La cita es conocida. El Instituto Profesional Projazz abría sus puertas y daba inicio al show con un talentoso telonero, Marcelo Donoso. Me encuentro absolutamente sorprendido frente a lo que veía, pasmado frente a composiciones de un altísimo nivel que me hicieron vibrar sin esperar una lírica, pues el loco habla, grita y canta con la guitarra. Felicitaciones.
Un break para ahumar los pulmones y regresamos a una obertura diferente a lo que me esperaba de los horejones, pues el pequeño virtuoso Donoso se imponía como un gigante compartiendo el escenario con Horeja. Luego, de eso, Matías lo invita amigablemente a bajar del escenario y se dispone a prender a una audiencia que terminaba de repletar el auditorio de Purísima.
Como bueno viejos conocidos, jugaban de local, con estadio lleno, confirmando lo hecho allí mismo en 2008 y 2013 en ediciones anteriores. Evidenciando una vez más que la vigencia de su música está y se actualiza, evoluciona y «ReEvoluciona». Este cuarto disco (que se podía adquirir a sólo 5 luquitas por la ocasión especial) consolida su discurso contestario, real y apasionado por despertar mentes dormidas.
Si a estas alturas, el sintetizador del vocal no te ha llamado la atención es porque no estabas atento, la perfección del manejo escénico se refleja desde sus manos hasta sus pies. Las líricas muerden más fuerte que Luis Suárez y la entrega se refleja como pitbull en cada melodía. Tanto como la era Bielsa, la perfección y pulcridad de las cuerdas atrapa. Con todo respeto, Bielsa-Bonini son algo así como De la Prida- Saavedra. Rodrigo y Luis hacen riffs y armonías que van adquiriendo protagonismo cada vez, turnándose y trabajando eficientemente para el equipo, creando un manto sonoro lleno de ímpetu y con carácter.
El público sigue tímido y hay que acercarse más para despertar el letargo entre la gente. Luego del tercer tema, el sonido termina de afiatarse sobre el escenario y ahora no queda más que disfrutar la solidez del bajo del Wookie y la fuerza de Álvaro en la batería. Recién entonces somos capaces de cabecear y entregarnos mutuamente con los pulsos que marcan juntos como una masa que nos mueve la médula espinal y nos convierte en un tumulto de horejones.
Humanización. Eso es lo que Horeja trata de impartir en nuestras mentes desforestadas por las manifestaciones económicas que nos aniquilan por dentro y así como nos organizarnos para ver mundiales y disfrutar del fútbol deberíamos hacerlo para disfrutas de los sonidos ocultos que remueven la fibra del chileno desde los pies hasta la punta del pelo. En resumen, no sea hueón y no pierda su música. Mucho menos en vivo. ¡Salud y viva Chile mierda!
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