Ritual Eléctrico 7: ruido y tinieblas, “al borde del abismo”
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Ritual Eléctrico 7: ruido y tinieblas, “al borde del abismo”

lunes 22 de octubre, 2018

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Escrito por: Álvaro Molina

 

El sabbath comenzaba al crepúsculo del sábado 20 de octubre. A eso de las 20:30, en la puerta del Espacio 56 en Ricardo Cumming, estaba Francisco González, alias “Peterete”, uno de los sacerdotes encargados de organizar el ritual. Un tipo alto, delgado, de mucha expresividad a la hora de hablar y recibir a los feligreses que estaban convocados. Era mi bautizo, nunca había pisado los cimientos del recinto y ya era hora de experimentar lo que Ritual Eléctrico tenía para consagrar en esta séptima fecha. La instancia agrupaba bandas nacionales y a otras que venían desde el otro lado de los Andes. Abrían los Canera (Requínoa) y luego seguían Arteaga, Neuron (Argentina), Dejalosangrar y los también trasandinos Monje para entregar una noche de sombras. La explosividad venía asegurada.

Un poco de contexto. Ritual Eléctrico es una serie de conciertos dedicados a elevar las plegarias en el mundo del stoner, la psicodelia dura e intensa y el doom. Los ciclos son organizados por miembros de las bandas Arteaga y Dejalosangrar y, en sus anteriores volúmenes, han contado con la presencia de distintos referentes sudamericanos del género; por aquí han pasado los argentinos de Mephistofeles, Montaña Eléctrica y Luciferica, al mismo tiempo que desde Perú llegaron los asaltos de Cholo Visceral, Satánicos Marihuanos y Ancestro. Una oda al horror, la oscuridad y la comunión a través del ruido.

Una vez ingresado al templo, el altar donde iba a consagrarse todo estaba adornado como un cuadro de Goya contemporáneo; velas fúnebres sobre cabezales a todo volumen, un telón de fondo donde se proyectaba el terror cómico y saturado de gore de The Toxic Avenger (película de culto de 1984, cortesía de la productora Troma Entertainment) y el aura rojiza de una tenue luz, deep red. A eso de las 20:45 se subieron al cadalso los Canera, el joven trío de Requínoa que derrochó energía pura para presentar los temas de ‘CIEGOS’ , su reciente EP debut ante un reducido público tempranero. El sonido brutal de la banda compuesta por Julio (batería), Nico (bajo) y Maverick (guitarra) era la primera aproximación a lo que sería el resto; música dura, feroz, seca y tosca, donde a pesar de que las voces se perdían un poco en el muro de ruido, poco les importaba a ellos que seguían dándolo todo. Clave fue el sonido logrado en “Hortiga”, quizás el tema más sólido de los Canera, quienes ya demuestran que están pavimentando un camino propio y bestial.

Luego de la primera irrupción, hubo un pequeño tiempo de descanso en donde aproveché de conocer un poco más el lugar, cuya decoración y sentimiento y personalidad le daban una actitud oculta de pura honestidad. Saqué una cerveza y miraba mientras el selecto y fiel público estaba engrosándose, esperando a que los Arteaga terminaran de dejar todo listo para tumbar los amplificadores. La expectativa para el trío conformado por Francisco “Peterete” González (bajo, voz), Sebastián Morales (guitarra) y Domingo Lovera (batería) radicaba en la presentación de los nuevos temas que componen su más reciente disco, ‘Necromance’. Y no dejaron cuello sin cabecear. Con los decibeles a tope, el volumen sin miedo a reventar y los cabezales temblando en sus cimientos, los Arteaga entregaron un preciso set de “clásicos” (¿sirve esta etiqueta?) como “Chapultepec” y “Cuicodelia”, al mismo tiempo que sonaron temas nuevos como “Espejo Roto”, “Marcela” y “Ritual Eléctrico”.  Ahora las imágenes en el telón de fondo proyectaban una presentación especial creada especialmente para esta fecha y que demuestra la estética con la que el trío se muestra más cómodo actualmente; erotismo sesentero/setentero, ritualismo satánico y bajas resoluciones que acompañaban los riffs punzantes de Morales, los ritmos desquiciados de Lovera en batería y la actitud de Peterete sobre el altar, comandando como sumo sacerdote el asalto.

Los oídos ya empezaban a sufrir los efectos del muro de sonido que caracteriza a Ritual Eléctrico. Se hacía necesario salir, fumarse un cigarro un rato, conversar y compartir tragos de cerveza o pizzas (que la cagó lo deliciosas) con el resto de los convocados. Se notaba que era una “familia” de asistentes, con una acogida que se agradece y se siente en algunos de los mejores locales del underground chileno. Luego de un largo rato en que los trasandinos de Neuron estuvieron organizando su sonido y por el proyector pasaban Fright Night (el clásico ochentero de vampiros dirigido por Tom Holland), la tercera comunión estaba lista para mostrar una interesante propuesta. El trío instrumental (quienes ya se habían presentado en la segunda versión de Ritual Eléctrico) incluye a Federico Iaconis (guitarra), Sebastián Manino (bajo) y al talentoso Franco Bruschetti (batería). Con un giro más progresivo y técnico, Neuron mostró parte del repertorio que da forma a su trilogía de discos bautizada como TRINUM. Temas densos, donde los cambios de ritmo de Bruschetti, con precisión casi matemática, destacaron como un punto alto dentro de los talentos que llegaron al recinto de Cumming. Lo de estos argentinos fue una muestra atractiva de cómo el stoner puede abarcar también otras latitudes como el space rock, bebiendo a veces de la misma fuente que bandas como Mastodon. Un buen acierto en la convocatoria de bandas.

Luego venía el turno de Dejalosangrar. Rodrigo Robles (bajo), Jorge Habach (batería) y Hernán Polanco (guitarra) subieron al patíbulo ya cerca de la “hora del lobo”, presentando un set preciso y acotado, como una pequeña muestra de la fórmula que utilizan para crear temas espesos, arrastrados y llenos de oscuridad. Claro, lamentablemente tuvo que ser en formato abreviado, porque ya la noche estaba avanzando y por horario había que apurar un poco la cosa para que los bonaerenses de Monje cerraran el sacrificio del aquelarre. Como a las 00:15, el cuarteto cuya alineación cuenta con las voces guturales y barítonas de Sebastián Rolón, las guitarras densas de Diego Petullo, el bajo de Guido Soldini y la batería machacante de Daniel Iranzo, lanzó los bombazos presentando su debut homónimo. Un cierre brutal, donde el doom de los trasandinos sumió aún más en las tinieblas el ambiente en Espacio 56. Sonaron temas como “Río de Decepción”, “Asesino del Pensamiento” y la brutal “Punto Omega”, quizás mi favorita por su agresividad y desequilibrio que habita en tenebrosidades infernales. Lástima que, como la noche se hizo larga, tuve que partir un poco antes de que finalizara la presentación, pero seguramente el público convocado entregó una devoción satánica hasta el final de la noche.

Nada más queda decir; gracias a la gente de Ritual Eléctrico, por la honestidad a la hora de gestar estas instancias que en definitiva contribuyen a gestar un nicho del metal, el stoner y la psicodelia pesada underground con un sello propio, donde se nota la preocupación por una curatoría que no se despega de la forma en que esta “escena” mira con ojos nefastos al mundo, “al borde del abismo”. Que viva el rock & roll mierda.   

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Álvaro Molina
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