Gabriel Parra: El motor cósmico de Los Jaivas
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Gabriel Parra: El motor cósmico de Los Jaivas

Gabriel Parra: El motor cósmico de Los Jaivas

lunes 22 de noviembre, 2021

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Escrito por: Francisco Quevedo

Después de revisar innumerables artículos de prensa, reseñas y videos de Gabriel Parra, hay tres conceptos que se repitieron constantemente por parte de las personas que más lo conocieron: universo, libre y energía. Y si tanto se repiten es por algo, no un cliché, si no que una constatación. Una constatación de un personaje transparente y creador, lleno de vitalidad.

Así definen a Gabriel Parra, el más grande baterista de la historia musical chilena. A pesar de que vivió apenas 40 años, su legado es tan inmenso que sigue vivo musicalmente en su hija Juanita y en Los Jaivas, banda que él, junto a sus hermanos Eduardo y Claudio, más Eduardo “Gato” Alquinta y Mario Mutis, formaron el lejano año 1963.

Gabriel Parra Pizarro nació en Viña del Mar el 25 de julio de 1947. Es menor que sus hermanos Eduardo y Claudio. Desde muy pequeño, su energía desbordó todos los espacios en los que estuvo. Desde la sala de clases, en la que golpeteaba los pupitres de la época, hasta en su casa en la calle Montaña (vaya alusión a la altura que alcanzó), lugar en que armó sus primeras baterías con ollas. La batería, eso sí, no fue su primer acercamiento con la música formalmente: fue la trompeta. Este impulso duró poco porque, según relata su hermano Claudio en un video homenaje, la trompeta no dio abasto a su vitalidad, necesitaba algo más grande, más fuerte para descargar esa energía. Y ese canal fue la batería.

Con talento natural para las baquetas, el joven Gabriel Parra no demoró en hacerse notar. Su influencia rápidamente trascendió a lo musical siendo más que el soporte sonoro del grupo; era además un relacionador público por excelencia y un adelantado: fue el primero que viajó de Viña del Mar a Santiago, ciudad donde las hizo de taxista. Adelantado también porque promovió la inscripción de la marca Los Jaivas y de las composiciones para preservar los derechos de autor de la agrupación. Un adelantado.

Parra no terminó el colegio, era demasiado encierro para su alma libre. Los High Bass (nombre utilizado por la agrupación en sus orígenes), de etiqueta y haciendo gala de composiciones de La Nueva Ola y ritmos variados como el bolero, chachachá y rumbas, pronto se hicieron un nombre en la zona y cada presentación era una fiesta bailable. Mención aparte merece su escasa formación musical en sus inicios. Sólo era movido por esa fuerte pasión indomesticable que tanto lo caracterizó, según resaltan diversas personas que lo conocieron. Sin embargo, su técnica fue destacada tanto en Chile como en el extranjero. Incluso, fue felicitado por Ginger Baker, mítico baterista de Cream.

Así, Gabriel Parra fue convirtiéndose en el engranaje central de Los Jaivas. En el centro de atención cuando se presentaban en vivo, en la máquina se sostenía todo el universo musical de la banda. Según reseñas se la época, Parra era mucho más que un mero baterista: tocaba diversos instrumentos, aportaba desde diferentes lugares del escenario, tenía un histrionismo y carisma a toda prueba, además de ser tremendamente responsable y profesional en su trabajo.

Su batería era un armatoste enorme: una Ludwig, modelo Octa-Plus de 12 toms. El modelo original “sólo” tenía 9. Esa estructura le permitió expandir sus posibilidades sonoras hasta límites inimaginables. Esa batería se puede apreciar en el registro audiovisual de “Alturas de Machu Picchu”, grabado por la agrupación en las mismas ruinas de Machu Picchu en el año 1981. Después, la icónica batería “descansó” años en Francia hasta que fue repatriada a estas latitudes.

Mientras crecía la popularidad del grupo, también lo hacía la de  Gabriel Parra. En las sesiones de estudio participaba en las composiciones de las canciones, interpretaba otros instrumentos como el charango y, para remate, cantaba. Ser multifacético y carismático le trajeron indudables beneficios.

En el plano personal, en 1970 nació su hija Juanita Parra, heredera de las baquetas del grupo hasta hoy. Parra mantuvo una relación con Eugenia Correa, compañera que lo acompañó en los periplos por Chile, Argentina y Francia y quien estuvo con él hasta su muerte en 1988.

Según notas y relatos de la época, cuando Los Jaivas estuvieron en Francia después del golpe militar, Parra aceptó un trabajo como chofer de una empresa de transportes de equipos de la gira de una artista francesa. Según su hermano Claudio, siempre fue bueno para manejar, llegando incluso a comprarse un camión en Holanda para hacer el traslado de los equipos, camión que él mismo manejaba, cargaba y descargaba. Siempre “con una energía inagotable”, explica Claudio en un video homenaje presentado a propósito del aniversario de su muerte. Su personalidad lo llevó a pasar del puesto de chofer a ser el encargado de las presentaciones de la artista francesa, según consigan el libro “Los caminos que se abren”, biografía escrita por Freddy Stock con colaboración de Los Jaivas.

La travesía patiperra terminaba y llegaba el momento de reinstalarse en Chile, para realizar una gira nacional a comienzos de 1988. Parra era el más entusiasmado con volver a tocar en escenarios locales. Así lo dejaba en claro en una entrevista a Canal 13, a la postre su última entrevista: “Siempre volver es un nuevo desafío, enfrentarse a “la casa”(…), la exigencia chilena, por decirlo de alguna manera, es distinta…por otro lado, nos toca un punto más sensible, al ser nuestro público; eso nos hace tomar todo más seriamente, con responsabilidad”, explicaba.

El último concierto de Gabriel Parra con Los Jaivas fue el 8 de abril de 1988 en el Teatro Teletón. Su espíritu emprendedor lo tenía enfocado en la idea de que el grupo realizara una presentación única en Nazca, Perú. La cultura incaica, lo chamánico, lo espiritual despertaban mucho interés en Parra. En algunos registros de prensa, su hija Juanita explicó que siempre andaba con esa aura chamánica.

Y fue precisamente en aquella localidad en donde la muerte le daría caza. En la fatídica “curva del Diablo” en la carretera Panamericana, perdió el control del auto y se estrelló. La devastadora noticia, pese a cómo eran las comunicaciones en la época, llegó con rapidez a suelo chileno. Sus hermanos Claudio y Eduardo, en Valparaíso y Santiago respectivamente, se enteraban por medio de la televisión y la radio.

Su despedida fue multitudinaria, de las más recordadas de la escena nacional y para que decir de la región de Valparaíso. Miles de personas acompañaron el cortejo fúnebre hasta el cementerio Santa Inés, demostrando así el arraigo y cariño que las personas sentían no sólo por el baterista sino que por la agrupación. La sorpresiva muerte de “Gato” Alquinta, casi 15 años después (15 de enero de 2003), también dejó claro el sentimiento popular que existió, existe y existirá por Los Jaivas.

La temprana muerte de Gabriel Parra se podría calificar de muchas maneras: injusta, anticipada, dolorosa, etc. Lo más relevante es que truncó la vida y carrera de este motor cósmico que tenían Los Jaivas y Chile. Pero su historia se mantiene viva en cada nota, en cada rincón en que resuena alguna melodía de Los Jaivas hasta hoy. Y así será por siempre.

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