Flores, melancolía, ruido: Niños del Cerro lanzó Lance, su segundo disco
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Flores, melancolía, ruido: Niños del Cerro lanzó Lance, su segundo disco

lunes 10 de diciembre, 2018

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Escrito por: Felipe Gonzalez

 

El viernes 7 de diciembre, Niños del Cerro, los proclamados por la prensa y la crítica como la banda punta de lanza de la escena pop de los últimos años, hicieron el lanzamiento de su segundo disco, Lance.

A las 20:30 puntual el teatro principal del centro cultural Matucana 100 tenía casi todas las butacas llenas, en el escenario se proyectaba una flor y el humo llenaba el ambiente. Los Niños del Cerro salieron callados, piola, recibiendo con modestia los aplausos de recibimiento. Fieles a su estilo.

Sufre fue la primera canción y fue escuchada por el público desde sus asientos. Fue al final del segundo tema, La Pajarería, cuando Simón Campusano (voz y guitarra) invitó a la gente a acercarse al escenario y usar el espacio plano que había al frente de las butacas. Bastó que lo dijera para que casi todos se pararan y se pusieran al frente listos para bailar y saltar. Ahora sí parecía una tocata de los Niños del Cerro. No para nada están los ritmos latinos metidos por ahí.

La banda tocó Lance entero y gran parte del Nonato Coo, disco que los posicionó rápidamente al frente del pop local. Como había sido anunciado, hubo invitados que los acompañaron en el show. La Chini, de Chini and The Technicians, subió a cantar El Sueño Pesa, tema que también grabó para Lance, Martina Lluvias cantó en Las Distancias, del mismo disco, y el Pipa Ugarte, baterista de Playa Gótica, a la cual Simón presentó como su banda favorita, los acompañó en las percusiones de José de los rayos.

La relación entre la banda y el público, sin que haya habido muchos intercambios de palabras, fue cercana. Esto, principalmente al desplante natural de los músicos. Se sentía que no había un guión o un esquema que seguir, sino que, entre cada tema, la banda quedaba en silencio, afinaban sus instrumentos y hacían ruidos para ajustar sus efectos y sonidos. Esto, que en otra escena podría interpretarse como despreocupación, aquí se entiende como una forma de naturalidad en donde la altura del escenario no enaltece. Aquí lo aparentemente importante era mirarse a los ojos sin muchas mentiras ni soberbia.

La interpretación no fue pulcra y algunos sonidos se confundían formando capas de ruido que, a veces, aportaban a las secciones caóticas de algunos temas, sobre todo los de Lance, pero, ¿por qué debería ser pulcro y entendible todo? Niños del Cerro, en cambio, mostró potencia y euforia con un pop ruidoso cargado de guitarras, sensibilidad y melancolía cotidiana, y eso conecta con su público ¿Y no es eso lo que importa?

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Felipe Gonzalez
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