Obituary y «Cause of Death» (1990): Degustación de sangre
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

Mucho se ha hablado de Obituary como un nombre de peso en la división de avanzada del death metal americano. En especial por su papel en el desarrollo y auge de la escena que tiñó en sangre y nubló con brutalidad el soleado estado de Florida. Y sus cuatro primeros LPs, con supervisión a cargo del productor Scott Burns, son la prueba de una identidad que, curiosamente, poco y nada tenían que ver con sus compañeros de escena, incluso fuera de dicho estado.

En 1990, adjunto al lanzamiento de sus respectivas placas debut, Morbid Angel, Deicide y Cannibal Corpse aglutinaban sus fuerzas en la locura y el frenesí. El mismo año en que Death, a través de Spiritual Healing, le impregna a su huella dactilar un nivel de complejidad que llevará el asunto hacia el siguiente nivel, incluso trascendiendo la etiqueta de turno. Los hermanos John y Donald Tardy, el núcleo creativo -y familiar- de Obituary, toman un camino distinto y será Cause of Death la placa que terminará por definirlos respecto a sus colegas de escena.

Formados en 1984 bajo el nombre Executioner -acortado después a Xecutioner-, John y Donald Tardy (voz y batería, respectivamente) conforman la primera alineación junto a Trevor Peres, guitarra rítmica y el integrante más longevo junto a los hermanos. Tras un constante movimiento de piezas y una serie de demos, el guitarrista Allen West y el bajista Daniel Tucker -reemplazado más tarde por el histórico Frank Watkins- se integran como estables en la primera alineación de Obituary que conocemos. El resultado es el debut Slowly We Rot (1989), un trabajo que llama la atención por su sonido extremadamente crudo y una producción acertadamente lo-fi. Donde en otros casos primaba el blast-beat y la destreza instrumental hermanada con la locura, Slowly We Rot nos presenta una agrupación que bebe directamente del thrash y se empapa de un espíritu más cercano al punk. Piezas con estructuras más simples en apariencia, cadencias ligadas derechamente al doom metal y sus similares. Y la voz rasgada de John Tardy, en vez de replicar el growl uniforme de sus contemporáneos, suena tan desesperada como podrida. Un estado de ánimo en comparación a la vorágine de sangre y blasfemia que pronto se volvería un cliché del género.

Habrá quienes sostengan que Slowly We Rot es «el mejor álbum», y hay razones legítimas por doquier. Pero será Cause of Death la placa que llevará la firma de los de Tampa a una mejora notable. No olvidar que en 1990, Winter se estrena en sociedad con Into Darkness, y Autopsy se encuentra en un momento crucial tras el lanzamiento de Severed Survival (1989). Al otro lado del Atlántico, los holandeses Asphyx preparan el salto que será The Rack (1991) y los ingleses de Paradise Lost hacen lo propio con el crudísimo Lost Paradise. Ese hedor death-doom que los Tardy inhalan de manera natural, en su segunda placa será exhalado hasta adquirir su magnitud definitiva.

Parece complicado referirnos a Cause of Death con otras palabras y frases que no sean «obra maestra» y otras a las que suele recurrir el periodismo cuando escasean los recursos literarios para describir lo que no entra por los ojos. Pero los versos escupidos por John Tardy en «Infected» bastan para hacernos una idea más que clara: «Killing, send you to your grave. Dying, soon the one to save. Tearing, rip apart the limbs. Infection soon sets in. Peeling, rid you of your skin…». Letras repletas de oscuridad y morbo, con un efecto de desagrado que va a la par con la conjugación del verbo to rot. Es el sonido podrido, elegido como estética a la contra, incluso entre sus pares de escena. Lo que ya definía a Obituary en su placa debut, Cause of Death lo potencia con más destreza, una producción mejorada y un trabajo de escritura cuya naturaleza apunta hacia terrenos (más o menos) ignotos respecto a lo mostrado en Slowly We Rot. Y la voz de John Tardy, reiteramos, apela más a la herida sangrante y la emoción profunda que a la brutalidad de sus colegas vocales (Barnes, Vincent, Benton, Dolan, etc.).

Los poco más de 40 minutos que conforman Cause of Death, resultan en una muralla orgánica -literalmente- de sonido atrapante y opresor hasta la médula. No necesita batir el récord olímpico de blast-beat para propagar su voracidad. «Find the Arise» engloba la intensidad del thrash -pensemos en los ya desaparecidos Possessed– con una idea de sangre y muerte que se traspasa a un clásico inmediato. «Body Bag», «Chopped in Half», «Dying» y el broche con «Turned Inside Out» también se coronan como estaciones obligatorias en el repertorio de los de Tampa gracias a su espesor hasta el ahogamiento, sumando esos quiebres de ritmo que te sorprenden a la primera, la segunda, la tercera pasada y todas las que sean necesarias. Los solos de James Murphy -Death, Cancer, Testament-, destilan buen gusto y jerarquía a raudales, mientras la rítmica de Trevor Peres y el bajo de Watkins completan un cuadro que, más allá del sonido propio de su época, se presenta desde la escritura como un quinteto matador en cada surco.

La admiración de Obituary por Celtic Frost va mucho más allá de su notable versión de «Circle of the Tyrants». La legendaria banda suiza siempre fue una referencia potente para los Tardy, y el catálogo completo de Obituary es una muestra de aquello. En Cause of Death, dicha versión encaja como pieza de rompecabezas si reparamos en el sentimiento de agonía dolorosa que la banda expande desde la tripa. Y tal como Tom G Warrior, los Tardy pueden jactarse de construir una identidad tan inclasificable como variada en su ecosistema respectivo. ¿Thrash? ¿Death Metal? ¿Doom? Obituary no se vuelca hacia un género al 100%, pudiendo hacerlo con todo el derecho. Más bien, se mantienen firmes ante la posibilidad de inclinarse o traspasar la línea hacia un determinado umbral, con todo lo que conlleva. Podríamos pensar en lo que venía haciendo Autopsy, con la diferencia marcada por la progresión que Obituary desarrollaría a lo largo de su catálogo sin transar un centímetro de su esencia.

De todas las conclusiones que nos deja Cause of Death como el punto más álgido en un catálogo intachable, remarcamos la importancia de la digestión sin ningún apuro. El death metal, más allá del monstruismo y la pirotecnia, evoca la degustación de la sangre, quizás la perversión más horrorosa que pueda concebir la mente humana. Algún día nos gustaría hablar de su portada, originalmente diseñada para Beneath the Remains de Sepultura y reasignada a Obituary por decisión del sello discográfico. Una postal propia de aquellos días en que el metal extremo gozaba de una salud fulgurante mientras permanecía y se desarrollaba en un lugar allá abajo, muy bien abajo.

 

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