El death metal técnico se tomó Sala Metrónomo junto a Cryptopsy, Atheist y Overtoun
Por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos.
Fotos por Francisco Aguilar.
Sin dudas lo vivido el pasado 19 de febrero del 2025, quedará registrado como una de las jornadas mas brutales vividas en Sala Metrónomo, icónica sala de conciertos ubicada en el corazón de Santiago. Volviendo al primer punto vivimos un real encuentro de death metal técnico, con destacadas bandas de dicha escena que lograron entregar una lluvia de riffs pesados que sin duda no dejaron indiferente a los asistentes que repletaron dicho recinto. Lo curioso es que ambas bandas internacionales coincidían en su segunda visita al país. Cryptopsy después de 10 años llegaba nuevamente desde Canadá a estas latitudes. Desde Estados Unidos hizo su arribo la agrupación con 40 años de trayectoria ,Atheist, banda que volvía a chile después de su debut por allá en el ya lejano año 2019.
El número de apertura estuvo a cargo de OVERTOUN, sin duda una de las grandes y jóvenes bandas de metal que tenemos en la actualidad y quienes se encuentran ad portas de presentar su nuevo disco de estudio. La cosa partió puntualmente a las 19 hrs con una gran energía por parte del cuarteto, la cual se nota tiene bastante oficio a pesar de no contar con tantos años de trayectoria. Lo bueno es que el publico llego temprano y apoyo el show del cuarteto comandando por el carismático vocalista Yoav Ruiz-Feingold quien también participa como bajista en Atheist. Lo temas interpretados en la media hora de show que mas me sorprendieron en su ejecución fueron «Toxin» y «Pitch Black» además de las canciones nuevas que la banda pudo presentar. El respetable conecto de inmediato con la banda dejando la vara muy alta para la masacre sónica que vendría a continuación.
Era el turno de Atheist y con una gran puntualidad se apagaba la luz de la sala metrónomo, inmediatamente ya con la banda en escena se presenta un pequeño problema con el sonido, situación que fue corregida algunos minutos después, logrando la tranquilidad de la gran cantidad de personas que fueron a ver a esta banda norteamericana. Y realmente este grupo presento un show redondo y notable, entregándonos un metal progresivo con tintes experimentales que por supuesto también tiene el death metal bastante arraigado en el ADN del grupo. A esta altura la sala ya estaba repleta o al menos en un 90% de su capacidad. El grupo por supuesto tuvo un abanico de hits, transitando por su discografía destacando grandes clásicos como «Mother Man» y «Piece of Time» últimos dos track con el cual la banda termino el excitante y sorprendente show. Realmente los asistentes quedamos sorprendidos por un show redondo, potente y carismático y también muy virtuoso sobre todo por su guitarrista principal quien se robo la película con sus brutales riff y punteos recordándome a Chuck de DEATH por la gran habilidad en interpretación y ejecución.
Ya con la energía en la nube o en el infierno como usted prefiera decirlo, salía a escena el plato principal. Cryptopsy desde Canadá y por segunda vez en Chile después de 10 años, saliendo a la cancha un cuarteto con una gran presencia sobre la escena demostrando que la sencillez en el metal también es una virtud. Mostrando y entregando desde el primer segundo una alta dosis de death metal, de esos sonidos mas brutales y de la vieja escuela. Guturales, gritos, rapidez y una ejecución perfecta por parte del grupo en su totalidad, que con una hora de show logró desatar los mosh mas brutales en lo que va este 2025. Si bien se destaca la participación de cada integrante debo detenerme en la labor del baterista Flo Mounier, quien realmente se robo la película con una brutal ejecución, sin errores y al grano.
La agrupación originaria de Canadá repaso canciones de los discos: «None So Vile»,»As Gomorrah Burns» ,»Blasphemy Made Flesh» y «The Book of Suffering: Tome II»,a saliendo del primer disco señalado 5 canciones, las cuales fueron las mas disfrutadas por el presente publico y por quien les escribe esta nota. Recordar que este álbum es uno de los principales en la carrera de los norteamericanos.
En conclusión fue una gran jornada de metal pesado, la cual tuvo el apoyo de la gente desde temprano y como debe ser. Es importante dar apoyo y cabida a nuestras bandas nacionales que abren todos estos shows internacionales. Excelente cumbre de los metales pesados.
Setlist Cryptopsy , Santiago de Chile 2025.
Slit Your Guts
Lascivious Undivine
Graves of the Fathers
Sire of Sin
Open Face Surgery
Serial Messiah
Godless Deceiver
Benedictine Convulsions
Flayed the Swine
Phobophile
Orgiastic Disembowelment
To Hell and Back: El horror latente de lo maldito
Por Claudio Miranda.
Fotos por Vicente Castro.
Cuando se anunció el cartel de la segunda edición del festival To Hell and Back, y con una selección de nombres literalmente pesados, hubo uno que motivó de inmediato a la alta convocatoria entre los amantes del sonido lento y pesado. Y es que tras poco más de dos años, King Heavy concretaba su regreso a la capital, con nueva alineación y repasando el EP debut «Horror Absoluto» (2014), una de las producciones nacionales más emblemáticas de la década anterior. Un mini-álbum cuya enormidad ayudó a pavimentar la ruta a través del heavy clásico y la narrativa del doom en su faceta más épica. A la vez, el ingreso de Jorge Jones (Dissident, ex-Necrosis) encaja como anillo al dedo en el objetivo de una agrupación que la tiene clara respecto a lo que importa. Se asumía que, tras la partida del querido Luther Velmark, iba a ser distinto ante la huella que el músico nacido en Bélgica dejó entre colegas de ruta y fans. Pero en una banda del pedigree de King Heavy, seguir adelante y retornar con fuerzas renovadas a los escenarios -técnicamente, concretaron dicha vuelta en septiembre del año pasado, en El Bunker de Viña del Mar-, es lo que el propio Luther hubiese querido. Lo que habla de la integridad de sus músicos, incluso en instancias donde muy pocos exponen tamaña determinación ante algo más potente que el factor musical.
Por supuesto, King Heavy fue el anfitrión. El sumo sacerdote en un sabbath de metal de viejo cuño y riffs monolíticos. Y para un ritual de asistencia obligatoria, hubo que sumar invitados que respiraran, todos a su manera, el mismo aire brumoso que se traduce en música pesada, literalmente. Y con las altas temperaturas casi sofocando la noche santiaguina, la combinación entre riff pesado y calor hizo del club RBX una caldera.
El puntapié inicial estuvo a cargo de Inheritance, una banda cultora de un speed metal a la usanza de Exciter y Agent Steel. Desde el arranque con «Black Night» -la que titula su EP debut (2020), pasando por «Evil Scarecrow» y la declaratoria «Inheritance of the Old Metal», la cuota de velocidad y riffs asesinos que aporta al evento marca la diferencia a su manera. Se nota a kilómetros esa forma de ejecutar y sonar, quizás poco en común en el ropaje de los otros nombres, pero es en pasajes como «Burning Witches» y «Maniac Chainsaw», donde se manifiesta la contundencia de una propuesta que bebe directamente del metal químicamente puro. No solamente en las guitarras, sino en la elasticidad vocal de Marcelo Concha. Un cantante de voz prodigiosa, también de militancia en Evil Command.de quienes interpretan «Executioner». Al grano, directo a la yugular. Letal como un cuchillo, y de la mano de un talento musical que obedece al impulso primario del metal «fast and furious». Así, defendiendo y heredando la fé como Judas Priest en la edad de oro del metal.
Como en una reunión de viejos (y nuevos) amigos, y con el permiso del primer acto de la jornada, The Ancient Doom detonó el primer bombazo como espectáculo, tanto a nivel de sonido como en su magnánima puesta visual. «Urbe Solar», de su LP debut «In Hoc Signo Vinces» (2021), inaugura la refriega con Alfredo Pérez al frente. Un frontman de voz portentosa y una presencia visual que transforma el despliegue en vivo en algo más grande y pantagruélico. Lo necesario para que, pese a lo «corto» del repertorio, un RBX ya con más afluencia de público se entregara al dominio imperial de una propuesta que bebe sin complejos de instituciones como Sorcerer, Solitude Aeturnus y, claramente, los todopoderosos Candlemass. Por supuesto, apelando a sus propias armas, como nos remarca la postal de Alfredo, con espada en mano en el clímax de «The Grace, The Omen», uno de los adelantos de lo que será el próximo álbum. Es lo que respira The Ancient Doom, el culto a lo antiguo y lo arcano, con una entrega hacia el combate como prueba de honor.
Si hubiese que definir la propuesta de The Black Messiah, considerando el CV de casi todos sus componentes -los que están y estuvieron-, sería «thrashers tocando doom metal». O, recurriendo al ejemplo práctico, fans de Slayer y Testament sumergiéndose en Saint Vitus y Candlemass. En su formación actual, con Nancy Gomez como titular en la voz, la descarga inicial de «Empty Lives» nos pone al corriente del presente marcado por el lanzamiento del cassette-demo «Under the Cross» (2024), cuyo track titular también retumbó en el recinto ubicado a pasos de Avda Matta.
Muy poco que decir respecto a ,lo que genera The Black Messiah en el directo. La forma en que los riffs de Rodrigo Echeverría y la guitarra líder de Felipe Troncoso se complementan entre el ataque y la firmeza, es un tema de convicción traspasada a la música, como si la vida les valiera en cada golpe a las cuerdas. La voz de Nancy, en tanto, marca un distintivo marcado por la visceralidad y, a la vez, la proyección de una atmósfera de la que muchos solemos hablar y pocos son capaces de dominar con maestría. «End of the Road», del LP debut «Church of Pain» (2022) es la única referencia en el set a su etapa anterior, pues «Death Always Triumph» y «Fall in Darkness» nos ponen al tanto de lo que se viene. A lo más en lo que podemos destacar ante todo, es el amor al metal que sus integrantes profesan a muerte, tanto en el directo como en sus demos y producciones en cassette. Puro metal, pura tiniebla. Y con el martillazo constante del destino inminente.
A lo que venimos. Al regreso en plena forma de una agrupación que cubrió y dominó con propiedad el heavy metal con vena doom en Chile. De la intro «The Aquatic Sleep» al primer ataque con «The Origin of the Witch Hunt», la cabalgata furiosa de un grupo que va de frente y disminuye las revoluciones solamente para sembrar mortandad y pánico. Jorge Jones al frente, un cantante de experiencia probada y dueño de un despliegue escénico intimidante, comparable solamente a lo que proyecta su voz, como uno más en el escuadrón de cacería. Una máquina instrumental bien aceitada, con el bajo de Daniel Pérez remarcando su distintivo en favor de lo que realmente importa, mientras la batería de Miguel Canessa, su compañero en el engranaje rítmico, hermana la fuerza descomunal del golpe con la maestría que imprime en los patrones ejecutados con precisión quirúrgica. Y, por supuesto, la guitarra de Matías Aguirre exponiendo sus credenciales como responsable y generador de un distintivo sólido que, cuando lo requiere la situación, da paso a la textura en pleno fragor metalero. Lo que podemos notar en la inédita «Nero Megaton», un avance de lo que se viene en el futuro. Dos piezas y los nuevos bríos de King Heavy se exteriorizan con la misma autoridad ganada a pulso durante la década pasada. O quizás superior, aunque lo que presenciamos en RBX es derechamente una hecatombe.
¿Horror?, pregunta un Jorge Jones en plena posesión de sus facultades como intérprete. La respuesta es clara… ABSOLUTO!!! El corte que titula uno de los EPs más importantes, y no solamente de un género determinado. Un momento obligatorio en toda ceremonia liderada por King Heavy, por todo lo que ocurre, incluyendo el bombardeo de doble pedal hacia el final. Por lejos, un himno a entonar con puño en alto. Lo que es el rey pesado en todo su fulgor, en un recinto sumergido en un trance de heavy metal que apela a los valores de una era irrepetible, y los incorpora tanto a su estilo identificable como a la sintaxis de un repertorio preciso y matador en cada surco. Y ese orden es el que, tal como en el disco, termina por echar abajo la sala cuando «Creation Must Be the Devil» triunfa como el asalto sónico que es en toda su esencia. Todo lo que ocurren en una pieza de 5 minutos, en vivo se vuelve un momento de brillantez de categoría sudamericana y, porqué no, mundial.
Como en toda reunión de amigos, el nuevo encuentro con King Heavy trasciende el plano musical. Y es que Daniel Pérez Saa, un músico que ha dedicado casi toda una vida a defender los valores del metal como tradición, estuvo de cumpleaños por estas fechas. Un tipo querido por una multitud que no dudó en cantarle el «Cumpleaños Feliz», como una fiesta. Puede que en el doom metal la palabra ‘fiesta’ no sea la más apropiada, pero… ¡al carajo! Eso le da un cariz especial a «Doom Shall Rise» -del más reciente «Guardian Demons» (2018) y el medley de «Thirteen Chosen Ones» y «Wounds», las dos últimas del LP homónimo (2015). Metal, derrumbe, y mucha cicatriz. Eso es el doom metal en su esencia. Y, en este caso al menos, inclinado al heavy metal clásico porque es lo que respiran sus músicos. Lo que King Heavy abraza sin complejos y bajo un ideal inquebrantable. Algo que escasea en estos tiempos.
«¡YO SOY LA GÁRGOLA!» Así, con la primera estación del debut homónimo cerrando el set principal y brindando una descarga de poder que habla mucho de la destreza instrumental de sus intérpretes. La forma en que el contenido sonoro en los discos se revitaliza hasta transformarlo y liberarlo como un espectáculo rugiente. Y el cierre con «Dreaming of Daylight» , la que también abrocha «Horror Absoluto», no hace más que satisfacer la necesidad de tamaña descarga de catarsis y purificación. Porque eso es lo que King Heavy le regala a quienes se dejan llevar por el horror en toda su forma. Es el horror latente de la música maldita, la que compensa su desnudez con un sentido de honestidad que, al menos en estos días de «mentes digitales» -en otras palabras, lo que fácil viene, fácil se va-, nos recuerda que la lobreguez y lo humano se complementan como fuerzas naturales. King Heavy está de vuelta, y hay que disfrutarlo como debe ser.
NovaMateria en Bar de Rene, la potente tormenta sonora
Texto y Foto: Esther Gajardo Carrión
Jueves de enero pleno verano y con altas temperaturas, NovaMateria se subió a las 22:15 horas al escenario eléctrico del Bar de Rene. Luego de tocar en la ciudad de Valparaíso junto a otras bandas, el dúo fundador de la banda Pánico deja atrás guitarras y bajo para presentar NovaMateria su propuesta musical que experimenta con instrumentos y objetos de sonido tribal y electrónico en una inmersión de ruidos con sintetizadores, loops, texturas y maquinas sonoras para crear ritmos bailables y estridentes acompañados de instrumentos hechizos de piedras,objetos de hojalata y piezas de metal colgadas en una estructura a contra luz. El concierto parte con “Aparece en Sueños” canción del primer ep de la banda con una hipnótica Caroline Chaspul golpeando objetos metálicos junto a la voz de Eduardo Henríquez que repite una y otra vez “aparece en sueños”. La audiencia sigue atenta el compás de la música, inevitablemente estamos todos bailando bajo la música envolvente de una canción que dura casi 8 minutos. Algo que se aprecia en casi todo el repertorio de la banda; sus canciones, largas y poderosas para caer en un bucle rítmico y contagioso que logra sin dificultad concentrar al público en su música. Canciones como All the Way ultra bailable y Kora Kora con letras en japonés que lo hace un tema inocente y oscuro a la vez, que oscila entra una invitación a bailar y a cavilar entre ondas sonoras para meditar. Un alto show que corono la noche con su más reciente single Fictions of Myself, adelanto de su próximo Ep que se lanza en el mes de febrero.
El año recién comienza y parte con uno de los mejores shows en el mítico Bar de Rene habituado a subir a sus escenarios a bandas del rock, metal y punk; tuvo una de sus jornadas más memorables, porque lo de anoche fue una liturgia estridente que transformó la noche en una tormenta sonora que refrescó y nos hizo despertar del letargo de las altas temperaturas de esta época. NovaMateria nos dejó pidiendo más, pero que con solo cinco canciones en un show de más de una hora no dejo dudas que es una de los proyectos musicales que hay que seguir de cerca.
Left To Die: El camino primitivo hacia un pasado sangriento
Por Claudio Miranda
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Si bien no vamos a descubrir el fuego hablando del legado de Death -y su líder, el eterno Chuck Schuldiner– en el metal y la música extrema, tampoco deja de abrumarnos la enormidad de su obra, incluso fuera de los terrenos de dicho estilo. Adjunto a aquello, y como ocurre en el caso de King Crimson y sus bandas spin-off -David Cross, BEAT-, nos da un gusto tremendo el que ex integrantes y compañeros de Chuck se reúnan de vez en cuando a rememorar los mejores momentos de un catálogo legendario e irrepetible. Lo hacen cada cierto tiempo Steve DiGiorgio y Gene Hoglan como núcleo y motores de Death To All, autorizados por la propia familia de Chuck y desplegando un espectáculo de primer nivel, abarcando todas la etapas de Death, aunque priorizando el período que comprende obras capitales como «Human» (1991), «Individual Thought Patterns» (1993) y el definitivo «Symbolic» (1995).
Ante el arrastre que genera el catálogo de Death en los ’90s, también había que hacerle justicia a su etapa inicial. Mucho más primitiva y visceral, pero no por ello sin la distinción que ya daba que hablar en esos años. Es apropiado referirnos a «Scream Bloody Gore» (1987) y «Leprosy» (1988) como discos reveladores para una generación que aún se sorprende con la diferencia de colores entre los años más primitivos y la faceta ‘progresiva’ a explorar desde el seminal «Human». A la vez, una etapa predilecta tanto para los metaleros más viejos, quienes vivieron aquella etapa del metal subterráneo en sus años fundacionales, como para aquellos fans más jóvenes pero que respiran la vieja escuela como una forma de hacer las cosas. Por ende, la asociación del guitarrista Rick Rozz y el bajista Terry Butler -ambos parte de la alineación durante el ciclo de «Leprosy» con el guitarrista-cantante Matt Harvey y el baterista Gus Ríos -ambos componentes de Gruesome, y también partícipes en las giras de Death To All-, se explica por lo que respiran más allá de la distancia de épocas que los separa, en apariencia. Así es como Left To Die se ha ganado un lugar de honor rememorando lo mejor de una época en que el metal provenía de un lugar bien abajo y primaba el impulso desde la tripa, mucho antes de que se volviera una convención.
Antes de esta primera visita de Left To Die a nuestro país, es menester resaltar la participación de la escuadra nacional. Empezando por Coffinbirth, una agrupación que cumple una década de carrera este 2015. El arranque con un death metal puro, con relatos de horror y enfermedad, era lo indicado en una tarde de altas temperaturas. «Letanías del Libro Negro de Alsophocus», «El Eterno Naufragio», «Sacrificio» y «Ataúd» fueron los pasajes más destacados en una presentación que fue al grano. Una sobriedad escénica que se compensa a pura solidez, aunque eso implique batallar con la acústica de un recinto que, a esas horas, registraba una bajísima asistencia.
Lo que hace Darkspell -o la diferencia que marcó ayer respecto a la banda anterior-, es un subidón de nivel en cuanto a espectáculo. «Unholy Sun», la que arranca su reciente EP «Victorious Reminiscent of Darkness» (2024), nos sumerge de inmediato en una paliza sónica con momentos de fulgor y complejidad extraordinarios. A nivel de espectáculo, entre las capuchas y la forma en que sus músicos aprovechan el escenario, las siguientes «Dawn of Golgotha» y «Punished By Your Own Hand» bastan para echarse el público al bolsillo. El desplante de Gonzalo Vera en la voz, las guitarras de Julio Poblete y Rodrigo Cabrera detonando armonías de nivel superlativo. El bajo de Julio Soto manteniendo la cohesión en pleno fragor y formando junto al baterista Jonathan Marín una dupla inexpugnable en el trepidante ritmo que demanda combinar death y thrash metal. Todo parte de un show fragoso y que hacia el final con «Gates of Hell» impone su autoridad ganada a pulso, con sus integrantes haciendo simbiosis en favor de una matriz de oscuridad sofocante. Eso que en el directo adquiere un poder semejante al de un volcán en erupción, Darkspell lo logra incluso dejando hasta la última gota de sudor. Como tiene que ser.
Imposible entender el metal chileno en los ’90s sin Execrator. Una banda que empezó en el death metal más puro, y le añadió al estilo en su placa homónima (1998) un matiz más cercano al nü-metal de aquellos años. «Born Again» y «Suicide», ambas de dicho álbum, inician el set proyectando una autoridad ganada por el legado forjado en una era irrepetible, la de la mítica Sala Lautaro. Y con un Álvaro Lillo que acumula kilómetros de años y sus buena décadas en la carretera -incluso afuera tanto con Undercroft o girando con Watain-, no se puede esperar menos ante una banda en plena forma. Parece obvio, pero la tienen clara respecto a su público, con mucha presencia de juventud a la par de otro porcentaje compuesto por fans que eran veinteañeros en los ’90s.
«Symptom of Darkness» nos lleva de una al fundamental «Silent Murder» (1996), una placa que en vivo es una golpiza de death metal desde las entrañas. Desde donde mismo Álvaro Lillo profiere su discurso contra la religión y sus íconos, dando paso a «Tears… Blood». Más que un espectáculo en sí, lo que construye Execrator es un cataclismo de blasfemia y odio hasta la médula, como lo puedes apreciar en «Hate Inside the Flesh». El odio hacia el poder religioso que «Your God is a Lie» y la más nueva «Men and Their Gods» vomitan mediante la convicción propia de quienes se atreven a dar cara a lo intocable. Por supuesto, y adjunto al liderazgo de Lillo en escena, las guitarras de Julio Espinoza y Roberto Nervi juegan un rol de vital importancia en la efectividad musical de una agrupación que va más allá de un legado histórico. «De Sangre y de Fuego», otra salida del horno hace unos meses, se hermana con «Silent Murder» y «Death of God» bajo el mismo propósito de destrucción total. No quepa duda de lo que es Execrator más allá de una época, y tiene que ver con las motivaciones que hicieron posible el regreso de su formación histórica a los escenarios después de mucho tiempo.
La intro «E5150» -sí, la del supremo «Mob Rules» de Black Sabbath-, es la que termina por hacer explotar el Cariola -a esas horas, repleto toda la cancha y los palcos-, con «Leprosy», el bombazo titular de la bestia del ’88. El preámbulo necesario para un asalto sónico que los fans del metal más primigenio esperaban como parte de un hedor a respirar con gusto. Seguida de «Born Dead» y «Forgotten Past», conformando la tripleta inicial del LP más importante de Death durante su período más áspero. Comienzo soñado el de Left To Die en nuestro país, y eso da cuenta lo importante que es la construcción del repertorio en base a importancia y la catarsis generada en un recinto colmado hasta el sudor.
«Infernal Death» es la pieza que arranca esa Opera Prima del death metal llamada «Scream Bloody Gore». El momento perfecto para la centrífuga humana con bengala incluida. Una locura en todo aspecto, una celebración para los metaleros más viejos, y otros no tanto pero que respiran la misma podredumbre. Nada de aquello impide apreciar la maestría de Rick Rozz en las seis cuerdas, quien se entiende con Matt Harvey como si llevaran años juntos. De la misma forma en que Terry Butler -faltó más definición al sonido, sería el único ‘pero’ en una presentación arrolladora-, se complementa con Gus Ríos en una dupla rítmica que explora y domina un terreno en que la resistencia y los momentos a proponer pesan más que cualquier análisis de clínica. Lo que se nota a kilómetros en «Sacrificial», otra del «Scream Bloody Gore» y que en el directo se corona como un pasaje que permite apreciar el estado de gracia de un grupo de colegas y amigos que se juntan a conmemorar la obra de Death y la herencia de Chuck Schuldiner. O, en este caso, esos primeros dos discos que marcaron el viraje del thrash hacia un estilo mucho más complejo y sanguinario.
Volvemos de nuevo al «Leprosy», el disco que cuenta con las guitarras de Rick Rozz. Terry Butler llegó cuando el álbum ya estaba terminado, pero nada de aquello impide ser testigos de lo que emana de dicha pareja cuando «Open Casket», «Primitive Ways» -compuesta en su totalidad por Rozz» y «Choke On It» terminan por echar abajo el recinto ubicado en calle San Diego de nuestra capital. Entre la precisión técnica y el talento probado en cada instrumento, hasta podemos ratificar que no hay nada, pero nada que envidiar a Death To All. Y es que, siendo objetivos, las primeras dos placas de Death aún generan cierto resquemor entre quienes ven esa etapa como «inferior» a todo lo que vino a partir de «Human». Craso error, porque Death fue, justamente, una novedad entre sus colegas de generación por lo distinto que sonaba. Y, a la vez, el nivel de intensidad y complejidad que definió la ruta a seguir para la década siguiente. Pensamientos y conclusiones que podemos sacar en plena refriega, entre una legión de poleras mojadas por el sudor y el retumbe constante de una era que, contra todo pronóstico, se mantiene igual o más lacerante que nunca.
Otra vuelta al «Scream Bloody Gore», con «Torn to Pieces» y «Regurgitated Guts» surgiendo desde abajo para sembrar la mortandad hacia arriba. A la vez, y haciéndole honor al nombre con que estos señores se juntan a recordar viejos tiempos, «Left To Die» hace acto de presencia como un momento obligatorio para todo fan acérrimo del primer Death. Nos estremece el entendimiento entre sus componentes, con los Gruesome Harvey-Ríos dejando en claro que respiran el mismo ecosistema old school que sus héroes Butler-Rozz, suficiente como para compartir escenario y tocar la música que los une más allá de la diferencia de épocas. Por eso es que la intro de armonías que le da el pase a la infaltable «Zombie Ritual» llega incluso a sonar igual que en el disco. Ni hablar de la voz gutural de Harvey, la forma en que emula al Chuck de 19-20 años en los ’80. No es el cómo, sino lo que respira junto a sus admirados colegas más veteranos. O la tarea que se manda el propio Gus Ríos en los tarros, la mezcla de resistencia y habilidad que le permite entenderse con sus otros colegas.
«Scream Bloody Gore», la que titula el LP debut, llega para iniciar el bis y dejar en éxtasis a los fans, como ha sido toda la noche. Seguida de una cantada con puño en alto «Pull The Plug». De acuerdo, Death To All te da una versión magistral, pero acá, y como lo vimos durante 1 hora y 20 minutos, Left To Die sale ganando en la interpretación del catálogo antiguo de death, y con toda razón. Tanto así que el remate con «Evil Dead» se recepciona como un triunfo categórico del metal antiguo. Un cierre a enmarcar en la misma galería que el público coreando «Chuck!, Chuck!, Chuck!» al unísono. De esos momentos clave en una jornada gloriosa, con dos veteranos y dos referentes actuales uniendo fuerzas para abrir el camino primitivo hacia la más sangrienta de todas las muertes.
P.D.: «Last Train To London» de Electric Light Orchestra sonando como retirada. Ojalá todos los rituales zombie terminaran así.
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Candelabro presentó versiones “Chill” para Tiny Show (2025)
Por Rebeca Maricuto
Primer show del año, primera vez en acústico, en el primer Tiny Show realizado en el Museo del Sonido: así fue la presentación de Candelabro de este viernes 10 de enero.
Sentados en el piso de una tocata íntima y vespertina, conocimos una versión distinta de los temazos Candelabro, la banda indie chilena que encanta cada vez más fanáticos desde el lanzamiento de su primer disco en 2023. Si bien partió como una jornada muy caluro , pronto la atmósfera fraternal y la brisa del patio refrescaron el encuentro. Entre las cámaras y luces seteadas para el registro de Tiny Show, partieron con canciones nuevas y luego incorporaron un trío de cuerdas para sus canciones más conocidas, que fueron coreadas de principio a fin por los fanáticos que agotaron las entradas para ver a Candelabro más de cerca.
Gente que voló de Tarapacá para verlos y fans que ya conocían las versiones más estridentes en vivo de “Aquí y Ahora”, su único disco hasta el momento, interactuaron entre tallas y risas con Matías Ávila (guitarra y voz), Javiera Donoso (sintetizador y voz), Franco Arriagada (batería), Carlos Muñoz (bajo) y Nahuel Alivia (saxofón y sintetizadores).Aunque en esta ocasión no vimos a María Lobos (saxofón) y Luis Ayala (guitarra), estuvo Diego Orellana del proyecto No Huyas como invitado especial. De cualquier forma, Candelabro supo sumergirnos en ese abrazo de amigo cercano que ofrecen sus canciones, haciéndonos sentir que, a pesar del hartazgo y las heridas compartidas, hay un refugio musical donde todo, siempre, va a estar bien.
Esta versión arrullo fue posible gracias a los arreglos de Ignacio Valdivia y Alfonsina García, quienes sumaron, como en cada Tiny Show, el trío de cuerdas que incluye a la propia García en el violonchelo, Camila Seguel en el violín y Sergio Arciego en el contrabajo. Con ganas de repetir el formato en el futuro, Candelabro cerró el espectáculo con una versión improvisada de la “¡otra, otra, otra!”. Sobre Tiny Show, Alfonsina nos adelantó que el próximo será el 31 de enero con Diego Lorenzini. Pueden ver sus otras sesiones o esperar la de Candelabro en su canal de Youtube: https://www.youtube.com/@TinyShowMusic
La siguiente fecha confirmada para Candelabro es el 23 de marzo, en el último día del Lollapalooza Chile 2025.
All Tomorrows presentó su nuevo disco en Club Chocolate “At The Shadows Of The Andes” (2025)
Por Rebeca Maricuto
Foto de Archivo por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
All Tomorrows presentó en vivo su esperado nuevo disco.
El mejor momento para actualizar tu playlist con algo de metal progresivo chileno es ahora con “At The Shadows Of The Andes” de All Tomorrows, disco que fue presentado en vivo este sábado 04 de enero en el Club Chocolate.
La banda ofreció un show-cátedra de cómo convertir el murmullo del lado oscuro de la montaña en un sonido hipnotizante, profundizado con cada interpretación y que nos mantuvo en un trance creciente, del cual solo fue posible salir una vez terminado el recital. El dominio de los instrumentos y el público fue tal, que lo hicieron parecer muy fácil.
Los años de experiencia sobre el escenario, además del tiempo de maduración y trabajo que les tomó el alumbramiento de “At The Shadows Of The Andes” fue lo que logró el resultado que buscaban: un álbum y performance que se aleja todo lo posible de los clichés y que experimenta con “modulaciones, contrapunto, juego de voces”, según su bajista Óscar Arenas, quien nos reveló que fue un proceso iniciado en 2018.
“Un sonido representativo y de calidad”, como él lo define, fue justo lo que presentaron y es lo que ha mantenido a la banda como referente, aún en tiempos de gestación de material. La fidelidad de los seguidores que los apañan desde su primer disco hasta hoy fue visible en cada coreada y todo el amor y admiración que expresaron al final del espectáculo.
Aliviados de por fin presentar en vivo su tercer álbum -que marca ahora su nueva era-, All Tomorrows se prepara para sus futuras presentaciones que contemplan enero y febrero en Santiago. Permanecemos atentos.
Pentagram Chile en Teatro Cariola: Eterna vida de posesiones fatales
Por Claudio Miranda
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
A estas alturas, es imposible desconocer la importancia de Pentagram en el metal durante los últimos 40 años. No solamente hablamos del circuito local, sino de su impacto en el underground de otras latitudes. Napalm Death, Entombed, Dismember, Benediction, Sepultura y un etcétera con kilometraje probado, todos nombres de peso en la música extrema a nivel mundial. Y es que tanto la circulación de aquellos demos registrados en el corazón de los ’80s como el retorno coronado con su LP debut titulado «The Malefice» (2013), forman parte de un recorrido pedregoso pero que deja en claro la vigencia de un estilo que se mantiene fiel a su integridad. Como el propio Anton lo ha dicho varias veces, Pentagram cobró vida propia incluso tras su disolución a finales de los ’80, Impensado al menos en su momento, pero que hoy deriva en un reconocimiento como próceres del metal de la muerte, llevando el sonido thrash de la época hacia los dominios de la tiniebla y el horror de lo oculto.
El lanzamiento de «Eternal Life of Madness» a comienzos del año que se nos va, es un hito de confirmación en todo aspecto. La distancia de poco más de una década con «The Malefice», lo que en otros casos hubiese jugado en contra, acá demostró que hay una dedicación al producto tanto en sonido como en su arte visual. La estatura de lo nuevo es superior, a la vez que no se deja amedrentar por los estándares de pulcritud instrumental imperantes. Y en el directo así ha quedado demostrado, con una alineación clásica en nombres y rutilante en ejecución. Y lo que pasó anoche en el Teatro Cariola, con temblor incluido en plena refriega, es la culminación de un ciclo fructífero, donde el pasado legendario y la frescura del presente van de la mano. Y esto se aplica a todo un cartel que reunió a lo más granado de ayer y hoy.
El puntapié inicial lo dio Abysmal Death, una joven agrupación originaria de Viña del Mar, cultora de un death metal de alta factura técnica. De su recién estrenado LP debut «De-Liberación», misilazos como «Efímera Existencia», «Epifanía del Ser» y «Confusión y Revelación» relucieron como algunas muestras de un estilo potente, respaldado por una puesta en escena que no da espacio a ninguna grieta. Y es que pese a sus apenas cinco años, el quinteto ha estado moviéndose entre el estudio y la fuerza de un acto en vivo que los tiene como una novedad camino hacia algo más grande. Sin duda, el nombre correcto para arrancar una jornada maratónica, desde arriba y destilando categoría, incluso ante un público aún escaso a esas horas de la tarde. Como tiene que ser.
¿Qué se puede decir respecto a Demoniac? Partamos con que «Nube Negra», el corte titular de su producción más reciente, funciona en el directo al sumergirnos en un viaje a través del lado tenebroso de nuestra condición humana. El metal, en cualquiera de sus ramas, es imagen y metáfora. Y todo potenciado con una brillantez instrumental y la fuerza suficientes para dejar en claro su peso en el circuito nacional y, porqué no, sudamericano. «Ácaro» y «La Caída» le siguen sin espacio a la tregua. Por ahí algún problema técnico en la guitarra de Javier Cisternas, que en vez de empañar el espectáculo, nos expone de qué está hecha esta banda originaria de Limache, hoy un nombre angular que va directo hacia un sitial de honor.
El laberinto sonoro de «Extraviado», la enormidad de «The Trap» y la metralla definitiva de «El Final» completan un repertorio que se basta de lo justo en tiempo para echar fuego en todos sus flancos. Y ahí el gran mérito de Demoniac, una banda cuyos músicos son metaleros dedicados y, en la misma senda, disponen sus experticias instrumentales en favor de su propia matriz. Hay una autoridad ganada a pulso, lo cual nos habla de hacia dónde apunta una agrupación que no le teme a nada ni vacila ante nada. Se puede hacer algo reconocible y, a la vez, impensado. Y Demoniac nos lo hace saber a base de un acto en vivo que envuelve todo en su propia nube negra de metal químicamente puro.
Hablar de Execrator es remontarse a la edad de oro del death metal chileno, la década del ’90. Aquellos años en que «Symptom of Darkness» y «Tears… Blood», del fundamental cassette «Silent Murder» (1996) vieron la luz para hoy romperla como himnos de toda una generación de bangers veinteañeros de ayer. «¡Quemen las iglesias!», vocifera un Álvaro Lillo en pleno éxtasis. Rompan todo, y Execrator lo lleva a cabo en un ejercicio de actitud y repaso por los mejores momentos de una agrupación emblemática de aquellos días doctrinarios en la sala Lautaro.
La entrega que le brinda Álvaro Lillo al público le da un cariz especial a «Born Again», «Reprisal» y «Your God is a Lie», todas muestras de un death metal expelido desde la tripa hace más de dos décadas, hoy declaraciones de principios por parte de una banda la tiene clara en sus objetivos al momento de juntarse a tocar en vivo. Incluso en pasajes inéditos como «Men and their Gods» y «De Sangre y Fuego», el espectáculo atronador se vuelve una bestia pantagruélica con la suma del guitarrista histórico Julio Espinoza en el escenario. Todos músicos con experiencia en mil y una batallas, juntándose a revivir los viejos tiempos. Y siempre en forma, sobretodo ante un público más joven. Ese mismo público que abraza «Silent Murder» y «Death of Gods» como lo que son y serán siempre. El metal de la muerte en todas sus formas, desde donde nace la música más honesta y blasfema que pueda concebir el ser humano.
Pentagram serán los anfitriones de la fiesta, pero Sadism es otra agrupación marcada por un presente monumental. «Obscurans» (2023), su producción número 10 en más de tres décadas de carrera, los tiene como exponentes supremos del death metal en su esencia más pura. Al mismo tiempo, la arrancada con la más antigua «Faces of Terror» y las más frescas «The Spectral Veils» y «The Upper Echelon» nos sitúa de inmediato en el corazón de un género que se mantiene incólume en estos días de arreglo digital. Tienes a Ricardo Roberts capitaneando a la banda y profiriendo esos guturales a la antigua usanza, secundado en batería por un Juan Pablo Donoso extraordinariamente sólido en los tarros y el bajo de Juan Eduardo Moore marcando presencia. En la guitarra, Gabriel Hidalgo es sinónimo de maestría en favor de la paliza sónica que Sadism le propina a quien se le cruce.
La dupleta conformada por «On Your Knees» y «Exanguination», ambas del mencionado «Obscurans», nos muestra a unos Sadism en plena forma, conscientes de que su alcance implica ser una novedad para quienes no están del todo familiarizados con la tradición del death metal chileno. Por ende, es un pasaje imperdible en un repertorio que sale a matar o matar. Y como ellos se proclaman com toda razón, el género al estilo de la vieja escuela se preserva gracias a su descomunal poder en vivo, al punto de que «Psychomental Storm» y «Crystal Clear Visions» difuminan la distancia de tiempo que las separa gracias a la fiereza irrefrenable que Sadism despliega sin contrapeso alguno. Y hasta el final con la centrífuga humana que «Dark Side of Sadism» y la inamovible «Perdition of Souls» abrochan su presentación, nos abruma lo que Sadism desborda e impone ante cualquier público. Sobretodo en esas lagunas en que la guitarra de Hidalgo sufre algún contratiempo, pues ahí estará Roberts prendiendo al público con la bravura requerida en instancias de oscuridad perpetua.
Los anfitriones. Los dueños de casa. Los que detonan el primer bombazo con «El Imbunche», para después desenrollar toda la inmensidad creativa en la clásica «Profaner» y liberar todo el peso de la existencia humana con «Demented». Eso es Pentagram, nuestros Pentagram. Anton Reisenegger al frente, liderando un equipo humano que dispone sus maestrías instrumentales respectivas al más enfermo de todos los maleficios. Y el entendimiento entre Anton y Juan Pablo Uribe en las seis cuerdas, es vital tratándose de músicos que se conocen casi desde los 15 años y hoy la rompen como consagrados, todo a base de experiencia y un propósito genuino.
Si bien «The Portal» saca a relucir el fulgor del presente, el homenaje a Alfredo «Bey» Peña» con «Temple of Perdition» le da al espevctáculo un toque emotivo dentro de la masacre sónica que Pentagram expele con toda solidez. Incluso nos parece memorable cuando Anton se refiere a lo que significa para ellos como banda ver un Cariola con altísima concurrencia, sobretodo en estos tiempos en que hay shows internacionales casi todos los días. Pero es lo que Pentagram cosecha después de haber sembrado las semillas de toda una revolución en Chile y las cloacas de otras latitudes, incluso las más lejanas. Esos detalles que explican porqué «Evil Incarnate» e «Icons of Decay» triunfan de manera inapelable. De la misma forma en que «La Fiura» rescata la mitología del sur de nuestro país y transforma la leyenda en una pieza de factura letal.
En algún momento, Anton toca el riff inicial de un clásico de su banda favorita, Judas Priest. Favoritos también de Juan Francisco Cueto, un bajista que denota la influencia de Ian Hill en su labor como encargado de las bajas frecuencias, la de pivotear las guitarras de Anton y J.P. Uribe. Mientras, la batería de Juan Pablo Donoso -quien se repite labores después de Sadism- le aplica en cada golpe o patrón el sudor que requiere tocar esta música que se respalda tanto en la fuerza como en el recorrido por pasajes que alguna vez casi nadie se atrevía a poner un pie. Por eso es que «Fatal Predictions» y «Eternal Life of Madness» funcionan y aplastan todo como parientes lejanas e hijas de un mismo ideal tan enfermo como el país donde se procreó tamaño ruido.
Cuando llegamos al final con «Possessor» y la suprema «Demoniac Possession», destacamos la forma en que se remata una etapa. Lo empezado en 1985 y registrado en 1987-88, lo que se retoma con un primer largaduración y lo que hoy se corona a base de una idea tan potente como los riffs que Anton se saca con el pedigrí de un referente absoluto. El próximo año serán cuatro décadas de una carrera que ha levantado el culto máximo cuando hablamos del amanecer del metal chileno en su origen. Sin duda, una vida eterna de locura, donde la fatalidad de ser poseído por un ente de nombre abominable está a un paso. Como lo que es Pentagram y el maleficio de la inmortalidad en todas sus variantes.
Jinjer en Chile, furia desatada
Por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos.
Fotos Francisco Aguilar.
Sin dudas la jornada del 12 de diciembre en el Teatro Caupolicán, quedará en la memoria y corazón de los más de 3 mil asistentes a la fecha. La razón es la vuelta a Chile de Jinjer, agrupación ucraniana que logra mezclar el nu metal con el progresivo el thrash , pop, hip hop y el death metal de forma orgánica y muy natural. También será recordada por la gran actuación y conexión con el público por parte del grupo Heaven Shall Burn además del debut del polémico grupo Decessus, quien a pesar de todos los trascendidos fuera de la cancha logró pararse en el escenario y entregar su música sin problemas. También será recordado como el primer show de spider prod masivo post el cagazo monumental que significó la cancelación del festival CL.ROCK.
Las expectativas eran muy altas y cada propuesta tuvo tiempo para desarrollar lo suyo. Eran las 18:50 y ante unas 300 personas salía a escena la agrupación Decessus. Banda que tiene 5 años de trayectoria, sin discos oficiales y que recién está comenzando a tocar en vivo. Si bien el grupo tiene aspectos bastantes positivos, como el hecho de tener personalidad y subirse a un escenario grande sin tener mucha experiencia previa, además de estar compuesta por músicos bastantes virtuosos. Creo que se nota demasiado la falta de oficio y experiencia por parte de la banda, y está bien, ya que como señalamos anteriormente el grupo esta recién incursionando en vivo y obviamente las experiencias de ayer le va a servir para seguir mejorando. Se vio una propuesta plana que fue mejorando canción a canción mostrando lo mejor ya al final del show. Ignacia (Vocalista) se veía muy bien en escena visualmente pero aun le falta mas experiencia a la hora de pararse en el escenario. Al baterista Martin era a quien se le veía más cómodo en escena, a pesar de ser uno de los más jóvenes al parecer ya tiene más experiencia que sus compañeros. A los demás músicos muy virtuosos les falto mas show en el escenario, moverse más, pero musicalmente muy bien logrado. Una banda que puede seguir mejorando y solo va a depender de ellos mismos.
Eran las 19:30 hrs y con puntualidad alemana salía a escena Heaven Shall Burn ,con un gran telón de fondo, que se veía desde cualquier punto del clásico recinto ubicado en Santiago de Chile. Hay que señalar que muchos de los asistentes el día de ayer iban exclusivamente a ver a esta banda. El grupo ya ha venido a Chile en otras oportunidades pero ahora venían promocionando su último gran disco «Of Truth And Sacrifice» álbum doble lanzado por allá en el año 2020 y que es catalogado como uno de los mejores de su carrera. En cuanto al show que duró una hora aproximadamente y que incluye 11 canciones sumado un cover se vio una banda cómoda en escena que interactuó durante todo momento con el respetable. Su vocalista Marcus Bischoff estaba con la polera de la selección chilena, provocando la alegría de la fanaticada presente. En cuanto al estilo, es un poco injusto catalogar a la banda como metalcore, ya que su propuesta es mucho más que esto. Riff rápidos y mucha potencia durante todo el espectáculo sirvieron de preámbulo para la masacre sónica que vendría a las 21 hrs.
Horario antes señalado con un telón gigante negro con el nombre del grupo, bastaron para adornar el escenario de Teatro Caupolicán. Mostrando que la buena música no necesita de tanto relleno visual cuando las canciones se defienden por sí mismas. La interpretación del cuarteto ucraniano realmente sorprendió a todos, con una puesta en escena muy sólida por parte de todos sus integrantes, mostrando que cada uno domina a la perfección su instrumento. Pero todas las luces y miradas van a Tatiana Shmaylyuk quien con su presencia, belleza y talento supo ganarse al respetable desde el primer segundo hasta el final del show. Mostrando una experticia que obviamente se ha ido ganando con la experiencia de tocar alrededor de todo el mundo. El setlist también fue muy bien desarrollado y escogido mostrando canciones de su discografía «Duél» , «King of Everything» ,»Micro» , «Macro» y «Wallflowers» . No es fácil lograr mantener la atención durante más de una hora, pero Jinjer lo hizo con grandes canciones y grandes momentos. No me esperaba que hubieran tantos mosh, los cuales se desarrollaron durante todo el show. Tatiana en un momento se sorprendió por un mosh que tomó casi toda la cancha. También el escenario de Santiago Centro sirvió para cantar masivamente el cumpleaños de su baterista Vladislav Ulasevich al final de la jornada.
En resumen uno de los mejores show que se han realizado este 2024. Una lastima que el recinto no estuviera a su tope, pero realmente se entiende con toda la cantidad de show realizados y que obviamente ya no hay dinero para asistir y menos en estas fechas que antesala la navidad. Grande Jinjer , grande Ucrania.
Setlist Jinjer en Chile
Prologue
Just Another
Sit Stay Roll Over
Ape
Fast Draw
Green Serpent
Retrospection
Teacher, Teacher!
On the Top
I Speak Astronomy
Someone’s Daughter
Kafka
Copycat
Perennial
Rogue
Pisces
Angelus Apatrida en Chile, mas que thrash metal
Por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos (Fotos y Texto)
Sin dudas la nueva visita después de 8 años en Chile de la banda española, Angelus Apatrida, quedará en la mente de todos los presentes en RBX. Desde su último arribo en tierras nacionales (Bar Oxido) el grupo ha lanzado 3 discos y ha logrado girar y participar en los festivales más grandes del metal. Por algún motivo que aun desconozco el grupo consta con una pequeña fanaticada local, pero creo que por su calidez y experiencia el proyecto da para que más metaleros nacionales los conozcan, ya que es una banda sólida y con un thrash bastante único. Lo importante es que a pesar del calor y la gran cantidad de eventos nacionales e internacionales los metaleros criollos llegaron al clásico recinto para apoyar tanto a los españoles como a las bandas nacionales que comenzaron la jornada de forma puntual y entregando un gran show.
La cosa partía puntualmente a las 19: 50 con el arribo del grupo ABREAKTION, banda joven de thrash metal mas clásico, que tiene como escuela el estilo mas alemán, con UN estilo rápidos y furiosos llenos de furia y oscuridad. Con un show de 30 minutos el grupo logró calentar el ambiente para quienes ya habían llegado a esa hora entregando diversos cortes de su trabajo discográfico destacando los temas «Ammesia Chronicle» y «Nation», logrando una ejecución perfecta. Rescatar a los metaleros nacionales que llegan temprano para ver nuevas bandas.
Dejando los ánimos más que arriba, es que llega la participación a las 20:30 del segundo grupo invitado, OLDFORCE, banda que se encuentra activa desde el año 2009 y que realmente me sorprendió tanto por la ejecución como por el nivel de las canciones. Se notaba un quinteto bastante afiatado interpretando su música de manera fluida y casi de memoria. También hay que destacar la participación del vocalista del grupo, quien no paró de moverse en todo el show y fue el encargado de interactuar con la gente de inicio a fin. Dentro de los temas destacados me quedo con «Psycho Mind» y su última canción «The Warning». Felicitar a Chargola por dar cabida a bandas jóvenes de metal original.
Eran las 21:30 y por fin salió a escena el grupo español, Angelus Apatrida, quienes con una performance visual bastante simple logra defenderse en el escenario a través de buenas canciones y una entrega con la fanaticada. Lo interesante de este proyecto es que no solo interpreta un thrash clásico, si no que incluye otros elementos en su interpretación logrando una propuesta fresca y con una identidad bastante particular y definida. Dentro de su completo show la banda hizo un repaso rápido dentro de toda su discografía, pero obviamente se centraron en sus últimos 3 discos destacando su último trabajo de estudio Aftermath (2023) el cual vienen promocionando en toda su gira por Latinoamérica el cual los ha llevado a varios países de Sudamérica y Norteamérica. El show duró un poco más de una hora y destacaron los temas « Indoctrinate» que es uno de los hits de la banda , «Violent Dawn» y «You Are Next» por solo señalar algunos. La verdad que fue un show entretenido con mucha potencia, incluyo el guitarrista salto a la cancha logrando un mosh alrededor de él, llegando incluso a tocar a la misma mesa de sonido. Angelus Apatrida es una banda grande de España en su estilo y realmente me gusta y valoro la humildad mostrada en el escenario, compartiendo con todos sin caretas ni grandes egos. De hecho mientras las bandas chilenas tocaban, el grupo los estaba mirando y en una parte del show envía saludos fraternales a ambas agrupaciones, cosa que bandas europeas no hacen muy seguido.
En conclusión un show redondo y preciso que nos entrego una alta dosis de metal. Ojala que no pasen 8 años para volver a ver a estas bestias del metal pesado.
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Avishai Cohen Trio en Chile: Herencia en constante evolución
Por Claudio Miranda
Fotos por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
Una carrera artística durante más de 30 años, iniciada a después de hacer el servicio militar en su natal Israel. Jaco Pastorius fue su inspiración para acercarse al bajo, con 14 años. Un catálogo discográfico de kilometraje probado, inclasificable incluso a los estándares del jazz. Todo lo que el contrabajista Avishai Cohen ha forjado en su búsqueda incansable de sonidos y estilos en todas las latitudes existentes y por haber. Moverse entre lo clásico y lo contemporáneo, para el destacado músico nacido en Kabbri es una forma de ver y hacer las cosas. Cohen es un profeta de la libertad creativa, y lo ha demostrado mediante su firma inconfundible, producto de sus viajes musicales a través del Medio Oriente y Europa del Este. La música afroamericana también tiene su espacio, dejando en claro que su huella en el jazz de la vieja escuela responde al impulso por expresar una idea o una emoción. O ambas.
La promoción del recién estrenado «Brightlight» nos trajo a Avishai Cohen, por primera vez en un escenario chileno. En formato trio, acompañado por el pianista Guy Moskovich y la baterista Roni Kaspi. Un equipazo, como nos lo demostrarán durante casi 90 minutos de ritmos sincopados, sonidos cayendo en forma de cascada y un contrabajo con ‘voz’ propia. Y ante un público que, a pesar de lo silencioso en estas lides, responde a la convocatoria hasta repletar el recinto ubicado en pleno barrio Bellavista hacia el poniente. Con toda razón, si se trata de un exponente del jazz cuya faceta de viajero-explorador le da al género una bocanada de aire fresco en cada trabajo e incursión.
El arranque de la jornada, a eso de las 20 horas pasadas, corrió por cuenta de Gabo Paillao Cuarteto. Proyecto en solitario del director musical de La Brígida Orquesta, su propuesta denota la influencia de próceres como Charles MIngus y Thelonious Monk, como lo notamos en la primera descarga con «Monology». Una pieza con alto derroche de energía, donde las habilidades del baterista Félix Lecaros y el contrabajista Milton Russell contribuyen a construir un estilo que impone su propia autoridad. De la misma forma que «Duerme Tranquila», compuesta hace una década por Gabo en dedicatoria a su sobrina, evoca una dulzura que después transita por otros pasajes musicales en una progresión natural. El aporte de Joaquín Contreras en el saxo tenor rememora un sentido de espiritualidad e ingenio propio de los Coltrane-Parker-Davis que cimentaron hace más de medio siglo las bases de la música popular.
Si bien Gabo es un músico de sonido reconocible, jamás abjura del uso de disonancias y el uso de nuevos caminos armónicos. Más bien, toma lo mejor de Monk y Mingus y lo lleva a su propio estilo percusivo, como una caída de agua en algún paraíso natural de nuestro país. Una de las razones por las que «La Danza de los Vivientes», la tercera y última estación en el repertorio de anoche, se siente y se recibe como lo que es. Una pieza con desarrollo telúrico, con los cuatro instrumentos entablando una conversación, como amigos en una misma junta. Lo que despliega una agrupación que preserva los valores de una revolución atemporal, es lo que le da a Gabo Paillao Trio un sitial ganado a pulso, con sus toneladas de expresividad y buen gusto traducido en una grandeza artística como pocas.
A pesar de que el sector frontal del Chocolate en un comienzo se encontraba muy poco poblado al empezar la jornada, no tardaría en repletarse a eso de las 21 horas. «Courage» y la titular «Brightlight«, ambas distintas entre sí y, a la vez, dotadas de una sensibilidad que poco y nada opaca su movimiento ágil y espontáneo. Cerrando «Hope» un hat-trick imbatible, queda a la luz una muestra de categoría en base a la constante apertura de vórtices hacia recovecos tanto ignotos como necesarios de revisitar.
El groove de sabrosura latina que inicia «The Ever and Ever Evolving Etude», un deleite cuando se trata de adentrarnos en esa faceta de viaje y exploración que Cohen lleva a cabo hasta tatuar en su ADN los sonidos y ritmos adquiridos desde todos los puntos cardinales que haya visitado nuestro protagonista. Eso sí, nada de eso se entiende sin el piano destellante e inteligente de Guy Moscovich, un intérprete cuyo entendimiento con Cohen y Roni Kaspi es casi telepático. Nótese que la empezada con Avishai siendo el centro gravitatorio, forma parte de un conjunto de voces y distintivos que hacen simbiosis en favor de una idea en común.
Si bien Roni Kaspi tiene un rol protagónico en toda la presentación, lo que ocurre en «Roni’s Swing» es para sacarse el sombrero. Lo que empieza con elegancia pulcra, se convierte de a poco en una fuerza natural sin contrapeso. A sus 24 años, le imprime a su instrumento una pegada propia de veteranos, a la vez que su diálogo con Cohen y Muskovich no puede ser más fluido. Y es que cuando pasamos a «Hitragut», nos damos cuenta de todo lo que es capaz de levantar un trio hasta sumirnos en un mar de emociones, con las plumillas de Roni marcando la base más tierna y solemne de un estilo que navega sin miedo a través de nuestros pensamientos.
De la forma en que Avishai Cohen y su trío nos exponen un universo propio, la clásica «Summertime» de George Gershwin tiene un lugar merecido. Lo importante que es rescatar el legado de los padres fundadores, Cohen además le da un toque de ska y afrobeat que en el directo equivale a un oleaje de frescura y clase que satisface hasta al más melómano. Notable, como siempre, la tarea de Guy Moskovich en el piano, quien incluso aprovecha su espacio para dejar caer las notas y distribuirlas con una precisión abrumadora.
Cuando se trata de viajar y rescatar sonidos y estilos del mundo en su totalidad, Sudamérica no puede quedar ausente. Y ahí es donde la emoción a flor de piel se toma el recinto, con una vibrante versión de «Alfonsina y el mar«, el clásico inmortalizado por la eterna Mercedes Sosa y un obligatorio en el cancionero popular de Argentina y todo un continente. Cantada en perfecto español por un Cohen entregado al lamento que evoca dicha pieza, las cerca de 300 personas uniendo sus voces en un mismo sentimiento es una captura impagable. Y clausurando lo que será recordada como una visita histórica, el poema de Leonard Cohen «I Pray for Courage» nos muestra a un grupo que prioriza la interpretación y el propósito de comunicar por sobre cualquier artificio ajeno.
En un tiempo donde el jazz parece no obtener el nivel de popularidad respecto a días pretéritos, es un lujo el poder ser testigos de lo que hace y construye Avishai Cohen. No es solo el demostrar habilidades en los espacios medios y agudos del contrabajo, sino dotarlos de algo reconocible y maravilloso. No quepa duda de la constante evolución que mantiene más viva que nunca la herencia dejada por los grandes. Esa misma evolución que nos hace maravillarnos con las sonoridades orientales y, sobretodo, abrazar la emoción de nuestra raíz en esta parte del mundo.


















































