The Kovenant y «Nexus Polaris», la onírica búsqueda
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

Complicado describir en pocas palabras lo que significa The Kovenant, dentro y fuera de su estilo. Una banda de culto, nombre para entendidos. Formados como Covenant, hubo que cambiar el hombre agregando el pronombre «The» y cambiando la C por la K, esto debido a un conflicto legal con una banda sueca del mismo nombre. Un cambio obligado, a la vez que marcó un punto angular para el viraje estilístico. Del black metal sinfónico de los inicios a un ropaje más variado, inclinándose a los sonidos industriales y más rico en texturas. Ideas que Nagash y Blackheart diseñaron y dieron fTorma concreta desde el arranque, tanto en los míticos demos con carátula en blanco y negro como en su LP debut In Times Before the Light (1997). La posterior llegada de Hellhammer -Mayhem, Arcturus-, el guitarrista Astennu, el tecladista Sverd y la cantante soprano Sarah Jezebel Deva le dio a los nórdicos la configuración perfecta para cuajar a fuego lento su segunda placa, una que terminaría por definir un estilo único y vanguardista hasta el sudor.

«Nexus Polaris» (1998), el último trabajo editado como Covenant, es un trabajo con rasgos impensados en su contenido sonoro. ¿Qué tiene este álbum que lo vuelve fundamental en toda colección? O, mejor dicho, ¿qué no tiene? Tanto como una colección de canciones, sin un solo relleno, es un viaje repleto de momentos y pasajes memorables. Un trabajo innovador, un sonido que se renueva en cada pasada y traduce su variedad de colores musicales en una obra potente y enorme por naturaleza. Su propuesta, a medio camino entre la grandeza de Emperor y la explosión industrial de Samael, era provocadora: darle a un estilo tan primitivo y crudo como el black metal un abanico de matices sinfónicos, todo potenciado por un u olfato melódico que Dimmu Borgir explotaría con más rimbombancia. Un equilibrio que reluce un total desapego a toda convención o estándar de turno, traducido en una alternancia inteligente -y fluida- entre guitarras filosas y secciones sinfónicas que volvería loco a cualquier músico docto. Todo parte de una serie de influencias englobadas que The Kovenant, como suma de todas sus partes, impulsó hasta darle una continuidad que Celtic Frost instauró en los ’80s, muchos años antes de que la prensa especializada siquiera acuñara una etiqueta a tamaña fusión de estilos.

Es cosa de examinar el tracklist y reparar en títulos como «Bizarre Cosmic Industries», «Planetarium» y «Bringer of the Sixth Sun». Títulos que te dan una idea clara respecto al fondo de Nexus Polaris. No como un álbum conceptual en su sentido más estricto, sino como un trabajo orgánico que funciona como antología de relatos girando en torno a una misma idea. La astrología, el ocultismo y la fantasía oscura convergen en una obra de proporciones siderales, la cual se basta de sus 43 minutos y 36 segundos para mostrarnos un mundo fraccionado en ocho estaciones, cada una con su propia forma geológica. Ocho capítulos en los cuales se respira la misma atmósfera de misterio espacial, a la cual The Kovenant otorga forma y movimiento. Es el universo que los de Hamar han creado a su imagen y semejanza, un relato con desarrollo tan libre como coherente.

Con el sorpresivo -y muy esperado- retorno de The Kovenant a las pistas durante el pasado 2024, el anuncio adjunto de la ejecución completa de la bestia del ’98 en vivo lo vale todo a nivel de experiencia. Y es que «Nexus Polaris», una placa tan subvalorada como fundamental, se puede y debe entender como lo que es. Un trabajo orgánico, rico en textura y dueña de una altura que da cuenta de lo que un proyecto es capaz de llevar a cabo con lo justo en recursos y el máximo en un objetivo claro. Y es que desde el arranque con «The Sulphur Beast», con la voz de Nagash desplegando sus cualidades interpretativas encarnando diversos personajes, te deja en claro que hay un propósito traspasado a un nivel creativo desbordante en imágenes y metáforas (pensemos, porqué no, en nuestros Dorso). Y cuando pasamos a la siguiente «Bizarre Cosmic Industries», somos testigos de la captura fotográfica de un momento creativo tan excelso como irrepetible. Igual que lo que ocurre en «Planetarium», «The Last of Dragons» y la más grandilocuente «Bringer of the Sixth Sun», donde los arreglos sinfónicos, en vez del aderezo o caer en el exceso, complementan el ropaje con que The Kovenant, a través de Nexus Polaris, abre un portal hacia posibilidades desconocidas, al menos en su tiempo.

Tan importante como la calidad de la producción o la destreza instrumental que el quinteto expone en el estudio, es la sintaxis que conforma el disco, una suerte de viaje a la Dimensión Desconocida, en cuyo trayecto ocurren mil y una penalidades. Por eso es que «Dragonheart», además de su categoría a la primera escucha, se siente como el clímax de una propuesta que se atreve a poner ambos pies en un territorio aparentemente hostil. Y a medida que el plástico avanza hacia el lugar más recóndito de la galaxia, encontramos en «Planetary Black Elements» y la definitiva «Chariots of Thunder» los capítulos finales de un viaje que puede dejarnos extenuados y satisfechos al mismo tiempo. Y es en Nexus Polaris el lugar en que sus visitantes pueden sentirse grandes tras el viaje emprendido, como pequeños ante la inmensidad de un género que hasta hoy se resiste a cualquier intento de encasillamiento.

Tras el «cambio» de nombre, The Kovenant reeditó Nexus Polaris arrancando el actual milenio. Como agregado de novedad, y denotando la nueva ruta a tomar, esta reedición incluye el bonus track «New World Order». Tanto su versión «clubmix» como la final «metalmix» -ni las ediciones remix de Fear Factory se animaron a tanto- funcionan como eslabón entre los vestigios de una etapa fulgurante en creatividad y el paso evolutivo que, contra todo pronóstico y dogma ajeno, le dio a los nórdicos un rótulo de diferencia que sólo los amantes del riesgo obtienen por mérito propio.

A solo semanas de tener a The Kovenant por primera vez en un escenario chileno, la invitación está hecha para repasar Nexus Polaris en su totalidad antes de lo que será la experiencia en vivo. Si en el estudio fue capaz de procrear y construir un mundo fantástico de misterio y oscuridad astrales, en el directo será un ritual obligatorio para quienes buscan en el metal extremo el pasó más allá de la realidad cotidiana. Sin duda, el mito cósmico del último dragón ha dejado su huella y, a poco más de un cuarto de siglo de su lanzamiento, la fuerza imperial de The Kovenant, mediante las aventuras trazadas en Nexus Polaris, preserva su sentido de exploración y descubrimiento. Un triunfo que extiende el alcance de su onírica búsqueda. Porque eso es, ante todo, Nexus Polaris: un lugar de ensueño donde es combatida la ortodoxia y es bienvenido lo que desconoce nuestra condición humana.

 

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