Elephant Gym en Chile: Lluvia de primavera (2024)
Por Claudio Miranda
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Al menos hace una década, cuando Elephant Gym armaba sus primeros pinitos en su natal Kaohsiung City (sur de Taiwán), probablemente jamás se les pasara por la mente la transversalidad de su propuesta. Mucho menos se imaginarían los hermanos Tell y KT Chang que un catálogo de seis discos de naturaleza intergaláctica y una propuesta arraigada en el jazz-fusión obtendría una calurosa recepción en Chile, una parada hoy obligatoria cuando hablamos de vanguardia musical en base a lo impensado. Pero los Chang y el baterista Chia-Chin Tu lo vieron como un hito, una incursión que jamás pensaron, por ejemplo, que terminara en un Club Chocolate abarrotado con días de antelación en todas sus ubicaciones. Y es que, como el propio Tell lo mencionará durante el espectáculo, Taiwán es un país remoto en todos los aspectos, no solamente por un tema de geografía. No se entiende sin ese factor la emoción del trío ante la recepción del público más austral del mundo hacia su estilo único e identificable, donde la experticia del jazz y las melodías exquisitas se refuerzan con una energía que hace de la cátedra musical una experiencia de otra galaxia, literalmente.
Antes del acto principal, y transformando un debut histórico en una fiesta para todos los sentidos, la firma espacial de Tortuganónima tuvo su protagonismo, totalmente merecido tras un recorrido de más de 15 años y una discografía que navega por diversos mares de sonido inclasificable. Lo que provoca «Aleph» de entrada, con Gerard Bertin y Gabriel Molina capitaneando en las guitarras, es tan indescriptible como alucinante en su resultado. Hay una cuota de jazz, otra de noise, adjunto al uso de loops y efectos con que las guitarras se complementan en una simbiosis de libertad creativa que se registra en nuestros sentidos. Y respondiendo a la estirpe de la cual provienen como viajeros del espacio-tiempo, «Ícaro» y «Onda Corta» vienen de algún futuro (no tan) lejano, permitiéndonos ser testigos de una explosión creativa que se mueve entre la sutileza de sus intérpretes y la potencia volcánica que adquiere la música cuando menos lo esperamos.
Ante un público que exhalaba pura euforia con tamaña clase, el cierre con las extraordinarias «Joseph K» y «Cortes de Papel» terminan refrescando tanto a los seguidores más duros como a los curiosos. Qué notable la manera en que las guitarras de Bertin y Molina intercambian roles en una misma «conversación» de guitarras, mientras el bajo de Benjamín Luna aporta solidez con una voz igual de distintiva, y la batería de Diego Wigodski aporta con sus golpes y movimientos al ritmo convulso de una agrupación que no le teme a nada y se aventura a todo. El cariño que despierta entre sus seguidores incondicionales tiene razón de ser; deben ser poquísimas las propuestas instrumentales que tienen algo que decir, y lo dicen con todas sus letras. Un gusto lo que hace y despierta Tortuganónima, en el terreno que sea y estampando su firma apelando a lo que muchos asumen como imposible realizar.
Con el recinto ubicado en pleno barrio Bellavista desbordado en todos sus rincones -incluyendo las escaleras-, la sola aparición de KT, Tell y Chia-Chin sobre el escenario bastó para la ovación a rabiar de un público que no tardó en sumirse bajo el trance de «Frogs». Sin preámbulos ni pompas vanas, Elephant Gym te lleva por rincones insospechados y, a la vez, familiares para quienes gustan de la búsqueda musical donde menos lo piensas. Le sigue de inmediato «Games», una muestras irrefutable de una categoría que en el directo gana a punta de sabor y vitalidad. La guitarra de Tell es la voz sónica de Elephant Gym, pero el bajo a cargo de KT tiene algo que expresar y reafirmar, ambos chisporroteando armonías de temple sideral y, no por ello, menos humanas. Y es la misma KT quien se hace por primera vez del micrófono durante la performance, específicamente en «Shadow», una pizca de elegancia y onda deliciosas, para todo paladar auditivo, del gusto que sea.
Tras el primer saludo, y unas muestras de cariño y humor propias de un encuentro entre amigos de toda la vida, «Feather» llega para hacerte disfrutar de todos los sabores existentes y por haber. Hay cosas que no se miden con la clínica de virtuosismo, sino con lo que te llega al estómago, desde todas las latitudes imaginables. Igual que en «Underwater», una delicatessen que gana expresividad en todos su surcos. Lo que hace KT en el bajo es sublime y preciso, con el buen gusto como estandarte. Todo lo que nos gusta de una instrumentista de élite, cuya ‘voz’ se complementa tanto con el chisporroteo de Tell en la guitarra como con la finesa de Chia-Chin en cada golpe. Y la suma de todas sus partes se siente como bucear en aguas profundas, observando con nuestros ojos las maravillas de un paisaje ignoto y anhelado.
Además de su experticia en las bajas frecuencias, KT es una instrumentista con dotes sobresalientes en cada artefacto a mano. Esto incluye el piano eléctrico, al cual recurre primero en «D», un jazz-rock de alta factura que prioriza la delicadeza, y después en «Dreamlike», un solo de piano que empieza con dinamismo y nos transporta hacia un lugar más taciturno. ¿Cómo no caer rendidos ante algo de esa naturaleza? Lo mismo va para Tell, quien hace de la breve «Mirror» el instante de grandeza necesario para proseguir el viaje a través de «Midway». Un pop que navega y se mueve a través de pasajes conocidos y otros rincones invisibles para muchos ojos, con Chia-Chin participando y estimulando al público desde su posición. En Elephant Gym ninguno destaca uno por sobre el resto, sino que hay un equilibrio y una distribución de roles que en vivo se vuelve un elemento clave al momento de entablar conexión entre los artistas y la gente.
En un invierno santiaguino con temperaturas no tan bajas como en días anteriores, «Spring Rain» le hace honor a su nombre. Mientras, «Witches» y «Anima» asoman ambas con la magia propia de quienes se atreven a experimentar con distintos ingredientes, apelando a la variedad de sabores. Y como el gusto del público manda ante todo, la versión en mandarín de «Moonset» es de esos instantes que vuelve un encuentro especial en una experiencia de vida a atesorar. Con qué swing la música de Elephant Gym trasciende hasta las expectativas del fan más acérrimo, así como la intensidad de «Half», la catarsis rockera de «Finger» y la sensualidad funk de «Quilt» te dejan exhaustos sin necesidad de encasillarse en nada. Es solo la música más inventiva y certera que tres genios taiwaneses procrean en favor de trazar senderos hacia donde pocos se atreven sin morir en el intento.
El tramo final empieza con la flamante «Happy Prince», primera vez tocada durante la gira actual. Un coro pegajoso a morir, una pieza que exuda inocencia y fuerza inusuales. Tras el «ceacheí» de una alborozada KT, el cierre con «Ocean in the Night» y «Galaxy» corona una noche de música maravillosa, de palabras de agradecimiento y ambiente distendido hasta la risa en algunos pasajes, como cuando los chicos hacen hincapié al público para que compren el merchandising oficial, o la referencia de KT a su hermano Tell cuando se refiere a ella como «la bajista». Recordemos así la primera vez de Elephant Gym, como una lluvia primaveral que hace florecer una idea original y la transforma en locura artística, lo que va siempre más allá de ser músicos aplicados. Gracias a estos hermanos taiwaneses, queda demostrado que, por muy improbable que parezca, siempre hay una forma de explorar los océanos bajo la inmensidad de la noche.
Tesseract en Chile: Virtuosismo y potencia a destajo
Por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Fotos por Francisco Aguilar @FranciscoAguilar.Ph
Los británicos nuevamente se presentaron en Chile, todo bajo el marco de la gira a Latinoamérica que se encuentra promocionando su último trabajo de estudio «War of Being» (2023). La apertura estuvo a cargo de los capitalinos, Crisálida, que siempre es una buena oportunidad para observar y disfrutar. Todo lo anterior en el contexto del mes de la patria y de antesala de una fecha histórica para Chile como es el 11 de septiembre, sumado también a una jornada de eliminatorias para el próximo mundial de fútbol, donde Chile se enfrentó a Bolivia en casa y perdió por dos goles a 1 generando la tristeza de todo un país futbolero. Todo este contexto anterior no impidió que el Teatro Coliseo recibiera una vez más a los fanáticos nacionales del metal progresivo, de los cuales se encuentra una gran masa en la capital de Chile, llegando en grandes cantidades al recinto pero sin repletar el local , algo que sin dudas se entiende por la gran cantidad de eventos que están sucediendo.
Eran las 20 hrs y se asomaba el ahora quinteto chileno, Crisálida, los cuales tienen una gran experiencia y categoría al momento de interpretar un show. Un grupo que está acostumbrado a abrir para grandes bandas internacionales, pero que también son capaces de tocar en lugares pequeños regularmente como lo son por ejemplo Bar de Rene. Para quienes no conocían este grupo sin dudas fue una gran oportunidad, ya que este quinteto no solo posee mucha experiencia, si no que este proyecto lo componen grandes músicos nacionales y que a esta altura no tienen que demostrarle nada a nadie. Lo que si hay que señalar es que el sonido al menos en los dos primeros temas interpretados no fue el mejor, situación que pudo ser revertida al pasar el show, logrando sonar como realmente el grupo se merece. 30 minutos exactos donde se interpretaron temas clásicos del grupo y sus nuevas creaciones . Los temas a interpretar fueron » Cabo de Hornos» , » Morir Aquí», «Destino», «El niño» y «La Niña del Volcán» siendo estos dos últimos mis favoritos, ya que se pudieron escuchar de forma clara y precisa.
Eran las 21:00 horas y con gran puntualidad las luces se apagaron y salieron a escena este quinteto británico que tiene una hinchada bastante fiel en estas tierras. Me sorprendió la simpleza de la puesta en escena del proyecto siendo acompañado solo por algunas luces Led y algunas proyecciones que comenzaron a asomarse desde el tercer tema pero que solo cambiaron unas 4 veces con diversas geometrías y gráficas con el logo de la banda.
Debo señalar que sorprende la química y la unidad que la banda posee, fluyendo de forma natural y casi orgánica. Cada músico cumple su rol de forma perfecta y muy fluida dando a notar toda la experiencia y experiencia que tienen estos músicos . La banda funciona desde el 2003 y eso se puede notar al instante. Sorprende también el manejo escénico de su vocalista Daniel Tompkins quien logra cautivar a los asistentes desde el primer segundo. También sorprende la fuerza de sus dos guitarras llevándose todo el crédito el eximio intérprete Alec Kahney y su exquisita técnica , las cuales inundan dicho teatro con poderosos Riffs que no dejan indiferente a nadie. Si bien el grupo hizo un repaso general por su discografía, obviamente lograron interpretar varios tracks de su último disco en estudio, siendo los temas elegidos «Echoes»,»Legion»,»Natural Disaster»,»Sacrifice» y «War of Being» siendo este último el punto alto del show (Para mi) ya que obviamente cada uno tiene sus propios gustos musicales, pero que humildemente creo que resumen todo el estilo del grupo. Si alguien quiere conocer a la banda este puede ser el tema preciso para resumir toda la trayectoria del grupo.
También me gustó mucho y sorprendió que este metal progresivo incluía elementos del metalcore, hecho que se notaba en el ritmo y en las voces guturales de Daniel que se iban asomando en varios pasajes del show. De hecho personalmente nunca había visto un mosh en este tipo de espectáculos lo cual me parece realmente genial. En resumen una jornada brutal y que se recordará como la inyección que se necesitaba para superar la traumática perdida ante Bolivia (Al menos para quienes somos futboleros).
Setlist Tessecat en Chile
1-Natural Disaster
2-Echoes
3-Nocturne
4-Tourniquet
5-Sacrifice
6-King
7-Smile
8-The Arrow
9-War of Being
10-Legion
11-Juno
Encore:
12-Concealing Fate, Part 2: Deception
13-Concealing Fate, Part 1: Acceptance
Angra Unplugged: Hasta el fondo del alma
Por Alessandra Biava.
Fotos por Camila Luengo.
Angra, la institución del power metal brasileño, ofreció su primer concierto unplugged el reciente domingo en el Teatro Teletón, marcando un hito en su relación con el público chileno. Este evento íntimo, elegante e irrepetible demostró que la banda sigue conectando profundamente con sus seguidores desde finales de los 90s.
Unos pocos minutos después de la hora pactada, las luces del teatro se apagaron y se encendieron las velas, creando una atmósfera íntima mientras la banda, liderada por Rafael Bittencourt y el carismático tenor Fabio Lione, daba inicio a la noche con «Nova Era» del álbum Rebirth. Aunque hubo un traspié en el sonido, la energía se sintió de inmediato entre los presentes.
Tal como anunció Fabio Lione desde el principio, la noche fue un juego de ping- pong entre composiciones antiguas y nuevas. El primer bloque incluyó «Make Believe», «Storm of Emotion» y «Gentle Change».
Uno de los momentos más emotivos fue la interpretación en solitario de Rafael Bittencourt, quien rindió homenaje a André Matos con una conmovedora versión de«Reaching Horizons». También fue notable la aparición de la cantante brasileña Vanessa Moreno, que se unió a la banda en «Here in the Now» y permaneció en el escenario para los siguientes tres cortes, destacándose especialmente en el cover de «Wuthering Heights» de Kate Bush.
Para cerrar la noche, Angra interpretó «Holy Land», «Late Redemption» y «Rebirth», adaptadas con gran maestría al formato acústico. La balada «Bleeding Heart» seguramente logró arrancar más de una lágrima a los corazones rotos presentes, y como broche de oro, la banda cerró con su himno «Carry On».
El formato acústico permitió a Angra conectar con sus fieles de una manera mucho más directa y personal, ofreciendo una experiencia que mezcló nostalgia e innovación. Fabio Lione, con su versátil voz, transmitió profundidad emocional en cada tema, mientras que Marcelo Barbosa y Rafael Bittencourt destacaron en sus guitarras con técnica impecable y sensibilidad cautivadora. Felipe Andreoli enriqueció el sonido con su potente contrabajo eléctrico, y Bruno Valverde ajustó su batería para mantener la delicadeza del unplugged. Además, la inclusión de un pequeño conjunto orquestal nacional cerró el círculo perfecto, creando una atmósfera única.
La revelación de esta faceta íntima, dulce y elegante de la banda fue un bálsamo para los oídos. El concierto no solo demostró su capacidad para innovar, sino también su habilidad para mantenerse relevantes y creativos dentro del power metal.
BATUSHKA en Chile: Hermosa Oscuridad
Por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Una tarde bastante helada de invierno serviría para recibir nuevamente a los polacos de Batushka en la ya conocida Sala Metrónomo ubicada en el centro de Santiago, agrupación europea que interpreta un estilo bastante único y particular. Todo como previa o antesala del gran festival que se viene en noviembre ( cl.rock). Y que por supuesto esta siendo comandado por Spider prod, quien nuevamente se la jugo por traer un numero un nicho bastante particular. Para la apertura se encuentran invitados los nacionales Unsilent de los cuales no existe mucha información en redes por lo que solo quedaba escucharlos.
Un poco antes de lo pensado (19:55) sale a escena la agrupación Unsilent entregando un death metal de calidad mezclado con tintes cercanos al black metal sobre todo por la interpretación de los clásicos riffs del estilo con mucha precisión y sonando realmente bien. El cuarteto demostró fuerza, rapidez y solvencia interpretando temas que reflejan su discografía sin mucha parafernalia sobre escena primando la música por sobre todo. Un buen número que sirvió para calentar el ambiente en esta día helado. Lo que me gusto de este grupo es que incorporan harto rock en sus temas refrescando el sonido mas pesado. En cuanto al setlist interpretado no tenemos mucha información , pero si podemos decir que será un grupo que tendremos en consideración desde esta fecha en adelante.
21 hrs y con una sala en el 90% de su capacidad es que sale a escena Batushka, recibiendo al respetable con un completo escenario repleto de velas, calaveras y mucho misticismo, cuadros religiosos oscuros, simulando una misa cualquiera, pero entregando una ceremonia llena de sonidos y ambientes realmente espectaculares y sombríos. Llevando a un trance natural al respetable, no faltando los tontitos de siempre que gritaban tonteras apurando el rito. Pero Batushka sabe lo que hace, sigue su propio guion y se guía con su propia ceremonia y tiempo. Solo basto el primer riff pesado para que el grupo provocara el éxtasis en los presentes.
De los conciertos que he asistido de black metal creo que es primera vez que veo tantos mosh realizándose canción tras canción. Como señale anteriormente era como una danza macabra donde el publico estaba entregado al 100% viviendo la experiencia. A pesar de no ser un grupo con tanta trayectoria , solo tienen 4 discos oficiales, han logrado consolidarse como un número original y único. Y es que el sexteto que vimos ayer (dos coros, vocal principal, guitarra, bajo y batería) dieron todo en el escenario con unas túnicas elegantes y bastante llamativas.
Recordar que Batushka es una banda musical polaca de black/doom anónima formada por Krzysztof Drabikowski. Su música y letras, que están escritas exclusivamente en el antiguo idioma eslavo eclesiástico, están inspiradas en la divina liturgia de la Iglesia ortodoxa autocéfala de Polonia. Todo lo anterior lo pudimos disfrutar en una fecha espectacular, que con un poco mas de una hora de interpretación logro dejar satisfecho al publico asistente. Felicitaciones a Spider por jugársela por traer sonidos subterráneos del mundo.
Setlist Batushka en Chile 2024.
Yekteniya I: Ochishcheniye
Wieczernia
Powieczerje
Yekteniya III: Premudrost’
Pismo I
Polunosznica
Utrenia
Irmos II
Irmos III
Yekteniya IV: Milost’
Pismo VI
Clutch en Chile: La sutileza del empuje
Por Claudio Miranda
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Hay dos verdades respecto a Clutch. La primera es que su energía en vivo y en estudio le da la razón a Neil Fallon respecto a su declarado gusto por el metal, al punto de que se puede hablar de una banda cuya propuesta parece diseñada para el público metalero. La otra, y quizás mucho más objetiva que la anterior, es que Clutch es una banda de culto en todo su sentido. Su fundación en 1991 y el LP debut «Transnational Speedway League: Anthems, Anecdotes and Undeniable Truths» (1993), ambos coinciden con la explosión del grunge y el auge alternativo. Los de Germantown no encajan en ningún espectro y su propuesta, tal como le ocurre a sus contemporáneos de The Black Crowes, es tachada de «desfasada» y hasta ninguneada en los recuentos de la época. La diferencia es que mientras los Crowes gozan de una imagen que les valdría un arrastre considerable en el transcurso de la década, Clutch ve reducidas sus posibilidades a un selecto grupo de seguidores que abraza los valores del rock clásico, el blues y la música negra en sus formas más puras. Como hijos del rigor en un contexto de altas turbulencias culturales, apelaron a un sello propio bañándose en el legado de próceres como Grand Funk Railroad, James Gang/Joe Walsh, ZZ Top, Aerosmith, Creedence ClearWater Revival y otras leyendas que dejaron su huella en la década del ’70 que dos décadas más tarde se tradujo en un regreso épico -y necesario- a una escena que buscaba retomar la raíz de todo lo que amamos en el rock.
Poco más de treinta años, y con el LP «Sunrise on Slaughter Beach» (2022) ocupando la casilla 13 en un catálogo extraordinario, bastaron para concretar el debut en Chile que originalmente estaba agendado para 2020 (la emergencia sanitaria de aquellos días pudrió todo, lo sabemos). Justo una década después de poner el primer pie en esa visita histórica a Brasil, donde compartieron escenario con los ahora reformados The Sword. Ahora lo hacen con periplo sudamericano, con una alienación que lleva décadas funcionando como una máquina aceitada y un equipo donde todos juegan hacia el mismo lado, atacando y defendiendo en las mismas proporciones. Basta con que a las 21 horas, con «We Need Some Money» de Chuck Brown and the Soul Searchers como señal de alerta, los chicos hagan su aparición en el escenario sin necesidad de fanfarria ni nada parecido. Y al grito de «¡Santiago!» por el buen Neil Fallon, la descarga inicial de «X-Ray Visions» provoca el primer movimiento telúrico de la jornada. Una erupción de rock n’ roll, donde lo que importa es la música con su dosis justa de intensidad. Pegada, sin pausa que valga, le sigue «Firebirds», con Neil desplegando sus credenciales como frontman avezado a la altura de su rico vozarrón, moviéndose en el escenario como si estuviera en el living-room de tu casa. Secundado en sonido por el guitarrista y fundador Tim Sult, un músico de bajo perfil escénico pero con un talento en la guitarra que dice y provoca todo con lo justo y necesario. Ambas piezas son del aclamado «Psychic Warfare» (2015), un álbum que reboza en categoría y actitud como si se les fuera la vida en ello. En vivo, un binomio matador de entrada, con la gasolina de rock reluciendo su solidez al momento de echar andar el motor de una banda que no deja de arder un solo instante.
Aprovechemos de tasar el presente de Clutch, y la dupleta de «Slaughter Beach» y «We Strive for Excellence» llega en el momento ideal para aquello. Con qué swing te pueden hacer mover el cuerpo y, en otros pasajes, sumergirte en un trance hipnótico de groove desde el estómago. Los golpeteos tribales de JP Gaster y el bajo contundente de Dan Maines destacan a la par de lo que hacen Fallon y Sult, compensando la sobriedad visual con una labor instrumental que exuda bestialidad y calidad por igual. O lo que pasa en la más jazzera «Burning Beard», donde JP se pone la 10 mientras Neil Fallon la descose con esa voz con sabor a Jack Daniel’s. Tal como en su recordado videoclip, es como si la barba de Fallon realmente ardiera como la zarza frente a Moisés en la Biblia. Es lo que nos gusta de Clutch, la de hacer música que nos abra la imaginación y sea capaz de recrear imágenes en nuestras cabezas en base a un propósito genuino.
Si bien aplaudimos la importancia de mantenerse en forma para cada lanzamiento, el viaje al pasado es imperativo cuando tienes en tu repertorio misilazos como «El Jefe Speaks», la primera de las dos referencias en la noche al primigenio «Transnational Speedway League…». Rock pesado, con brochazos de hardcore lodoso, con el lado más ‘sabbathero’ aflorando en un ecosistema personal y la banda alargando el asunto con una sección intermedia, donde la dupla rítmica Gaster-Maines demuestra su materia prima. Mientras que «D.C. Sound Attack» nos devuelve ese ambiente de fiesta y camaradería, con cerveza en mano y como si fuera una reunión de viejos -y nuevos- amigos en casa. Lo que nos maravilla de estos tipos que tienen claro sobre lo que es tocar la música que te gusta, la música que se aferra a la integridad de quienes, músicos y fans, defienden a morir los principios de una era en que todo se movía a pulso y con identidad. Neil Fallon con armónica en mano, y después al cencerro como partícipe en la maquinaria instrumental. Es un tema de dedicación y trabajo duro, no hay «estrellitas» en Clutch sino trabajadores, todos poniéndose el overol. Porque de eso se trata el rock n’ roll, y estos señores ya entrados en sus 50s lo entienden todo desde que eran yogurines,
«The Mob Goes Wild», con un título así es imposible no incluirla en un concierto de Clutch. Locura máxima, al son de un hit-single que desata la hecatombe sí o sí. Y aprovechando la pasada al bestialísimo «Robot Tyrant», la vibra funk de «Subtle Hustle» -¡vaya título, por Dios!- transforma la cancha del club Blondie en una pista de baile, como en los ’70s. Tim Sult tiene todo el derecho de creerse Hendrix, así como Fallon emula leyendas como James Brown y Sly Stone a su manera, y profesa su amor a Funkadelic haciendo propio ese toque funk 70s al que muchos aspiran y pocos obtienen con éxito. Y el dominio de recursos por Dan y JP en la base rítmica, podría ser objeto de estudio en cualquier trabajo de musicología, lo que no quita en absoluto la diversión evocada hasta el sudor. También es bueno detenernos un poco para aclarar la diferencia entre el «sonido retro» y el sumergirse en una época determinada para volver al presente con su lenguaje reforzado. Y es que lo segundo es la gran virtud de Clutch, una banda compuesta por músicos con vocación de melómano. Una especie muy rara, y con toda razón, pero que una inmensa minoría agradece cuando se trata de viajar al origen de (casi) todo. Y, claramente, el trabajo de arqueología musical con cerveza en mano, puede ser tanto un privilegio como una gran responsabilidad.
Cuando salieron los primeros discos de Clutch, el grunge era el paisaje cultural de USA. Por ende, el disco homónimo (1995) tiene una jerarquía alienígena que en su momento no tuvo la comprensión de quienes se nublaban con la imagen «depresiva» de Kurt Cobain, el ídolo del momento. Y eso quizás potencia el culto generado por Clutch entre quienes se disponen a sucumbir ante el peso corrosivo de piezas como «Escape from the Prison Planet», de esos pasajes con harto ácido, literal y metafóricamente hablando. Y el lado psicodélico de la más sideral «Supergrass», aflora como una infección de catarsis sensorial que, reiteramos hasta que se nos plazca, se basta de nada de parafernalia y con las pelotas bien puestas. Es ahí donde la portada del segundo álbum de Clutch adquiere vida y dimensión propia. Como caminar sobre nuestro satélite natural, mirando hacia la esfera verde-azul que se encuentra a miles y millones de kilómetros. Y el mérito individual es de Neil Fallon, quien se entiende con los fans como si fueran amigos de juergas de toda una vida. No es solamente cantar, sino dominar al público y encantar dándoles lo que a todos nos gusta.
Ver a Neil Fallon con guitarra en mano en «A Quick Death in Texas», puede ser inusual. Pero el toque sureño que le pone en dicho capítulo del show, te deja ‘marcando ocupado’. Por lo que respiran durante décadas en la carretera; porque lo que inhalan al momento de escribir y grabar, lo exhalan ante un público que sabe lo que está abrazando. De ahí un nuevo viaje a los inicios, donde la parada en «Binge and Purge» puede disminuir la intensidad pero también aumentar el placer en todo amante del riff con sabor a cerveza o whisky. Lenta, mortífera, acechante, con una recta final detonando todo su arsenal restante… rock pesado, en su sentido más literal. Nótese que de la enorme bruma del corte perteneciente a «Transnational…» al groove pendenciero de «Cypress Grove», hay al menos dos fotografías distintas, unidas por un distintivo incorruptible. Clutch tiene eso que cuesta definir con palabras y tiene que ver con la cualidad de construir una atmósfera propia, donde conviven distintos estados climáticos en un solo territorio.
Lo que ocurre en «Sucker for the Witch» es rutilante. Un error en el arranque, con JP lidiando con algún desperfecto en la batería. Asunto arreglado y empecemos de nuevo, y le damos con todo. No hay poses ni conductas de rockstar, porque Clutch se debe tanto a su música como a quienes se impregnan de ella, sus incondicionales de todas las latitudes. Dejar la vida, mantener la energía en alto, sin decaer ni dar espacio a grietas. Neil Fallon nuevamente toma la guitarra, esta vez en el cierre del set regular con «The Regulator». Blues sureño, con sabor a whisky añejo, subiendo la intensidad con la exquisitez de los grandes por derecho propio. Y como broche de oro, primero el brío pantanoso de «Electric Worry», cuyo coro está hecho para que se te pegue en la mente, te guste o no. A estos muchachos no es que les guste el blues, sino que les hace echar fuego. En la vena de ZZ Top circa 1971-75. «Bang, bang, bang, bang… Vámonos, vámonos!», bien gritado y para la gente, porque esta música es para quien después de un día laboral encerrado en un escritorio, se va a algún tugurio de mala muerte a beber y escuchar música, como en su casa. Y el remate con «Fortunate Son», el clásico supremo de los entrañables Creedence…, no hace más que culminar una fiesta en toda su forma y esencia.
La duda sobre un regreso en el futuro es entendible. Por lo que costó traerlos a este rincón del mundo. Porque aunque no sea agradable decirlo, estamos hablando de una banda con una propuesta inclasificable y transversal, pero que deja en claro que el rock n´roll es una cosa y los «grandes nombres» son otra muy distinta. Aquí lo que cuenta es el esfuerzo por la excelencia, lo que deriva en una noche de paliza y purga a enmarcar. Con la sutileza de su propio empuje, Clutch mostró su cara pandillera entregándose al fragor de la locura, al igual que quienes estuvimos años y décadas esperando por esta cátedra de rock y emoción a flor de piel. Hasta la última gota de transpiración.
Windrose en Chile, el poder vikingo se tomó Club Chocolate
Por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Fotos por Francisco Aguilar @FranciscoAlguilar.Ph
12 de julio del 2024 será recordado en el día en que el quinteto WINDROSE debuto en Chile junto a la gran presencia de su líder el vocalista Francesco Cavalieri. Con 10 años de carrera y 5 discos de estudio es que por fin esta agrupación italiana pudo visitar Chile, donde sin dudas hay grandes fanáticos del genero metal y sus derivados. Embarcando desde la ciudad de Pisa con todo lo mejor de su repertorio resumido en un powermetal y folk inspirado en las novelas de J.R.R Tolkien.
Entregando un show con matices épicos donde además tuvo la oportunidad de una apertura potente y sensual con el quinteto DOGMA, quienes partieron puntualmente su show pagano desde las las 20 hrs. Señalar que DOGMA debuto en Chile el día anterior en un acalorado show en RBX junto a los nacionales Chaos Magic, grupo donde participa Caterina Nix y Nasson.
Ya enfocados en Club Chocolate, es que llegamos al local en una tarde fresca muy ad hoc acompañados del frio invierno helado que estamos . Quedan 10 minutos para el show de Dogma y podemos decir que ya hay ambiente de una fanaticada que desea consumir heavy metal y rock de calidad. El local ya esta en un 80% de su capacidad. Se ven hartos martillos de Thor de plástico y muchos disfraces de duendes y el mundo de fantasía que espera al numero principal Wind Rose.
Pero lo de Dogma, fue realmente interesante de ver y escuchar. Interpretando varias mezclas como por ejemplo del heavy metal, el power metal movimientos cercanos al progresivo que nos muestra 5 féminas con mucho poder y presencia que logro conquistar al publico nacional quien escucho con mucho respeto y también se prendió en varios pasajes del show, el cual repaso fue un repaso express por su discografía dándose el tiempo además de tributar a grandes del rock y del metal con un meddley tributando a Pantera, Slayer, Maiden y mas…..que entretuvo al ya acalorado publico del Chocolate.
21:15 hrs y los italianos por fin ya están sobre el escenario de un extasiado club, el quinteto parece sacado de la antártica rodeados de pieles y armaduras transmitiendo esta increíble atmosfera de las novelas y todo el rollo que rodea la mística de Tolkien. Al primer segundo el ya repleto respetable nacional se entrego desde el primer segundo a los italianos quienes interpretaron un show perfecto para el estilo, recibiendo el cariño y el aliento con cada canción interpretada, la cual repaso hartos hits de su carrera en 10 años y 5 discos de estudio. Se nota que el quinteto disfruto mucho el show en estas tierras, se les veía en el escenario tomando cerveza relajados y disfrutando cada segundo… La mezcla del powermetal con el folk mas místico realmente entregan un sonido único a una banda única.
Setlist DOGMA
Intro
Forbidden Zone
Feel the Zeal
My First Peak
Made Her Mine
Carnal Liberation
Free Yourself
Bare to the Bones
Make Us Proud
The Tribute
(Walk / The Trooper / Master of Puppets / Symphony of Destruction / South of Heaven / Laid to Rest )
Pleasure From Pain
Father I Have Sinned
Setlist WIND ROSE
Army of Stone
Fellows of the Hammer
Drunken Dwarves
Mine Mine Mine!
Gates of Ekrund
The King Under the Mountain
The Battle of the Five Armies
The Art of War
Tales of War
Together We Rise
Diggy Diggy Hole
Diggy Diggy Hole (Dance Remix)
Tomorrow Has Come
I Am the Mountain
Tons of Rock 2024, el metal estuvo de fiesta
Por Hyalmari Kansikas Basualto.
Nuevamente estoy acá para poder relatarles lo que fue mi experiencia cubriendo los 4 días de Tons of Rock 2024 para Sonidos Ocultos desde Oslo, Noruega.
Antes que todo cabe mencionar que no haré ningún tipo de review de bandas puesto que no soy crítico de música y más me concentraré en el festival en sí. Grandes monstruos del rock y el metal se presentaron este año:
Metallica, Tool, ZZ top, Europe, Saxon, Opeth, Katatonia, Mr. Bungle, Turnstile, Judas Priest, Abbath, Kreator, Cavalera, Avantasia, Satyricon y Greta Van Fleet que entre otros hicieron de este año un encuentro increíble para sus fans y seguidores.
Por lo que vi en el público hubo mucha concurrencia en los conciertos. Tanto público viejo y joven se unieron en cada concierto para alentar a sus bandas y apoyar entre coros y gritos a sus ídolos de ayer y hoy. En mi caso fui a ver a Mr. Bungle(Mike Patton y compañía siempre dando la nota alta con su calidad musical y locuras sobre el escenario), Opeth, Katatonia, Cavalera, Greta Van Fleet y Tool. Todos ellos dando un show de altísimo nivel y con una buena recepción y respuesta por parte del público que los fue a apoyar.
También me lleve unas gratas sorpresas con bandas que no conocía tales como Turnstile, Kreator, Nova Twins, Skynd, Empire State Bastard, All Them Witches, Palaye Royale, Uriah Heep, Extreme, etc.
Como ya estoy entrando a ser un viejo rezongón y quejica , ya no me dio el cuero de ir a ver a todas las bandas ni tampoco poder sacarle fotos a todas ellas. Las patitas me cobran descanso y estoy seguro que las bandas que no alcance a ver lo dieron todo en el escenario y se la jugaron por su gente.
Ahora hablaré de la organización y el trato humano del festival hacia el público y sus trabajadores y como todos en conjunto hicieron de este año un año inolvidable. Me dan unas ganas enormes de hacer un copy/paste con el artículo del año pasado ya que se repite todo lo que se vivió en ese entonces. Tons of Rock increíblemente preocupado por el bienestar del público. Los mismos medios de preocupación: cantimploras desechables para que la gente las pueda llevar consigo mismos y rellenar de agua en cualquier momento en alguno de los 6 puntos donde uno podía sacar agua GRATIS.
Protección contra el sol. Nuevamente este año se repartió de forma gratuita protección solar en base a cremas para la piel. Incluso alguien me dio una protección para labios, Todo para que nadie se queme con el sol y entre a enfermarse. La seguridad en los conciertos estuvo bajo la responsabilidad de la empresa Securitas quien trataron al público que hacía Crowd Surfing con el mayor de los respetos cuando llegaban a la parte delantera del escenario. En ningún momento vi algún trato abusivo hacia nadie y en cada concierto estuvieron ahí también repartiendo agua para que nadie se deshidratase.
En cuanto a locomoción, Tons of Rock proporcionó nuevamente de manera gratuita buses desde el centro de Oslo hacia el festival. Aparte de esos buses están las alternativas de tomar el metro, tranvías y taxis. Pero por economía el taxi no se recomienda. Muy salado!
A la gente de prensa se nos trató muy bien: acceso a bebestibles varios, cosas para picar, acceso a baños privados, cremas de protección solar y la seguridad de que en la tienda de prensa nada se pierda si es que quisiéramos dejar nuestras pertenencias sobre las mesas(algo muy clásico de la cultura Noruega llamada Honestidad)
Tal como el año pasado hubo un sector dedicado a otro ámbito del festival tal como es el arte. Hago un pequeño paréntesis para destacar el trabajo de Toto Lara un artista Chileno quien tuvo la oportunidad de presentar sus obras de estilo Dark/Pop en el sector designado llamado TONS OF ART.
Para finalizar no me queda otra cosa que seguir insistiendo en que Tons of Rock es un lugar al que deben venir a visitar y venir a vivir la experiencia por sí mismos acá en Oslo. La gente es buena onda y son muy serviciales. Siempre estarán dispuestos a ayudar si es que se presenta una ocasión y no dudaran en dar una mano si es que la necesitas.
Vengan a Tons of Rock y no se lo pierdan. Se que no se van a arrepentir ya que la vida hay que disfrutarla y como lo dijo Hans Christian Andersen:” Disfruta de la vida, hay tiempo de sobra para estar muerto
Evergrey y The Obsessed: Encuentro de dos mundos atlánticos
Por Claudio Miranda.
Fotos por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos.
Es complicado empezar esta reseña para quienes nos acostumbramos a ver la música como un conjunto de ecosistemas. Difícil referirnos al encuentro de dos mundos brutalmente distintos uno del otro, al menos en estos tiempos. Y con toda razón, si la noticia de Evergrey y The Obsessed unidos en un solo escenario los pilló a muchos de sorpresa, al punto de los segundos tenían un cartel de festival doom que después quedó relegado al de un representante nacional del estilo.
Difícil y hasta abrumador este encuentro entre dos naturalezas distintas, al menos por cómo se dio a conocer durante la semana previa. El prog-power metal de los suecos y la historia del doom metal americano al estilo de Black Sabbath, sólo por sus propuestas parecen chocar de manera inevitable. Públicos distintos, filosofías totalmente opuestas una respecto a la otra. Por ende, significó una apuesta de la produtora Chargola hacia algo impensado y arriesgado. Al menos para estos tiempos en que la escena del rock/metal está atomizada en géneros y subgéneros cada vez más dogmáticos en sus líneas correspondientes.
Repasemos un poco el presente de Evergrey. Una agrupación que se encamina a sus 30 años con su fusión de power metal y progresivo al estilo europeo del cambio de milenio, donde el virtuosismo y el buen gusto derivan en una firma para entendidos. Se entiende el culto al menos entre los seguidores más acérrimos, reforzado en estos días con el estreno del flamante «Theories of Emptiness» hace poco más de una semana. Con Tom S. Englund en la capitanía, los de Gotemburgo destilan un presente fulgurante y el retorno a Chile, a pesar del reducido arrastre, era cosa de tiempo.
Nos vamos ahora con un debut histórico y esperado durante décadas por los fans del riff lento y real en Chile. Y es que el lanzamiento reciente de «Gilded Sorrow» nos presenta a The Obsessed en plena forma, como en esos años ’90s cuando el estilo se camuflaba con la facción más dura del grunge y la (entonces) nueva camada doom portando el estandarte de las huestes de Birmingham. El plus de The Obsessed, además de su firma arraigada en el riff maldito como declaración de principios, radica en el liderazgo de Scott «Wino» Weinrich, un fan de Black Sabbath y The Dictators con paso por los supremos Saint Vitus y fundador de otros mil proyectos, destacando Spirit Caravan, Place of Skulls y The Hidden Hand. Sin duda, un personaje que se ha jugado la sangre por el rock pesado sin colorantes ni saborizantes, donde el peligro y la honestidad convergen en un estilo tan poderoso como incorruptible.
El arranque de la jornada estuvo a cargo de Delta, buque insignia del metal progresivo en Chile. Una institución que merecía más público presente, pues el estreno de «At Last Vol.3» el año pasado fue el impulso necesario para volver al circuito en vivo en plena forma. Con Paula Loza en la voz y el guitarrista Víctor Quezada, hay nuevo bríos, hay una energía que se renueva y que en el directo se vuelve un deleite tanto para los fans de años como para algún curioso que deseaba conocer su propuesta. Y esa es la idea, pues el grupo liderado por Nicolás Quinteros en teclados y Marcos Sánchez en el bajo, no se queda en la fórmula segura sino que apela a la entrega y la dosis de virtuosismo requerida con ráfagas de metal moderno. Un privilegio, sin duda, para un Cariola con asistencia a 1¼ de su capacidad a esas horas.
El lanzamiento de «Epopeya» hace una semana te habla del momento que vive Yajaira en lo que van casi 30 años en la ruta. Si hablamos de rock pesado en Chile con toda propiedad, Sam y Comegato -este último con polera de The Obsessed- tienen mucho que decir aún. Desde el primer fuego con la clásica «Escombros», y con el Cariola registrando una asistencia mucho más numerosa, cambia la cosa en el lodazal de música pesada con efecto lisérgico en la mente. Y en un set acotado en tiempo, nos gusta la forma en que «Hormigas» y «Dámelo» se hermanan con las recién estrenadas «Las Pestes» y «Epopeya», intercambiando lugares entre la intensidad del rock garajero y la psicodelia con un descontrol fluido. Por cierto, si se hablaba de «el jamón del sándwich» por el orden de las bandas, acá el principio se cumple por convocatoria. Y con justa razón.
Sin preámbulo ni aviso previo. Dos cucharadas y a la papa. El martillazo en el cráneo con «Brother Blue Steel» y asumimos de inmediato que el sueño se hace realidad para los amantes del sonido pesado en su forma literal. Wino es el capitán y The Obsessed es la nave estelar que surca los rincones ignotos del rock, donde otros suelen naufragar y no vuelven para contarlo. Con apenas un espacio breve de tiempo para respirar, «Streamlined» se te viene encima como una locomotora a vapor. Un par de clásicos que te dejan K.O. a la primera, al igual que la más nueva «Daughter of an Echo». Un pasado glorioso y un presente que brilla por su juventud intacta, ya sabemos que el tiempo en vivo, dentro de lo acotado que será, también hay que aprovecharlo a concho.
Así como «Sacred» confirma en vivo la bruma de peligro con que The Obsessed preserva sus credenciales en los 2020′ como en los ’90s, «Streetside» puede zamarrear hasta al más escéptico. Dentro del disfrute, se da el momento para apreciar las virtudes de Wino como un cantante de vozarrón bañado en aguardiente y guitarrista de habilidad extraordinaria. Sobretodo en los solos, donde comparte labores con Jason Taylor como si fueran compadres de cuerdas durante toda una vida. Ahí el ojo certero de Wino al momento de reclutar veteranos de mil y una guerras. Y ahí también reluce el despliegue de Chris Angleberger en las bajas frecuencias, un músico que se basta de una resistencia física adecuada cuando se trata de llegar al final de cada canción sin decaer un ápice la energía. Una alineación que gana y golea en la suya, con el baterista Brian Costantino completando el cuadro.
El tiempo, como dijimos, es corto y eso explica el desfile constante de «Blind Lightning», «Punk Crusher», «To Protect and to Serve» y la más antigua «Tombstone Highway». Y es que a pesar de que en algún momento la voz de Wino pierde volúmen, se nota a kilómetros su sola presencia como un forajido que prefirió mil veces aferrarse a su integridad que transar aquello por «relevancia». Por algo es que «Endless Circle», «Gilded Sorrow», «The Way She Fly» y «Skybone», a pesar de las distancias que las separan en sus edades, se hermanan como muestras de honestidad y compromiso con lo que las hace ser abrazadas por los devotos del rock más crudo y frontal. Dicen que si no es peligroso, no es rock. Y The Obsessed tiene eso que nos recuerda la gracias de esta música que no busca caerle bien a nadie, sino incomodar al status quo. Como debe ser siempre.
Hacia el final con «Hiding Mask», «Mourning» y «Sodden Jackal», nos quedamos con la fotografía de un sonido que se basta con lo justo para provocar un aluvión sónico. No el de la velocidad que nos suele nublar, sino el de un pozo séptico que desborda todo su hedor y cochambre frente al poder establecido. No cabe duda de que la gracias de The Obsessed en vivo no va por una gran producción escénica, sino por la rectitud que Sino y sus colegas de viaje proyectan ante los devotos de un estado anímico no apto para «curiosos». El peso de la existencia humana tiene en The Obsessed su banda sonora, y a Wino como la voz de quienes sabemos que el rock vive y se mueve de acuerdo a sus propias reglas.
Eran las 22:30 y a pesar que al local no estaba al de su 100%, si había gente muy fanática del grupo sueco el cual se encuentra liderado por el único fundador sobreviviente, el guitarrista y cantante Tom S. Englund. En la intro del grupo se escuchaba un prendido público chileno en el Teatro Cariola gritando en conjunto «Evergrey, Evergrey, Evergrey», cual barra brava del metal, entregando un poco de temperatura al ambiente, para ir saliendo de a poco del doom anteriormente recibido. El quinteto salió a escena con mucha fuerza, potencia y autoridad, entregando un metal progresivo que transita constantemente al rock del mismo estilo.
Recordar además que el grupo lanzó hace pocos días su nuevo trabajo «Theories of Emptiness», del cual interpretaron 4 temas como el mazazo inicial «Falling From the Sun» y el single «Say», el cual ya cuenta con su videoclip. Del mismo recién salido álbum, sonaron también las potentes «Theory of Emptiness» (que es el intro-cierre del álbum), para desembocar con «Misfortune», otro de los puntos altos de dicha placa. El show, además, transitó por varios pasajes de diversos tracks de álbumes del proyecto, mostrando una banda con fiato quirúrgico y derrochando un espectáculo de música con sonido realmente brutal. Desde capas de teclado intensas, y fundamental en el distintivo de los suecos, hasta los riffs interpretados por una guitarra densa y rápida. Un show de una hora y quince minutos, suficiente para dejar satisfechos a los comensales, quienes pudieron disfrutar del día del padre de una forma amena junto al rock y el metal.
En resumen, fue una grata jornada donde el doom y el metal progresivo pudieron convivir sin ningún tipo de problema, demostrando que el rock y el metal son una comunidad en torno a los sonidos del underground. Demostrando que en Chile también hay buenas propuestas, en todos los estilos y dejando de lado las diferencias de mundos, entregando calidad con Delta y Yajaira en sus respectivos epígrafes. Por lejos, y pese al contraste de estilos y comunidades en apariencia, fue una excelente oportunidad para la recepción de quienes observan y dan la bienvenida a lo distinto, todo desde ambos lados del charco musical.
Discharge en Chile: Pesadilla hecha realidad
Por Claudio Miranda.
Fotos Francisco Aguilar.
Partamos de que no se puede entender la música extrema sin Discharge, con el permiso de sus contemporáneos Venom y Amebix. De que tanto «Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing» (1982) como los singles y EPs que le orbitaron en esos años, daban cuenta de un estilo que llevó la revolución punk del ’77 a un nivel de brutalidad execrable. No solamente le debemos a los de Stoke-on-Trent la creación de géneros como el D-Beat o el crust-punk, sino que fue posible gracias a su rabia intratable que el thrash metal y sus derivados surgieran como impulsos salidos directamente de la tripa. El movimiento UK ’82 no fue solamente una continuación de la escandalosa aparición de los Sex Pistols en la ribera del Támesis, sino una forma de ladrarle en la cara al status quo. En un tiempo de crisis social y política, y donde las ganas de mandar todo rasgo de corrección política-moral a la resta lo era todo. Es la banda sonora de un Londres sucio y nauseabundo, quizás no muy distinto a Chile en plena dictadura. Y tampoco muy diferente al entorno actual.
Tras una serie de intentos por traerlos a Chile, el anuncio de su debut largamente esperado supuso lo que se vendría la noche del sábado 15 de Junio en el Teatro Coliseo. No solo hablamos de un estandarte del hardcore punk británico que arrasó todo Reino Unido en 1982-83, sino de una agrupación de culto que unió mundos tan distintos en apariencia y muy similares en su propósito. Y en Chile, tanto para la generación que descubrió este aluvión de violencia sónica en el circuito más underground como para las siguientes que terminaron por formar un culto a la música más densa y mala leche, los ribetes históricos son entendibles. No es solamente la música en sí, sino lo que encarna desde hace más de cuatro décadas un nombre embajador de quienes no tienen nada y lo gritan todo. Y cuando hablamos de Discharge, al menos en Chile, las imágenes de aquel Chile oscuro y con la represión policial a la orden del día, cobran una fuerza que no entiende opiniones relativas sino que observa hechos.
Si bien fue lamentable la repentina cancelación de Midnight y Havok, los otros nombres del cartel en la actual gira sudamericana, esto debido a una negligente control policial en Perú, sería injusto quedarse a analizar y descuerar lo que terminó siendo una noche histórica. Porque a pesar de la urgencia, hay que destacar lo que hacen los veteranos de Actitud Contra Cultural, una agrupación que se viene rompiendo la espalda desde finales de los ’90s gracias a su propuesta arraigada en el hardcore más extremo. Como fans de Napalm Death, Terrorizer y Extreme Noise Terror, la patada inicial con «Distancia Social» te deja en claro que su propuesta apela a la contingencia y lo hacen sentir en vivo con la contundencia requerida cuando la velocidad y el contenido van de la mano. Incluso se hacen acompañar en la voz del buen Yury Salinas (Matahero, Corporatocracia), cuyo vozarrón y sello en escena se complementa con el chorro de hardcore desde el estómago que ACC dispara sin distinguir credo ni vereda política. De ahí la laceración que «Transcriminal» y «18 de Octubre» –«el sueño que nunca se cumplió», ¡nada más!- adquieren en un país marcado por la estupidez y la farra olímpica. Y de eso se trata.
Los misilazos que son «Derecho a la Rebelión», «Avatar» y «Crisis«, todos en el directo adquieren una recepción a lo mejor tímida por la cantidad de público presente a esas horas. Pero también nos permite apreciar el recorrido de una agrupación que no tiene ninguna intención aparte de escupirle en la cara al poder, del lado que sea. Y con toda razón es que su más reciente LP titulado «Derecho a la Rebelión» (2022), lo que ‘sugería’ en el estudio lo brama en vivo con la ferocidad propia de una música que no se aferra a nada ajeno a su integridad. Un gusto lo que hace ACC en vivo, dos cucharadas y a la papa. Y se agradece más como parte del soundtrack de un país cada vez más cerca del abismo.
En poco más de media hora, el Coliseo se transformó en una caldera, con una horda de personas entrando en modo avalancha, como celebrando un triunfo. Entre las chaquetas de cuero y los cortes mohicanos. Entre las camisetas de Motörhead y las chaquetas remachadas con poleras de Charged GBH y The Exploited. No hay distinción de tribus cuando la música sucia y amarga es lo que importa. Y con una intro de sonido pesado en modo ‘drone’, «The Blood Runs Red» termina por hacer arder y explotar todo, como un fósforo arrojado a la bencina. No es un mar de gente, sino un maremoto de personas hambrientas de violencia sónica, una celebración incontenible de inicio a fin. Capitaneados por el buen ‘Bones’ Roberts, y casi sin pausas, «Fight Back» descarga en su totalidad el hálito primitivo de Discharge, el del amanecer de los ’80s en un contexto marcado por el terror a la hecatombe. Y completando la primera tripleta de la noche, una aplastante» Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing» cantada cpon puño en alto por un público que, a esas alturas, no se diferencia por gustos musicales sino por el desahogo hasta el sudor.
Sabemos que Cal Morris es un histórico y dejó su huella grabada a fuego, pero el despliegue de JJ como voz y frontman tiene todo eso que nos gusta de Discharge. Un sentido de integridad a la altura de su grito cavernícola, adjunto a la manera en que interactúa con la gente. Y es así como «The Nightmare Continues», «A Look at Tomorrow» y «Drunk With Power» caen como bombas hasta dejar la cancha del recinto como zona de desastre. No es Londres en 1982, sino Santiago en 2024, una postal histórica que resurge como un sentimiento a prueba de todo análisis rebuscado. Un bombardeo de violencia y honestidad que incluye cuerpos volando, fans desafiando a la seguridad en el escenario, y una maratón de ejercicios cardio con la «música de fondo» ideal para aquello. Nos cuesta medir el efecto devastador de Discharge con el estándar de los ‘clásicos’, porque a cuarenta años o más, ese solo trinomio de himnos parece resumir la estupidez de nuestra época y la de ayer.
«A Hell On Earth» y «Cries of Help» continúan el desastre, incluso lidiando por ahí con alguna falla técnica. Y nada de eso logra socavar, por ejemplo, el dominio instrumental de Bones, un fanático de Black Sabbath que le da voz propia a su sonido en la guitarra. Un ‘ruido molesto’ de marca registrada, secundado en la construcción de tamaña muralla de clavos por Tezz, quien fue el cantante original y baterista histórico en los inicios antes de tomar la guitarra hace una década. Y completando el núcleo histórico, la solidez de Rainy en el bajo es tan admirable como escalofriante. Ellos juntos durante más de cuarenta años, tocando música sin intención de agradarle al resto. Como ocurre en «Ain’t No Feeble Bastard» y la fundamental y celebrada a rabiar «Protest and Survive», sigue en pie la animadversión hacia el sistema imperante y hay que agradecerles por recordarnos lo qye hay más allá de un género musical.
Una tras otra y sin espacio a la clemencia, «Hyperload», «New World Order», «Corpse of Decadence» y «Hatebomb» nos ponen al tanto de lo que viene haciendo Discharge durante los 2000 en adelante. Entre medio, J.J. se da el tiempo de poner orden y pedir, a chuchada limpia, que se mantenga el respeto, y mucho más si en cancha hay alguien desmayado por la sofocación. A veces olvidamos que el hardcore-punk y similares no es solamente el mosh y el caos absoluto, sino disfrutar respetando al otro. Algo que en Chile al menos nos cuesta aprender, aunque nada raro tratándose de un país donde se perdió el respeto a partir de cierta fecha fatídica. Pero nunca está demás el reto sin sutilezas, porque lo que nos gusta de Discharge es que lo suyo va por decir las cosas como son y a la cara. Es lo que se celebra, lo que se transpira de manera transversal y a la vez, se dirige hacia unos pocos que abrazaron la génesis de la música extrema como un impulso para decir todo a riesgo de terminar sin nada.
La imagen del público apropiándose de «Never Again» y «State Violence State Control» como himnos de protesta y supervivencia en el apocalipsis, hay que verla en blanco y negro para quienes sabemos que acá no hay visiones intermedias ante la injusticia. No hay paleta de colores ni escala de grises que pueda medir lo que provoca la música más extrema y cochambrosa que haya concebido el ser humano. Por otro lado, y rematando el set regular, la batería de Proper dando una cátedra de D-Beat hasta la última gota de aguante en «Realities of War», es una muestra gráfica de lo que significa Discharge como institución a prueba de toda etiqueta. El mantener la velocidad constante hasta el final, completando junto a Rainy una base rítmica a la cual el thrash y el death metal le deben todo. Ni hablar del black metal nórdico.
Si la seguridad en el escenario se vio sobrepasada en varios pasajes, la bengala que voló hacia Proper pudo tener consecuencias graves. Por lejos, el único punto negativo en una jornada de celebración, por los mismos de siempre que demuestran «cariño» en la forma errónea. Curiosamente, «Accesories by Molotov» estaba ahí en el repertorio, como anillo al dedo, seguida de «War is Hell», otro proyectil de hardcore sucio y repleto de contenido en su justa medida. «You Deserve Me» también dice ‘presente’ como uno de esos himnos de la era moderna, sosteniendo la metralla implacable que Discharge dispara sin miramientos. Y ya que hablamos de destrucción total, «The Possibility of Life’s Destruction», literalmente, hace posible y real el final de toda vida existente y hasta por haber.
El broche de oro con una extendida «Decontrol», con Tezz y Proper luciendo capuchas como las de Midnight, no puede ser más épico e incendiario. En la magnitud de lo que evoca Discharge como un nombre no apto para turistas ni curiosos. Simplemente, te gusta o no te gusta. No es una banda para quienes buscan «vivir la experiencia», y eso es señal de diferencia en cualquier época. Como el lugar que habitamos; no es un mundo feliz ni hermoso, sino que refleja lo peor de nuestra condición humana. Y el efecto de catarsis y purificación que generan los ingleses en el directo, es coherente con el propósito y el discurso vociferados hasta romper la voz. Bengalas, prendas volando sobre el campo de batalla, y otros objetos disparados al aire. Sin duda, Discharge es una pesadilla hecha realidad para quienes se empeñan en defender lo determinado. Donde otros abogan por la corrección política, sólo una minoría apela a la protesta y la supervivencia en un mundo no muy distinto al infierno que nos espera como destino.
ATER en Club Subterráneo: El eterno culto a la oscuridad.
Por Meryth
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
El black metal de ATER remeció los cimientos el pasado 19 de abril con el lanzamiento de su segundo disco de larga duración Somber, el cual se sumerge en enrevesados nuevos tintes con arreglos altamente inquietantes dando aún más profundidad y perfeccionismo a lo que ya venían realizando desde su primer trabajo Eternal Gray Spiral y que esta noche (8 de junio) recorrieron íntegramente en una presentación en vivo de lujo.
Para toda velada oscura se requiere una presentación intachable que abra magno evento y en esta ocasión los encargados de guiar el camino hacia las sombras fueron Luxferre con su Doom Post metal, presentando su disco Faces lanzado el 2022. El sonido es perfecto desde el primer segundo cuando comienzan a sonar los crudos acordes, una mezcla de intrincados riffs de guitarra que se sumergen en la profundidad del bajo para acompañar la voz cuyo registro es asombroso. Envolviendo a los asistentes en una atmósfera cálida y oscura cual camino al averno, las letras introspectivas parecen chocar con los golpes estruendosos de la batería que se vislumbra desde el fondo.
Los santiaguinos nacidos el año 2011 se lucen tras sus instrumentos y se pasean por “Voices”, “The End Begins” (un adelanto del próximo disco de larga duración que verá la luz el 2025) y “About Loss and Hope” con total naturalidad creando una atmósfera penetrante e hipnótica entre quienes llegan temprano al recinto. El choque instrumental de las teclas en perfecta concordancia con la voz profunda y gutural que canta los rezos de las composiciones se mezclan con la puesta de escena sencilla la que permite crear una entropía sonora llena de acordes nostálgicos y dolientes perfectamente ejecutados en donde lo único que importa son los ecos sonoros que invaden el local. Esa exquisita mixtura entre la técnica, la oscuridad y el shoegaze intrigante hicieron que la presentación de Luxferre fuese del más alto nivel, agradecido por todos los presentes con aplausos y vítores.
Para continuar con esta tremenda noche, el sonido se recarga de potencia para introducir a Target quienes vienen presentando su último álbum Deep Water Flames. El Death metal técnico de los locales no se hace esperar y acapara el aire del Subterráneo para retumbar de pared a pared, los riffs rápidos y las aceleradas percusiones polirrítmicas se hacen dignas de aplausos de quienes los acompañan desde el frente del escenario mientras que el inigualable rugido vocal se luce al interpretar “Blackwaters” demostrando desde un comienzo la expertiz innata del cuarteto.
Como adelanto del próximo disco de estudio A Swarm of Destinies, llegan “Heart of Sand” y “Animavore”, temas cargados al black metal cuyo nuevo sonido va proporcionando una brisa de frescura macabra a la banda que destaca por la solidez en cada una de las canciones que compone. Y si hablamos de sonido, este es simplemente extraordinario, la enrevesada batería choca con el gutural vozarrón que proyecta solo fuerza en cada letra que profesa. Un juego de riffs rápidos y potentes completan los acordes que, como ondas, recorren desde la punta de los pies hasta erizar el cuero cabelludo haciendo cabecear a los fanáticos al compás del rugido potente de cada canción. “Inverted Gloaming” y “Orphans” que también viene a estrenarse, cuentan con todo lo que se necesita para un acierto musical; los arreglos melódicos de los temas son lo bastante oscuros como para sumergirse en el traslape entre un Death metal de antaño y sonidos sugerentemente progresivos, trascendiendo los estándares y desbordando solo potencia, talento y maestría. La impecable presentación de Target finalizó entre aplausos y gritos de admiración por parte de toda la concurrencia presente en el recinto, dejando a los oyentes expectantes y ansiosos por el disco a estrenar que, claramente, será una nueva joyita para el género metalero profano, oscuro y sin límites.
A las 21:50 de la noche, aparece en escena el trío chileno-americano de ATER entremedio de una ambientación digna de magnánimo encuentro con la oscuridad. El palpitar instrumental que introduce su primer tema “Descending” es solo la primera gota melódica que explota energética y que se va llenando de potencia con el avanzar de las horas. El paseo armónico que arman las canciones de Somber se sobrepone con los sonidos altamente sincopados que aparecen en las composiciones, haciendo que el Black Metal trascienda de una manera increíble. “Through the Portal” es interpretado con una técnica impecable, los guturales profundos que se acompañan de la instrumentación casi de ultratumba crean la sensación de estar escuchándolos en un plano alterno, malévolo y oscuro.
“Ignis Inmortalis” como himno a esta oscuridad invade cada rincón del recinto, se siente la atmósfera sombría como manto nocturno sobre las cabezas de los asistentes que pese a la lluvia santiaguina han llegado para aplaudir y vitorear al trío que refulge con perfección técnica sobre el escenario. El característico sonido del black se entrelaza con lo extremo del death metal y lo técnico del progresivo para dar vida a un disco intenso y original. Las túnicas utilizadas le entregan a la presentación en vivo la ambientación perfecta, un ritual oscuro y macabro que se condice con la música que profesan. “Shrine” y “Sæculi Fine” hacen de lo suyo entregando un pool de gruñidos ultra tumbos seguidos por la rapidez de los instrumentos que la secundan. El intrigante nido atmosférico de “Solitude” es perfecto final para una presentación inmaculadamente profana que se despide entre aplausos y gritos por parte de todos aquellos que esta noche pudieron presenciar el sonido único y extraordinario de ATER quien cubrió de melódica oscuridad el alma de todos quienes tuvieron la fortuna de poder escucharlos en vivo.
Setlist Luxferre:
Voices
The End Begins
About Loss and Hope
Setlist Target:
Blackwaters
Heart of Sand
Surge Drift Motion
Animavore
Inverted Gloaming
Orphans
Setlist ATER:
Striges
Descending
Somber
Through The Portal
Ignis Immortalis
Shrine
Sæculi Fine
Solitude


























































