The Slow Voyage – Time Lapse (2017)
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The Slow Voyage – Time Lapse (2017)

jueves 07 de junio, 2018

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Escrito por: Álvaro Molina

Este es un disco engendrado el año 2017 y que, creo, pasó algo debajo del radar para muchos de nosotros. Quizás algo al margen del mapa (tuvo que llegar Necio Records de Perú a distribuir y dar algo más de oxígeno, como suele ocurrir), el cuarteto de la ciudad de Los Ángeles arrojó ‘Time Lapse’ como su primer trabajo formal; un set de ocho temas que divagan ambivalentemente entre el pop psicodélico y algunas semillas de shoegaze esparcidas por un mundo musical onírico y etéreo.

Entonces, el disco. Hay un brío especial que alimenta a quienes incursionan en las fronteras de la psicodelia. La principal gracia es que el término se ha vuelto un “paraguas” del cual derivan una serie de sonidos que enfocan y desenfocan el caleidoscopio del género. Escucha “Horus” y enseguida hay harto material del qué hablar: desde un shoegaze alucinógeno que navega por melodías raga hindúes y space rock, con voces fantasmales y monásticas que suavemente armonizan en este péndulo de psicodelia pesada y espacial.

Y los Slow Voyage van mucho más allá. Literalmente. En “Más Allá” (¿se entiende?) se toman en serio el nombre de la banda y el tema se convierte en un parsimonioso pasaje de melodías que retoman la fórmula existencial de voces en una caja reverberante apoyadas en guitarras cálidas y suaves; pop psicodélico pausado, pero directo. Bien. Para quienes amamos el stoner también hay algunas gemas que rescatar: la apertura del disco (“All the Days”) es el tiro de gracia con que la dimensión musical incursiona en ritmos al galope de capas (y más capas) espesas que recuerdan el lado más humeante de, por ejemplo, The Brian Jonestown Massacre o Dead Meadow, sin perder nunca la brújula de la melodía, la piedra angular de ‘Time Lapse’.

“Will You Be Back Tomorrow?” aparece espectralmente con la vocación space rock que se siente latente a lo largo del disco. Vale decir con el ensueño cósmico del prolongado solo de guitarra que decora la última mitad de los siete minutos del tema. Y el péndulo de este debut oscila nuevamente con “Take Me Away”; fantasía stoner en clave de cambios rítmicos que sustentan los matices lisérgicos de la cámara de eco en la que habita y medita esta banda. Ese es el mundo desde el que hablan, donde el código lírico es introspectivo y abundan las letras con recursos, metáforas y referencias más sombrías que, interesantemente, contrastan con la atmósfera musical. Y, por último, imposible no mencionar la buena mano del gran Jack Endino en “Look at Me”; garage humeante, preciso, directo y con grunge en el inconsciente que, redondamente, cierra los 48 minutos de este nuevo brote psicodélico.

Punto aparte es que a veces uno se pregunta acerca de la historia y evolución de un sonido que ya goza de una amplia instalación en el panorama. ¿Cómo? Desde hace casi diez años, a lo largo de Chile, la psicodelia de esta índole ha ido surcando, creciendo y creando escuelas sónicas que progresivamente han dado a luz una camada de bandas que constituyen una suerte de “escena”. Quizás el término escena es un poco mañoso, pero la realidad es que se ha construido una especie de lenguaje musical común, compartido y que 1) está en constante actualización y diálogo y 2) abre la puerta para que nuevos actores entren y se agarren, como fuente preliminar, de lo ya establecido. Hace un tiempo se podía hablar de esto sólo teóricamente, pero hoy por hoy la evidencia está a la vista: una plétora de sellos, distribuidores, conciertos, tocatas… No quiere decir que tengan un “foco” exclusivo, aún hay mucho trabajo por delante, pero ya está cimentado el suelo chileno como tierra fértil para este caleidoscopio.

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Álvaro Molina
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