena: “¿Quién Mató a Gaete?”. Un revoltijo que introduce personajes, episodios e instituciones ochenta-noventeras, retratos entremezclados entre el jazz con trompetas, cumbia, funk y mucho rock. El humor que solapa el horror de que todo lo que se cantó en 1996 sigue igual que ahora, solo reformado por fuera o con distintos nombres.

Por suerte para todos, el cantautor y poeta chileno no necesitaba ni a Sony ni estudios pomposos para crear la música que lo ha mantenido vigente. No como una memoria ni un show de la nostalgia, sino como un ávido compositor en numerosos formatos, siempre vivaldi y nunca pavarotti. Hoy, además de seguir actuando en vivo, Redolés hace talleres sobre los Beatles y puede explicarse perfectamente: comparte aún el hambre de hacer canciones, tocarlas y seguir creando con los colores que se le vengan a la mente.

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Matías Burgos
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