Con sello propio #1 – Manjar Records y «la experimentación como centro de los proyectos musicales»
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Con sello propio #1 – Manjar Records y «la experimentación como centro de los proyectos musicales»

Con sello propio #1 – Manjar Records y «la experimentación como centro de los proyectos musicales»

martes 21 de agosto, 2018

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Escrito por: Álvaro Molina

‘Con sello propio’ es un nuevo ciclo de artículos y entrevistas que Sonidos Ocultos le dedica a los sellos musicales que están haciendo las cosas bien en Chile. Desde la grabación, producción, edición y difusión, nos encargamos también de investigar de qué manera estos colectivos configuran y ayudan a definir una escena musical y cultural chilena. Un estudio que busca explorar las fronteras de lo independiente y la búsqueda de una identidad.

Debe haber sido hace un par de semanas que me topé con el disco ‘Manuscrito’ (2017), el debut de los Legrant, una banda santiaguina de post-rock y math-rock. Sonaba muy bien, limpio, nítido, complejo e interesante. Un cruce de estilos excéntricos, en comunión con lo que hacen Baikonur, La Ciencia Simple, tortuganónima o Arias hoy por hoy en la escena musical. Sumado a lo musicalmente atractivo del disco, igualmente llamó la atención el nombre del sello bajo el cual se editó: Manjar Records, cuya principal cruzada hoy en día va por la «necesidad de generar un espacio ‘real’ para los músicos independientes, tanto nacionales como internacionales». Al menos así lo pone Rafa Martínez, quien se encarga de darme luces sobre la situación actual del sello, su misión a través de un catálogo ecléctico y una clara visión respecto al rol que debe (o, por lo menos, debería) tener un sello al interactuar con el resto de la ecología musical y cultural que lo rodea.

En octubre del 2015, Manjar Records establecía su manifiesto que se mantiene hasta el día de hoy: «promover la música experimental, la música novedosa y virtuosa». Aquella música, según Martínez, es la que cuenta con menor espacio para presentar sus obras tanto en vivo como online. A veces, música restringida a un nicho que no puede superar sus propias barreras (algunas, incluso, autoimpuestas) y se encierra en el hermetismo. Otras veces, es música que, a raíz de los obstáculos, se queda dormida y pasa sin pena ni gloria por la historia. Pero Rafa admite que, en función de este escenario, Manjar Records viene a agitar aquello que dificulta, más de lo que uno quisiera, las diferentes expresiones musicales que surgen actualmente. «Esto [promover la música experimental] por supuesto fue fuertemente influenciado por los proyectos musicales en los que participo personalmente y que se enfrentaron durante varios años a las mismas barreras que este sello viene a romper. Hicimos buenas alianzas con locales de Santiago en los que muchos músicos jamás pensaron en poder tocar, incluyéndonos».

Y así sucedió que bandas como Legrant y Fases se presentaron en la Sala Master de la Universidad de Chile, mini-festivales como el Atmospheric Fest tuvieron lugar en el Centro Cultural El Corral de Providencia y, próximamente,  en octubre, se llevará a cabo un ciclo de math-rock en MiBar. En el fondo, da la idea de que es continuar llevando la música al espacio «real» y comunitario que define Martínez, en donde se vive y expresa mejor la experiencia de lo que está ocurriendo actualmente. Pero todo partió ese año 2015, cuando se editó y lanzó ‘Bears’, el disco debut de Everum (proyecto solista de Martínez) y el primer retoño de Manjar Records. Un disco que representa a la perfección el ethos con que se trabaja en el sello: nada pre-definido o demasiado meditado, sino que un canvas amplio que se transforma en un «espacio de experimentación sonora e instrumental». Asimismo, en 2017, el disco fue re-editado y se lanzó con especial difusión en las plataformas digitales, además de ganarse el tiro de gracia de ser la primera edición física lanzada por el sello «de manera totalmente independiente».

Desde ese entonces, el catálogo de Manjar Records ha ido creciendo con ganas, al mismo tiempo que conserva el manifiesto bajo el cual se fundó. Se compone principamente de «bandas experimentales, independiente de si tocan ambient, rock, post-rock, stoner o psicodélico. La experimentación como centro de los proyectos musicales hace que la novedad y la calidad de las presentaciones (y de los músicos) en general sea muy alta» declara Martínez. En estricto rigor, no es un sello «especialista en» géneros musicales. Basta con revisar algunos de sus lanzamientos para darse cuenta de que no es un sesgo hacia tal o cual estilo de música, sino que es la ética de trabajo la que se mantiene detrás. Hay un eclecticismo total que viene a romper la barrera de «nicho» o de enfoque en un determinado e irrestricto escenario musical. Desde el soleado pop psicodélico de Psycolor, pasando por el glitch industrial y ambiental de PabloVostok, hasta la experimentación libre y total de Thanatoloop, el catálogo de Manjar Records da para casi todos los gustos y eso podría incluso encontrarse en función de «[generar] que los eventos en vivo se alejen de la clásica tocata y sea más bien un espacio de interacción y aprendizaje entre músico y público».

Ahora bien, lo interesante del catálogo de este sello es que no sólo cuenta con proyectos de músicos nacionales. Actos como Moontauk (México) y (Perú) también se han sumado a la parrilla de Manjar Records posiblemente debido a que enfrentan barreras similares en sus respectivos países. Como afirma Martínez, «es importante estar abierto a recibir a músicos internacionales, ya que el problema de la ‘falta de espacio’ no solo se da en Chile, sino que también se da en otras regiones del mundo». Hoy por hoy, suele estar el discurso de que la «nueva era digital» terminará por sepultar el espíritu de la música en vivo y pondrá barreras aún más pesadas para que una comunidad musical pueda surgir. Incluso, se tiende a demonizar a los servicios de streaming por ser los agentes que desangran la cultura musical en favor de mantener el statu quo de la industria masiva. De hecho, puede ser una paradoja. Porque si estamos hablando en el contexto de una comunidad nacional (e incluso internacional) de músicos, es importante recalcar la asertividad de Martínez para admitir que «así como apoyamos a Moontauk y a Rü, hemos recibido postulaciones de bandas de Argentina, Italia y España que han querido formar parte de nuestro catálogo y tener la oportunidad de estar en plataformas de streaming como las demás». Obviar el hecho de que el streaming es una de las herramientas más populares y efectivas para darse a conocer es hipotecar el futuro de una escena musical. Pero, al mismo tiempo, resulta crucial combinar ese espacio ‘real’ (online) con el espacio ‘real’ que confesaba Martínez anteriormente: el de la convergencia a través de compartir un mismo escenario y lanzarse a la experiencia de aprendizaje como músico y como público. 

Ahora llegamos a uno de los puntos cruciales de este artículo. Le pregunto a Rafa acerca del rol que debería cumplir un sello musical a la hora de ayudar a configurar la escena musical de un país. Su respuesta es directa y honesta, dando mucho para pensar acerca de estos tiempos modernos: «un sello debe no solamente producir y generar contenido musical. También debe apoyar a los músicos en su proceso de difusión y de presentaciones en vivo. Debe ser riguroso en su curatoría para ser capaz de configurar escenas bien definidas y con gente comprometida, que en conjunto puedan construir una real comunidad que involucre a productores, locales, músicos, sonidistas, ilustradores y otros actores importantes [de la escena]». Un sello es, entonces, un agente que puede servir para desempeñar un rol fundamental a la hora de establecer un puente entre artista(s) y público. Pero lo que se le entrega al público no es cualquier cosa. De lo contrario, estaríamos todos de acuerdo en que el sello musical tendría tan solo la función de vender música sin tomar en cuenta lo que está vendiendo y preocupado de cobrar los cheques a fin de mes. Con el advenimiento de los «grandes sellos» y la constante lucha que desempeñan los más pequeños, cada vez nos encontramos con más diversidad, pero con menos preocupación o atención frente a lo que pasa por nuestros oídos.

Tomando en cuenta lo anterior, David Byrne en ‘Cómo funciona la música’ reflexiona de la siguiente manera: «los sellos pequeños que sobrevivieron siguieron confiando en el instinto y en su amor por la música, y puesto que realmente prestaban atención, a veces triunfaron. Sabían ver si algo los conmovía, pero no tenían los mismos recursos económicos ni las posibilidades de marketing que los grandullones. Convertir el corazón, el oído y el amor de uno en dinero podía no ser más que algo puntual». En la misma línea, que un sello desarrolle un espíritu de curatoría especial no quiere decir que está agrandando sus barreras musicales o dejando de lado al resto por enfocarse exclusivamente «en su estilo». De ser así, tendríamos abundancia de sellos que contarían una corta historia. Pero uno de los temas centrales es el trabajo en pos de una identidad propia y una aventura de la que toda la comunidad pueda ser partícipe. «Personalmente he estado escuchado a bandas como La Trayectoria de Venus, ihä, Un Festín Sagital, Arrecifes, Arias y Portugal. Creo que son bandas que cuentan con una identidad propia y que se alejan de la masividad musical que existe y ha existido siempre en Chile. Faltan cada día más bandas que se atrevan a crear proyectos musicales porque es lo que les gusta y no porque es lo que vende» aclara Martínez cuando le pregunto sobre bandas nacionales que le hayan llamado la atención últimamente. Y, claramente, hace una declaración semi-indirecta para muchas bandas que están ahí afuera (ojalá leyendo esto). 

Todavía es muy temprano para sacar cualquier tipo de conclusiones. Pero el ejemplo de Manjar Records y el testimonio de Rafa Martínez para inaugurar este ciclo de artículos, deja en claro dos cosas. En primer lugar, que un sello no sólo debe dedicarse a criar bandas y difundir su trabajo musical, sino que debe ser un agente partícipe de lo que está pasando, involucrándose con las instancias de presentaciones en vivo, trabajar con profesionalismo junto a medios, productores y locales y atender con cuidado la forma en que su producto llega al público, preocupándose, por ejemplo, de entablar relaciones con el mundo de los ilustradores y/o diseñadores. En segundo lugar, un sello también debe tener una clara vocación por cuidar de su propia forma de trabajo o de, por lo menos, tener claro qué es lo que quiere generar musicalmente para posteriormente compartirlo. No basta, como hemos insistido, en enfocarse por ser «especialista» en compartir tal o cual género a través de las plataformas digitales o físicas. Si ese es el resultado, por lo menos la idea podría ir por el lado de tener algo bien definido y que ayude a superar las barreras históricas en Chile. En el caso de Manjar Records, la declaración de trabajo está puesta en la experimentación y en abrir los espacios «reales» que, hasta ahora, están empezando a desocultarse.

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