Con sello propio #7 – Experimentos Rurales (San Felipe)
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Con sello propio #7 – Experimentos Rurales (San Felipe)

Con sello propio #7 – Experimentos Rurales (San Felipe)

lunes 22 de abril, 2019

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Escrito por: Álvaro Molina

‘Con sello propio’ es un nuevo ciclo de artículos y entrevistas que Sonidos Ocultos le dedica a los sellos musicales que están haciendo las cosas bien en Chile. Desde la grabación, producción, edición y difusión, nos encargamos también de investigar de qué manera estos colectivos configuran y ayudan a definir una escena musical y cultural chilena. Un estudio que busca explorar las fronteras de lo independiente y la búsqueda de una identidad.

Desde el Valle del Aconcagua (V Región interior), en los últimos años ha salido una camada de bandas que a través de su música buscan encapsular el “formato místico” de la naturaleza que los rodea. Los artistas y agrupaciones pertenecientes al sello y colectivo Experimentos Rurales poco a poco han ido buscando un nicho en la escena, entregando una sólida combinación de las distintas ramas en la psicodelia; su joven catálogo incluye trazos épicos y expansivos de post-rock, virtuosismo y nitidez math-rock, contemplaciones etéreas en los espacios de ambient y energía natural con raíces en el rock progresivo. Para Rodrigo Contreras, uno de los fundadores del sello y miembro de las bandas Dhármico y Droste, la apuesta del colectivo está en la “integración regional” de bandas pertenecientes al sector interior de la Región de Valparaíso, territorio que él mismo considera actualmente como “un semillero de mucha música fuertemente ligada a lo rural y a los espacios no-urbanizados”. En otras palabras, estamos frente a una original oferta de música orgánica y fuertemente enraizada y comprometida con su territorio.

Originalmente, la ciudad de San Felipe es el lugar específico donde Experimentos Rurales comienza a armarse “formalmente» el año 2016. Considerado por Contreras como un contexto que “aún es medio conservador, con harto latifundista, agricultura y un estilo de vida bien tranquilo y tradicional”, la escena sanfelipeña ha vivido una particular historia. “Pasaron varias etapas, entre auges y caídas debido al contexto del pueblo. Estaban los bares donde generalmente se podía tocar (Bar Aries, Bar Alfonsi, Bar Marea), pero de repente pasaba que no había ninguno disponible porque los vecinos empezaron a alegar, no dejaban meter bulla y, finalmente, se puso paqueada la cosa”. Sin embargo, lo que podría haberse convertido en un panorama desalentador no mermó las motivaciones del entorno más “under” de la ciudad, quienes estaban dispuestos a crear proyectos novedosos de música original, despegándose de la mañosa y a veces hegemónica cultura de “tributos”. Según Contreras, “recuerdo que por el año 2010 hasta el 2013 estuvo tocando una banda sanfelipeña que se llamaba Pasto, muy influenciada por el rock clásico y psicodélico a la antigua. Además, el 2006 estaba naciendo Dënver también, que estuvieron tocando mucho en algunos bares de allá… Y, al parecer, ahí empezó a salir toda la onda psicodélica del valle”.

Ya para el año 2013, en la escena de San Felipe estaba agarrando fuerza una especie de “recambio” musical. Bandas como Dhármico, Coronel, Urlo, Droste y VerdeArrebol (Los Andes), habían comenzado a acumular material original, surgiendo la necesidad de formar un proyecto que los agrupara como un colectivo dueño de una original propuesta. A fines del 2016, se decidió bautizar a la organización como ‘Experimentos Rurales’ para darle un nombre a algo incipiente, a una “entidad” que en sus primeros días buscaba difundir material en redes sociales y plataformas digitales como Bandcamp o Spotify. “En esa época la mayor pega del sello era difundir y subir la música a las redes. En realidad, el sello no es ‘legalmente’ un sello, sino que por ahora es más como una voluntad. Un grupo donde nos apañamos y difundimos”, dice Rodrigo. Dentro de este grupo, está la figura de Pablo Barra, sonidista y técnico en sonido que se convirtió en un personaje angular para la materialización de este “nuevo sonido” del Valle del Aconcagua, participando en numerosas sesiones de grabación de bandas no necesariamente pertenecientes a Experimentos Rurales. “Gracias a la mente de ese hueón es que se han podido grabar varias cosas allá, desde bandas metaleras hasta más pop. [Barra] se empezó a comprar equipos y micrófonos para apañar a las bandas de San Felipe y tomarse en serio lo que estaba ocurriendo en el pueblo en términos musicales”.

Siendo todavía un sello joven, Experimentos Rurales ha intentado lentamente ir haciéndose un espacio en la escena. Por ahora, siguen una lógica de cooperativismo en la que el foco no está en hacer plata. “Hay sellos que igual aspiran a tratar de mantenerse y ser una fuente de trabajo o empleo, como si fuera una empresa, lo que está súper bien. Pero Experimentos Rurales quiere ir tratando de hacer otro modelo de negocios, reuniendo a bandas, vendiendo cassettes y merchandising. Eso es uno de los objetivos que queremos explotar y lograr este año”, afirma Contreras. Pero el desafío es grande, ya que él mismo reconoce como una apuesta arriesgada tratar de instalarse en un “mercado” chileno que guarda pocos lugares para la música experimental. “Nos gustaría que nos conocieran como un sello de música experimental. No solo acá, sino que fuera de Chile también. Pienso que el mercado musical chileno es acotado para este tipo de música, entonces yo creo que todos los sellos que tienen ese enfoque deberían tratar de atraer ‘demanda’ o público de afuera para sobrevivir o agrandarse”. Sin embargo, esta ambiciosa visión para un sello que actualmente se encuentra en un proceso bien incipiente y de aprendizaje, “con mucho ensayo y error” según Contreras, igualmente les ha permitido darse a conocer fuera de Chile y expandir paulatinamente su propuesta.

El año pasado, el colectivo Tierra Negra de Costa Rica lanzó un compilado de tres discos llamado ‘Cordillera de Fuego’, agrupando a diferentes bandas de países ubicados en las costas del Cinturón de Fuego del Pacífico. Artistas y agrupaciones de México, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Colombia, Venezuela, Perú y Chile fueron incluidos en el compilado que trabajó estrechamente con sellos como Necio Records y La Flor Records de Perú, All Bird y Discos Muertos de Colombia y Manjar Records y Experimentos Rurales de Chile. El lazo entre el sello y el colectivo costarricense nació gracias a los compilados ‘Observatorio Experimental’ que Experimentos Rurales ha lanzado a lo largo de su existencia, recopilando sonidos espaciales, etéreos y mágicos orientados al ambient y post-rock. “Fue bien simple, nosotros lanzamos esos compilados ‘Observatorio Experimental’ y nos contactó el loco de Costa Rica, quien nos dijo que le gustaron las bandas y preguntó si nos interesaba ser parte de este compilado latinoamericano que iba reunir a diferentes sellos, estilos y bandas”, dice Rodrigo, para quien la idea de generar una identidad del Cono Sur no es tan descabellada o lejana como parece sonar. “Hace falta validar más el apañe en la difusión, en generar los espacios y en dar a conocer las bandas que cada país tiene. Nosotros por ejemplo estamos haciendo una especie de ‘intercambio’ entre bandas de Argentina y Chile; en el catálogo del sello tenemos a Nautilus, una banda de Córdoba y allá el sello Chancho Discos estaba interesado en co-publicar el disco nuevo de Dhármico que debería salir este año y del cual mostraremos un adelanto con un single que se estrena el 3 de mayo”.

Y así, en la propuesta de Experimentos Rurales se encuentra el rol de “hacer una especie de sinergia entre todas las bandas, para así lograr hacer algo que sea grande, que se llene de más energía y movimiento. Aúnque suene cliché, la unión hace la fuerza”. Dentro de los planos a corto y mediano plazo del sello se encuentra la tarea de reforzar el catálogo y su difusión, conservando la línea editorial “experimental”, pero sin excluir a otras bandas que puedan comulgar con el compromiso que tiene este colectivo con la música proveniente de sectores “no-urbanizados” (como ocurrió recientemente con la inclusión de VerdeArrebol de Los Andes y El Eco de las Ánimas de Licantén/Hualañé). “Pienso que uno de los roles del sello está en tratar de difundir lo más posible y que las bandas tengan amigos, tanto nacionales e internacionales. De repente pasa que uno escucha una banda y sabe que le puede gustar a las [otras] bandas que el sello coordina. Y después tú la añades al sello y te das cuenta de que hay un universo de muchísimas más bandas”, agregando que “si te tienen confianza como sello, sabes que el próximo lanzamiento es probable que te vaya a gustar. En Experimentos Rurales tratamos de conservar esa confianza, intentando generar un ‘álbum de álbumes’”.

Para Contreras es fundamental el factor humano entre las bandas al interior del sello, dándole una particular importancia a la amistad que se puede generar entre ellas, aumentando la confianza necesaria para expandirse y “subir todos el mismo cerro”. “Otros modelos de sello pueden ser más impersonales, con un acuerdo y un contrato que se firma y listo, chao. No por eso van a hacer una mala pega, pero es otro modelo. Nosotros tenemos una escasa red de contactos por el hecho de venir de San Felipe, pero ese lado humano de la confianza es fundamental, porque a veces se olvida que, como músico, uno deposita sus emociones y sentimientos en la música que toca o interpreta. Entonces, el sello tiene una responsabilidad inevitable e inherente con la música producida”. Puede ser que la aventura de Experimentos Rurales aún está recién comenzando, que todavía se encuentran buscando las mejores maneras de instalarse en la “escena” o darse a conocer tanto dentro como fuera de Chile. Sin embargo, la ambición de su propuesta, sumada a la orgánica de intentar encapsular el sonido de un territorio específico con sus respectivas características, los convierte en un sello que las tiene todas para dar el siguiente paso y “profesionalizar” esa identidad definida hace rato en medio del contacto con la energía de los cerros, la vegetación y el cielo puro del Valle.

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