Con sello propio #3: LeRockPsicophonique, o cómo “la escena la hacen las bandas, no los sellos”
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Con sello propio #3: LeRockPsicophonique, o cómo “la escena la hacen las bandas, no los sellos”

jueves 13 de septiembre, 2018

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Escrito por: Álvaro Molina

‘Con sello propio’ es un nuevo ciclo de artículos y entrevistas que Sonidos Ocultos le dedica a los sellos musicales que están haciendo las cosas bien en Chile. Desde la grabación, producción, edición y difusión, nos encargamos también de investigar de qué manera estos colectivos configuran y ayudan a definir una escena musical y cultural chilena. Un mini-estudio que busca explorar las fronteras de lo independiente y la búsqueda de una identidad.

La parapsicología es una rama que se dedica a estudiar lo paranormal y los fenómenos psíquicos. Es un ámbito que, desde el siglo XIX (donde proliferaban las fotos con supuestos fantasmas o “energías”), no ha convencido completamente a los escépticos que la tildan de ser una pseudociencia o, derechamente, un fraude. La vertiente más interesante dentro de la parapsicología es lo que se conoce como psicofonía. Dicen los expertos en fenómenos paranormales que la psicofonía es un “fenómeno de voz electrónica”, un sonido producido por una energía psíquica. ¿Y qué es lo psíquico? Según nuestros antiguos amigos griegos, la psique son todos los fenómenos que conforman la mente humana. Ok, ¿no era esto un artículo sobre un sello musical? Perdón, volvamos a lo importante. Pero tengamos presente algunos de estos conceptos.

Rodrigo Jarque es un tipo alto, delgado y que se ve como alguien simpático y divertido, quizás porque en la cara se le notan rasgos como de monito animado. Pero por el año 2006, él mismo reconoce que con Marcelo Zavala (su compañero de casa en ese entonces) podían pasar horas pegados en sitios web que trataran acerca de fotos de fantasmas, fenómenos paranormales, ovnis y… psicofonías. Ese mismo año, Rodrigo tenía en mente lanzar su primer disco solista titulado ‘Monstruos Bajo la Cama’. “Toqué varias puertas de sellos independientes en Chile y afuera, pero a nadie le interesaba publicar algo así. Me dije ‘a la mierda, me inventaré un sello propio’”. Un sello… fantasma, por decirlo de alguna manera. Pero aun era una idea en la cabeza, ni hablar de qué nombre ponerle a este espectro. Hasta que un día, en una fiesta en casa de una vecina francesa, la dueña del boliche le preguntó “Bueno, ¿qué tipo de música haces?”. Y Rodrigo no encontró nada mejor que responder “¡Rock psicofónico!”. Él mismo aclara que “no sé de dónde saqué esa idea… La cosa es que [ella] me miró divertida, preguntándose qué diablos era eso. Le dije que escuchara el disco quemado que le había llevado de regalo y le pregunté cómo se decía ‘rock psicofónico’ en francés y… voila”.

Ahora bien, ‘Monstruos Bajo la Cama’ según su autor fue un fracaso absoluto. En años donde todos hacían pop, folk o “en el mejor de los casos” garage rock, el primer disco de Rodrigo fue una suerte de confusión para los oyentes. Pero para él “era exactamente lo que yo quería estar haciendo musicalmente en ese momento de mi vida. Un disco denso, hermético y único”. Con el pasar de los años, en LeRockPsicophonique ha surgido una suerte de culto a este disco, el cual se convirtió en la “piedra angular”, pavimentando la carretera que el sello recorre actualmente. Como un coleccionista de figuritas de cómic, Rodrigo admite que aun conserva una copia sellada del disco, la primera que sacó de la caja al recibir el resto de las copias.

 

Por un par de años, LeRock no fue más que un logo. Una máquina fantasmal como decíamos anteriormente. Un lindo recurso estético que amigos de Rodrigo solían poner en sus discos y redes. Pero a estas alturas de la historia, se cruza un personaje a quien el sello le debe mucho de lo que es hoy en día. Rolando Inostroza fue el encargado de introducir a Jarque en bandas como Jovenabuelo y aMbattOm, además de presentarle a otro individuo que, hasta el día de hoy, se desempeña como una pieza clave en este grupo de amigos. Alrededor del 2011 o 2012, el gestor e impulsor Javier Hechenleitner “significó una inyección definitiva al proyecto. Fue con él que finalmente entendimos que el sello debía agrupar a más bandas. Todo fue bien gradual”. Claro, esta actitud parsimoniosa probablemente se debía a que el post-rock (el estilo musical predilecto que trabaja LeRockPsicophonique) era todavía un ser alienígena en Chile. Un eco invisible, pero dueño de una energía que estaba rogando por desatarse en estas tierras. Sin embargo, más allá de las bandas mencionadas por Rodrigo, no había mucho más con lo que trabajar.

Al preguntarle sobre qué le llamó la atención a la hora de formar lazos con bandas, él admite que “siempre me llamó la atención el hambre que tenían por hacer escena, por profesionalizarse y por ayudar. Basta escuchar algunos registros para darse cuenta de que los discos del género que hoy se hacen en Chile están a la altura de cualquier registro internacional”. Y el tiro de gracia llega cuando se declara la ética con la que trabaja el sello: “las bandas que empezamos a agrupar entendieron que, si no profesionalizas todos tus procesos, nadie te notará”. Si este concepto de “profesionalización” le causa un poco de lipiria, estimado lector, tómese unos minutos y salga a tomar aire. Porque ese es uno de los dramas que vivimos hoy en día en Chile, donde hay una suerte de miedo al profesionalismo, de meter la cuchara y dar el salto que, si no se logra en el momento adecuado, probablemente se perdió la oportunidad y listo, sanseacabó; el artista X o la banda Y va a quedar como un lindo recuerdo en el vacío anónimo. Pensemos en algunas “escenas” o “movimientos” que debido a la porfía o temor frente al profesionalismo quedan en nada. ¿Suena alguna campanita por ahí? Por ejemplo, a veces los punks (con todo el cariño y respeto que le tengo a su gente y estilo) prefieren quedarse en el espacio seguro o la zona de confort, viajando cortamente en una vida pseudo-profesional, persiguiendo al fantasma de “ser verdadero” (en función de lo que “verdadero” significa exclusivamente para ellos), lo cual eventualmente puede contagiar a otras “escenas” o estilos, inclinándolos al estancamiento. No me malinterpreten; hay punks que han logrado tremendas cosas, tanto a nivel nacional como internacional y, obviamente, no son los villanos de la película. Pero es un ejemplo que apunta a una ética que, lamentablemente, finaliza en que nadie los nota (salvo ellos mismos, como comunidad). En fin. No nos desviemos tanto.

A fines de los años noventa y principios de la década pasada, la historia de la música alternativa vivió un momento interesante. Los estilos provenientes del underground como el britpop o el grunge habían seducido a la industria musical de masas a lo largo de toda la década noventera, la cual terminó por obnubilar géneros igual de importantes en lo que a evolución musical refiere. El post-rock, dream pop y shoegaze tuvieron que esperar su momento, su “revival”, para volver a encantar al mundo con actos como Sigur Ros o Mogwai. Todo esto es referido por Rodrigo, quien además enfatiza que las circunstancias que afectaron el desarrollo de géneros de este tipo en Chile pueden ser muchas, difíciles de identificar (olvidémonos un segundo del comodín de la dictadura). “Creo que [el vacío en el desarrollo] tiene que ver con los movimientos del mercado, de la industria. Y creo que tiene que ver con que los músicos aun pensamos en la radio […] Jamás sonaremos en la radio chilena de manera consistente, como lo hace una banda de pop. Haz la música que quieras y deja de pensar en la radio y los grandes festivales”. Sin embargo, él mismo admite que la incursión hacia estos géneros siempre existirá, salvo cuando el desarrollo de este tipo de música es afectado por trabas que los mismos músicos se ponen. ¿Le recuerda a algo que hablamos anteriormente?

De hecho, el asunto también radica en que la principal dificultad para llevar a cabo proyectos como el de LeRockPsicophonique tiene que ver con éticas de trabajo. Con la forma en que las bandas quieren desarrollarse. Para Jarque, “los músicos piensan en lo que el sello les va a aportar. Pero yo siempre les digo que no piensen en qué puede hacer el sello por ellos, sino en qué pueden hacer ellos por el sello. Ese es mi primer filtro (risas). En la medida que el sello – que es una mera plataforma, una casa – crezca, las posibilidades de las bandas crecen también”. Y esto atañe a todos los actores involucrados en el proceso, no sólo a las bandas: artistas, diseñadores, redactores, sea cual sea el rol que se cumpla en el proyecto, para Rodrigo la idea radica en que “las dificultades están en las inseguridades y motivaciones, en primer lugar. Luego vienen las dificultades externas: principalmente falta de plata y espacios (sobre todo para las bandas instrumentales con temas largos). Nosotros [el sello] aportamos la logística, los objetivos generales y específicos, los retos, la gestión, una labor que muchas veces es bastante invisible”. Pero el resto, es pega de las bandas y artistas. En cuanto a las ventajas que puede haber en el proceso, Rodrigo no tiene escrúpulos en admitir que la principal es gracias a la música que ellos trabajan. ¿Por qué? “Son pocos los actores que trabajan este tipo de música de manera profesional y con miras a la internacionalización […] Podemos llamar la atención de las personas a una banda con un sonido único que te lleve en un viaje de ida y vuelta”. Y así es como LeRock le dice chao a una eventual vuelta de carnero apuntando hacia el pop.

Finalmente, la reflexión que hace en cuanto al rol que podrían jugar los sellos musicales a la hora de configurar una escena es, absolutamente, interesante y original. Comparto: “Creo que los roles en la historia se asignan después de que las cosas sucedieron, después de dimensionar qué papel se está jugando en el rollo […] Quizás en 20 años más alguien pueda decirme con claridad cuál fue nuestro rol como LeRockPsicophonique en este momento de la música chilena, o cuál debería haber sido. Yo no tengo idea, la verdad. Sólo estoy pensando en cómo chucha levantamos las lucas para las próximas giras y lanzamientos. Cuándo van a tener estos weones el arte listo, que tenemos que subir a plataformas para lograr marketing en tiendas (risas). Quiero pensar que estamos ayudando a un puñado de muy buenas bandas a mostrarse al mundo y a instaurar un modo de colaboración entre pares”.

Actualmente, la guerra que está librando LeRock tiene como paladines a bandas que cuentan con una energía psíquica que los alimenta a explorar por diferentes espacios. Así es como tenemos el post-rock expansivo y detallista de La Ciencia Simple, math-rock ecléctico y alucinante por parte de tortuganónima (quienes incluso llegaron a tocar en Japón recientemente), los artísticos matices de Baikonur y Sistemas Inestables, oscuridad rabiosa y nihilista de la mano de Osorezan, los misterios de la melancolía en la mente de José Tomás Molina y las atmósferas creadas por Inverness (el proyecto personal de Rodrigo). Pero hay una larga lista de otros talentos en el catálogo que, honestamente, están dando muchísimo que hablar en el circuito nacional y, paulatinamente, en el internacional. Y esto puede ser evidencia de que el ethos del sello está dando frutos, al parecer funciona. No sólo se han instalado como una plaza fuerte del género a través de grandes lanzamientos de bandas, sino que también han contribuido a los soundtracks de las exitosas películas de Matías Bize ‘La Vida de los Peces’ y ‘La Memoria del Agua’. Por lo tanto, no es sorpresa que las ambiciones de LeRock sean pensar en grande; que bandas chilenas como las mencionadas anteriormente compartan escenarios con titanes del estilo, de la talla de Tortoise, Mogwai, Slowdive o The Brandt Brauer Frick Ensemble. En resumen, Rodrigo lo pone de la siguiente manera: “hemos logrado bastante, pero tenemos sueños ambiciosos aun por delante”. Y así es como podemos llegar a la conclusión, en el caso particular de LeRockPsicophonique, de que “la escena la hacen las bandas, no los sellos. Que no se nos corra el champú”. Que así sea.

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Álvaro Molina
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