Sacrifice – «Volume Six» (2025)
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Escrito por: Equipo SO

La historia de Sacrifice no es muy distinta a la de otros nombres de culto en el metal extremo de los ’80s. Tras editar un par de trabajos hoy fundamentales en cualquier colección durante la era dorada del género –Torment in Fire (1986) y Forward to Termination (1987)-, y alcanzar su peak de expresión con Soldiers of Misfortune (1990), los canadiense entraron a la década de los ’90s para encontrarse con un panorama muy distinto. La intensidad de los ’80s no era la misma y hubo que confrontar los vicios de desarrollo que terminaron, en muchos aspectos, por enterrar el género en favor de las tendencias de aquellos días. Tras la disolución en 1993, Sacrifice se conviritó en un nombre reverenciado, en gran parte por las nuevas generaciones, quienes no vivieron la época pero que, gracias al avance tecnológico y la Internet a mano, situaron a los de Toronto como una banda esencial cuando se habla de metal a la antigua, desde el impulso de aquellos días de cassette-demo y fanzines.

El retorno a las canchas en 2006 tuvo un ingrediente extra; alineación titular, la misma que dio forma y vida a la trilogía discográfica que los puso a la par de sus compatriotas Voivod y Razor. Rob Urbinati, Joe Rico, Scott Watts y Gus Pynn dejaron en claro la intención del nuevo ciclo con la publicación de The Ones I Condemn (2009), un trabajo que rememora sin aditivos la ferocidad de sus años dorados. A la vez, y como suele ocurrir en estos casos, la añoranza de los adolescentes de ayer y el asombro de las nuevas generaciones estaban presentes, como parte de la esencia que Sacrifice reservó como el mejor vino. Poco más de 15 años transcurrieron para que Volume Six, el siguiente y más reciente asalto, viera la luz para llevar más lejos el ciclo actual, esta vez dándose el tiempo de pulir los detalles -sin alterar, obviamente, su identidad- y entregar un lanzamiento con personalidad incólume.

Puede parecer una obviedad, pero Volume Six, más allá de lo poco original de su título -para gustos, colores-, es el sexto capítulo discográfico en la historia de Sacrifice. Lo que parece una metáfora, como muchas a las que se tiende a recurrir para reseñar un álbum con similares rasgos, es la confirmación de lo que los canadienses proyectan incluso cuatro décadas después de su formación. Un paso natural que combina experiencia y firmeza en un trabajo que, digámoslo, asume que el mundo en 2025 es muy distinto -o quizás no tanto- a cómo era en 1987. La diferencia respecto a los mismos consagrados que menciona el libro de historia, es que Sacrifice apela a la experiencia para que Volume Six suene y reluzca orgánico. Y eso se logra a base de buenas canciones y pasajes que logren un carácter memorable desde la escritura.

Tanto el bombazo inicial de «Comatose» como el single «Antidote of Poison» nos muestran (casi) de cuerpo completo lo que es Sacrifice circa 2025. Una banda con sus capacidades intactas y la mirada fija atrás antes de dar el paso adelante. «Missile» –vaya título- es de las más cercanas al canon del thrash metal a nivel de ejecución y fuerza, con sus creadores traspasando en conjunto la convicción que requiere tocar dicha música en tiempos de streaming y producciones en serie. Y Sacrifice, como en casi todo su catálogo, le imprime a Volume Six una serie de momentos bien distribuidos.

El aporte del baterista Gus Pynn y el bajista Scott Watts en «Underneath Millenia» es soberbio. No por un tema de lucimiento instrumental, sino por la forma en que las guitarras Rob Urbinati y Joe Rico aprovechan el pivoteo y los espacios indicados para desplegar su fuerza distintiva en los riffs y la progresión. Es en esta estación donde los canadienses detonan su faceta más cercana al progresivo, aunque sin extraviarse y con la ruta de viaje fija en el mapa. Y mientras los leads de Rico coronan el avance aplastante de las guitarras, los gritos iracundos de Urbinati se mantienen frescos, aunque con los matices propios de la edad y el desgaste. Y tanto en este corte como en la más pesada y exigente «Your Hunger of War» nos remontan a los días de Soldiers of Misfortune, el trabajo que llevó la vena sofisticada de Sacrifice hacia su punto más álgido, pero con una idea renovada. Un detalle importante, considerando que Sacrifice, al carecer del renombre de los mismos cuatro o cinco gigantes de siempre, se permite reservar la furia irrefrenable de sus juveniles días, lo que implica, claramente, apostar a la integridad por sobre ‘lo que espera la gente’ -inclúyase a los sellos discográficos.

En la frialdad de los números, «Incoming Mass Extinction» y la instrumental «Lunar Eclipse» poseen una duración de 2 minutos cada una.Y siendo tan distintas una de la otra. ambas reflejan a su modo la abundancia de ideas como la manera en que dichos momentos se reparten a lo largo de la placa. Y es que Sacrifice, por el contrario al millar de bandas de culto que revive solamente para saldar compromisos pendientes -con resultados más ligados al factor nostálgico que a una propuesta sólida-, es una banda que prioriza el instinto ante cualquier bondad tecnológica o vicio impuesto por la industria (incluso dentro del metal, en cualquiera de sus ramas). Lo que explica que tanto el binomio mencionado como «Explode» -sublime el trabajo que se manda Joe Rico en las seis cuerdas- le proporcionen a Volume Six un equilibrio entre bestialidad y melodía. Lo justo y necesario para que Sacrifice reafirme su jerarquía sin necesidad de descansar en su glorioso pasado.

Otra virtud que hace de Volume Six un trabajo notable por mérito propio, es que contiene dos piezas instrumentales, en las cuales la banda despliega su inspiración hacia los lugares menos pensados. La primera es «Lunar Eclipse», un corte que se basta de dos minutos para extender su narrativa con la soltura propia de un grupo de músicos con mil batallas en el cuerpo. Y la segunda, por lejos el punto más elevado del álbum, «Black Hashish». Sus casi seis minutos y medio la vuelven la canción más extensa de Volume Six. Es aquí donde el clímax dramático del disco, sin necesidad de recurrir a un concepto específico, nos transporta a un lugar donde el oyente se mueve entre la luz cegadora y la sombra asfixiante. No olvidar que Sacrifice, hace poco más de una década, grabó «Anthem», un cover de los todopoderosos Rush. No se entiende el temple inclasificable de Sacrifice sin la huella de Lee, Lifeson y Peart. Ambas bandas son canadienses, ambos desafiando -a sus respectivas maneras- el dogma musical de turno. Voivod no es la única banda en ese aspecto, por muy distinto -y aventajado- que sea el camino respecto a Sacrifice.

El cierre de Volume Six no puede ser más apropiado, partiendo por el título: «We Will Not Survive». Las palabras sobran en la descarga final. Y es lo que le da a Sacrifice un lugar merecido como pilar de un género que se resiste a morir, incluso cuando muchos lo dieron por muerto. Todo lo contrario; apelando a la máxima que los Hellhammer de Tom G. Warrior esparcieron desde las cloacas más profundas, lo único certero y real es la muerte. Y Sacrifice profiere dicha verdad a su manera, con un efecto de dolor que no da espacio a ningún atisbo de jovialidad o esperanza. Como tiene que ser.

Si bien el tiempo -y las decisiones extramusicales- se encargará de dictaminar si califica con la misma estatura respecto a sus trabajos más renombrados, está claro que Volume Six se ganó un lugar en el podio como parte de lo mejor que ha publicado el thrash metal de la vieja escuela este 2025, junto con los lanzamientos más recientes de Testament y Coroner. Un poco más atrás, Benediction viene pisándoles los talones. Por otro lado, su promoción los tendrá por primera vez en Chile, en el marco del Chileterror Fest junto a otras leyendas de la música extrema. En todos los casos, Sacrifice nos brinda con Volume Six un trabajo que despeja todas las dudas respecto a hacia dónde corre el metal extremo de viejo cuño. Y, tal como la figura reinante sobre la montaña de cuerpos, parece que el metal a la antigua reinará por los siglos de los siglos… como la propia muerte.

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Equipo SO
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