Foxtrot Sierra & His Uniforms – 3:33 O’Clock (2019)
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Foxtrot Sierra & His Uniforms – 3:33 O’Clock (2019)

Foxtrot Sierra & His Uniforms – 3:33 O’Clock (2019)

lunes 22 de julio, 2019

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Escrito por: Álvaro Molina

En algún momento del 2010, desde los subterráneos de la incipiente comunidad neo-psicodélica, salió a la luz un disco que fue adquiriendo un estatus de culto dentro del nicho gracias a su misterio, extrañeza y anonimato. El debut homónimo de The Psychedelic Schafferson Jetplane combinaba un cruce místico entre el blues experimental de Sandy Bull, psicodelia tropicalista, grabaciones de campo in situ y una religiosa preferencia por el equipamiento vintage y el sonido análogo. Editado por el sello Pastabase (La Banda’s) y exportado al resto del mundo de manera subrepticia mediante entradas en blogs y publicaciones de Bandcamp, el álbum llegó a oídos del gurú Anton Newcombe (The Brian Jonestown Massacre), quien lo canonizó como “one of the best psychedelic blues records ever”. Pero fuera del círculo más cercano, para el resto persistía una sombra acerca de su origen o, al menos, sobre quién estaba detrás del proyecto. En las notas para la edición física, sólo se nombraban detalles técnicos, un riguroso listado de la instrumentación, una dedicatoria al coleccionista de discos Hugo Chavez-Smith y créditos de producción para Jesús (?). 

 Tiempo después, se publicó que TPSJ era el alias escogido por Vicente Siechewitz, personaje que formó parte de las primeras semillas que con los años germinaron y se convirtieron en lo que ahora es el sello BYM Records. Alrededor del 2007, participó junto a KB Cabala (La Hell Gang, Chicos de Nazca) en la corta vida que tuvo el garage punk de Cindy Sisters y durante el 2009 grabó el homónimo de TPSJ. Una vez culminada esa etapa, Siechewitz se marchó e hizo de Berlín su nueva base de operaciones, bautizándose ahora como Foxtrot Sierra. Sumado al cambio de contexto y escenario, vino también una corriente de innovación en la música. Atrás quedó el alma “folk” de su primer trabajo. Para esta nueva ruta, los comandos ponían rumbo hacia una exótica reinterpretación motorik del blues de sesión de Booker T. & The MG’s, la improvisación modal difundida por The Velvet Underground, el surf de Link Wray y aerosoles de efectos sonoros, samples y secuencias. Así, en el 2015 se editaron ‘Surfin’ Krautlifornia’ y ‘Fender Hobo Lounge’; el primero, una estimulante combinación de psicodelia, krautrock y electrónica y el segundo, un diario de viaje que deambula por el mapa del delta a través de improvisaciones instrumentales lo-fi con el sonido de la Telecaster, Stratocaster y el Jazzbass como vehículo y estilo de vida.

Hay algo transversal que surca por el material de Foxtrot Sierra; la primacía de lo análogo, referencias titulares a héroes del pasado como Spacemen 3 o Moe Tucker y una estética visual que se despega de los clichés al mismo tiempo que abraza lo excéntrico en sus portadas y tipografías. Y la música sigue un camino similar. En ‘3:33 O’Clock’, el blues cósmico parece controlado por un triunvirato de la herencia de titanes como Howlin’ Wolf, Jason Spaceman y Can, juntos compartiendo la cabina en una nave hacia un imaginario delta del Mississippi ubicado en algún rincón del universo. Para esta ocasión, se suman a la tripulación Coco Steiner (bajo, Telecaster, teclados), Felix Ritz (percusiones), Wolfgang Pichulero (teclados, tamboura), Stanley Knoblauch (saxo y teclados) y aún otra Telecaster a cargo de Jaimito Bauer. La alineación instrumental más gruesa que en los anteriores discos y un sentido de producción que deja algo de lado el lo-fi de ‘Fender Hobo Blues’, hacen que el minimalismo de Foxtrot Sierra expanda su característico sonido y consiga una interpretación auténtica y confesional sobre la mezcolanza de influencias musicales que abarca. El disco abre con el surf rock de “Cat Wizzard” y su hipnótico e intrincado ritmo, siguiendo la carta de navegación publicada por Jaki Liebezeit (Can) en la era ‘Ege Bamyasi’. El umbral del blues se abre en canciones como “Mr. Money Bags” y “Cruisin’ @ Babaluma”, ahora volviéndose más determinante y sugerente con la inclusión del saxo que se trenza entremedio de las nebulosas de sintetizadores. Otras paradas en el viaje incluyen el raga-blues de “The Snake and the Rooster”, que lleva un escalón más arriba la predominancia de la guitarra slide – casi omnipresente a lo largo de todo el disco -, añadiendo la meditación ambiental de una tamboura y la aspereza del banjo, un instrumento que debería resucitar en gloria y majestad. Sin embargo, la – al menos en teoría – fascinación por recoger la herencia del krautrock que ha resurgido actualmente con bandas como Minami Deutsch (Japón) y Ulrika Spacek (UK) y provocado el interés de sellos como Höga Nord (Suecia) y El Paraiso (Dinamarca) no se queda atrás en ‘3:33 O’Clock’. “Uncle Keef” (que incluso entrega destellos de una dimensión tropical), “Allee Der Kosmonauten” y la evidentemente motórica “Saturday Strassen Hustle” se ubican al interior de tal espectro que actualiza y traduce a un lenguaje contemporáneo el Düsseldorf de los setentas. 

Las diez canciones de ‘3:33 O’Clock’ cierran un círculo de influencias, referencias, intertextualidad y eclecticismo en un disco que no necesita de mayores aspavientos para definir su espíritu. Al contrario, quizás el impulso intrínseco para Foxtrot Sierra significa estar en constante movimiento, documentando sus percepciones y plasmando todo en un registro sincero y, por qué no, algo extravagante.

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