Nólana : Homónimo
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Nólana : Homónimo

Nólana : Homónimo

lunes 04 de julio, 2016

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Escrito por: Matías Salazar Barrera

Fusión. Es lo primero que puede concluirse al escuchar el LP homónimo de Nólana, primer larga duración de esta banda oriunda de Santiago, formada en el 2014 que, mezclando elementos del folclore latinoamericano, el pop y el rock progresivo, han creado un sonido muy interesante, dinámico y entretenido de escuchar, con ritmos sincopados, muchas armonías, cortes épicos y coros gancheros, que hacen de puente entre lo tradicional y lo contemporáneo de un estilo técnico, pero que en este caso, expresa mucho sentimiento. Eso se nota y se agradece.

El disco fue grabado durante octubre del 2014, en estudios Raf, junto a Sergio González en los controles, que en poco más de 34 minutos, entrega siete canciones perfectamente en sintonía con el “Fragile” de Yes, o el incombustible “Pájaros de Arcilla” de Congreso, e incluso con el gigante “Peluson of milk” del semprieterno Spinetta. Fuertes y odiosas comparaciones que lo único que buscan es reflejar que el trabajo de Nólana está, tanto en composición, como en ejecución y sonido, a un gran nivel artístico, donde las líricas navegan desde la introspección emocional a la interpelación de volver a lo natural.

Viendo el panorama completo, el orden de los temas supone también una progresión. El primer corte, “Comiendo en la Luna”, una balada donde la base rítmica se lleva todos los aplausos, es totalmente distinta en estilo de “La Playa del Tiempo”, canción que recurre a todos los referentes del rock fusión para cerrar este trabajo. Y lo enriquecedor de todo esto es que no es un cambio que se escuche forzado. Todo el disco funciona como una evolución, un variación en la forma, una muda de piel constante que a ratos nos invita a un trance, para luego golpearnos con solos de guitarra y teclado de mucho peso.

Y en esa senda, sí “Comiendo en la Luna” es derechamente pop, “Gema”, el segundo track del disco, coquetea con el foxtrot y el jazz, de una forma que le queda muy cómoda a la banda, y que sirve de buen canal para cristalizar una canción de amor, que no cae en clichés. Tal vez no estaba en la brújula del cuarteto, pero me recordó -sobre todo por el teclado- a “Get Gone” de The Cure, del disco Wild Mood Swings (1996), lo que parecerá bien disperso de mi parte, si confieso que la siguiente canción del álbum, “Vuelve a Mirar el Sol”, me evoca a Congreso. Sin embargo, todas estas referencias no son más que guiños a una gama infinita de sonidos del mundo, que Nólana supo invocar y plasmar en un estilo propio que suena coherente y afiatado.

Vuelve a Mirar el Sol” es un tema que engancha los dos primeros cortes y el resto del disco, donde predominan los elementos más folclóricos y progresivos. Algo que esta canción va muy de la mano con la lírica, que nos invita a recordar que cuando se está medio perdido, el sol ahí arriba siempre será guía y cable a tierra. Al igual que en “Agua”, el cuarto tema del disco, donde Nólana hace eco de su nombre,  cantándole a la conciencia de un mundo que está perdiendo lo esencial para vivir: la libertad, la paz y los recursos naturales. Los elementos progresivos de esta canción van en la misma clave de “Sismo”; el tema que la banda tomó como primer single de este trabajo, con atmosferas y coros entretenidos, que resumen de buena manera qué es hoy Nólana, sobre todo por su interludio de piano y su enganche con el bajo que denota el especial interés que la banda tiene por la armonía, el ritmo y la progresión sonora.

Ya cerrando este trabajo, nos adentramos en texturas más pesadas. “Ira” es un corte que amalgama el rock y una base funk, rapeando a veces, no a lo Matiah Chinasky, sino más bien en una onda medio Charly García super entretenida. Urbana, si se quiere, mientras que “La Playa del Tiempo”, nos saca del planeta. Este tema es superlativo, mi favorito a decir verdad. Evoca a Genesis en su épica sintética, al chamamé más profundo en sus arreglos corales y la síncopa, demostrando que la fusión, si se tiene claro el mensaje y el enfoque artístico, no es privativa de los estudiosos, pudiendo ser otra voz más de canto popular.

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Matías Salazar Barrera
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